Lágrimas por el cielo

15 Ago

Como no podía ser de  otra manera, la entrada de la semana trata sobre las Perséidas. Las estrellas fugaces son esas bolas incandescentes (escombros y polvo de un cometa) que llegan del espacio exterior y se vaporizan en nuestra atmósfera dibujando un brochazo luminoso en el cielo nocturno, y dejándonos admirados y felices durante un segundo. Las de Agosto tiene un centro de origen, un punto del que parecen surgir todas: la constelación de Perseo, y como suelen aparecer en su máxima intensidad entre los días 11 y 12, se les conoce también como Las lágrimas de San Lorenzo.

Ahora la ciencia es capaz de explicar lo que son y como se originan, ¿pero qué pensarían los hombres primitivos de esos destellos que amenazaban con caer sobre sus cabezas? Durante el día, la luz del sol lo tapa todo, permite crear la sensación de que somos capaces de controlar el mundo; pero es solo una ilusión, como un teatro efímero, porque cuando llega la noche la visión de la bóveda estrellada nos produce indefensión. Constatamos nuestra auténtica naturaleza: una migaja de nada, una minúscula partícula en el interior de una inmensidad que nuestro cerebro es incapaz de asimilar.  Puede que el miedo atávico de nuestra especie a la noche venga, además de a los depredadores que acechaban en la oscuridad, a la toma de conciencia del lugar que se ocupa en el universo. Es uno de los momentos en el que afloran las grandes preguntas: qué soy y de donde vengo.

perseidasLa cantidad de Perseidas que se podrá ver en un lugar oscuro, según los cálculos científicos, es de centenares por hora, pero aunque dispongamos de todos los instrumentos necesarios para observar muy bien las lágrimas de San Lorenzo, lo que no tenemos es cielo donde mirar. La contaminación lumínica ha hecho que las estrellas desaparezcan, y que ese negro infinito y rotundo donde “titilan azules los astros a lo lejos”, se haya convertido en un gris difuso, como si los colores de un cuadro hubieran sido desvaídos con disolventes.

Hemos extendido nuestra presencia por toda la superficie terrestre, hemos colonizado con luces  hasta los lugares más salvajes del planeta, hemos derrotado la noche, y también ese miedo al vacío existencial, pero hemos perdido un tesoro que hasta hace muy poco podía disfrutarse en casi cualquier lugar: el de un cielo repleto, cuajado de estrellas. Deberíamos acompañar a las de San Lorenzo con nuestras propias lágrimas por esa pérdida.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: