LA MUERTE EN VENECIA

11 Ene

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“LA MUERTE EN VENECIA”

Thomas Mann     Seix Barral

Lo primero que me sorprendió al encontrarme de nuevo con esta obra fue el artículo “La”. Yo había retenido en mi memoria, quizás porque así se nombra la película de Visconti, el título sin él, pero es que no es lo mismo. No da igual que alguien se muera en la ciudad de Venecia ocasionalmente, fortuitamente pero en cualquier caso ordinariamente… a que “La muerte” en persona se pasee por sus calles. Porque no hay que olvidar el escenario elegido: una ciudad que se hunde donde vive una sociedad que también se hundirá en la primera guerra mundial,  la Gran Guerra.

Ese ha sido el nuevo sentido que me ha descubierto la relectura de la novela. El maravilloso juego de símbolos con que Thomas Mann te va llevando desde que Aschenbach decide hacer ese viaje movido por “un deseo tan violento como un verdadero ataque” (Visconti lo hace por motivos de salud, quizás así se justifica mejor su muerte);  hasta enfrentarlo a la figura final del psicagogo que le mira y le sonríe desde la orilla de un luminoso mar azul (en la película levanta su brazo y señala un lugar en el horizonte). Primero nos presenta un fantasma cerca de su casa que le provoca el impulso de viajar; luego al viejo histriónico y desdentado en el vaporetto, anticipación de en lo que el mismo Aschenbach se convertirá; seguido del extraño gondolero que, como Caronte pero sin cobrar, le atraviesa la laguna y le permite cruzar al otro lado, al lado donde le espera definitivamente Tadrio.

Unido a este viaje sin retorno, se produce también el cambio en el personaje desde el artista controlador, encorsetado, e íntimamente fracasado a pesar de sus prestigiosas publicaciones (“Él nunca dejaba colgar indolentemente la mano abierta”), al temeroso individuo cansado de luchar que se reconoce, y deja salir, unas pasiones hasta entonces amarradas y enterradas por demoníacas y perversas. Aschenbasch descubre al final de su vida la belleza sin torturas, la dicha sin remordimientos, y es capaz de volver a escribir con una ligereza de pensamiento como hacía tiempo que no había experimentado.

Pero ya es tarde, lo dionisíaco  en el cuerpo de un Apolo, le ha vencido, y debe pagar su precio.

tadrio en el mar

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2 comentarios to “LA MUERTE EN VENECIA”

  1. María 22 enero, 2013 a 11:07 #

    Aceptarlo todo para poder dejar que nuestra “pluma” se mueva con más ligereza… sí, sería una bonita catarsis.

    • universointroito 25 enero, 2013 a 21:34 #

      Que bien, ¿verdad? Ligereza en la “pluma”, cuando eso pasa nos sentimos muy bien.

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