Saltó el levante

11 Jul

El aparcamiento del hospital es una enorme explanada de asfalto solitaria que reverbera al sol. Al salir del coche, una racha de Levante casi le arranca las gafas. Juan siente que el aire, caliente y espeso, le entra en los pulmones pero no pueden respirar, ni su mente pensar. Le gustaría dejarse llevar, y que este viento redondo lo levante del suelo, y lo mezcle con los papeles, bolsas y hojas secas para ser un remolino en el centro de una plaza; o convertirse en el martilleo continuo de las ramas de los árboles, doblados hasta lo imposible; o en el silbido agudo que produce al colarse por las rendijas de las ventanas. Quizás así sería como si nunca hubiera nacido.American-Beauty-1999-

  • Es solo una cuestión de catálogo: me gustan tus genes —y ella rió orgullosa de su ocurrencia.
  • ¡Genial! —celebró él— Puedo decir que mis genes están de moda.

Una luz brillante se refleja en la superficie de los edificios cegando los ojos de los pocos transeúntes que se han atrevido a salir. Las puertas de cristal del hospital parecen una advertencia luminosa que le aconsejan no traspasar, pero fuera está el viento, y no hay lugar donde esconderse, ni refugio posible. Finalmente se abren y aparece un espacio fresco, silencioso y sin polvo. Coge el ascensor, camina por los pasillos…, todavía no ha sido capaz de pronunciar la palabra hijo en voz alta, piensa.

María con ojos soñolientos y cara cansada, dormita tumbada en el sillón mientras un amasijo de ropas celestes coronado por una mata de pelo oscuro, mama sonoramente. Ella entreabre los ojos.

  • Enhorabuena, orgulloso padre de la criatura.
  • Enhorabuena a ti, estas guapísima.
  • Bueno, ¿no vas a verlo?

Él se acerca: rosado, moreno, nariz chata, ojos oscuros y brillantes… 

  • ¿A quién se parece? —se atreve a preguntar.
  • Ni idea. Venga, llévame a casa: tengo una vida que empezar —María liberada y segura de sí misma.
  • No puedo quedarme contigo, tengo una cita
  • Claro, lo entiendo. ¿Se lo has dicho a él?
  • No, porque… no es mi pareja.
  • ¡Siempre fuiste un putón! Con lo guapo que eres…Te lo tengo dicho: búscate un hombre que sea bueno y trabajador —ella ríe.

Mientras María camina hacia el portal de su casa, una ráfaga silbante la envuelve en polvo y arena. El Levante sigue soplando, pero Juan ya se ha congraciado con el viento. Es una fuerza de la Naturaleza, todopoderosa y omnipresente, una fuerza como la que les impulsó a ellos a concebir un niño, como la que ahora lo lanza a su cita.

 

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2 comentarios to “Saltó el levante”

  1. Anónimo 12 julio, 2013 a 7:50 #

    con Levante ó con Poniente, bonita historia, real como la vida misma… Gracias, Reyes mC

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