INVENTARIO

29 Ago

Ahora que toca cerrar el kiosco veraniego conviene hacer balance:

Varias semanas de levante en todas sus manifestaciones, desde el levante en calma, aplastante y pegajoso, hasta el furioso cuyo ruido se mete en los oídos y te persigue por el rincón más oscuro de tu casa; decenas de baños al mediodía y al atardecer, uno bajo la luna, cientos de brazadas y saltos de olas; dos noches de estrellas fugaces sobre la constelación de Perseo; numerosas caminatas a la bajamar en solitario, varias en compañía; cientos de puestas de sol porque, como El Principito, donde nos moviéramos las veíamos una y otra vez; varios paseos en bici por los esteros, acompañando a las garcillas que marisquean sobre los cienos y a los charranees que se  tiran en vuelos picados desde la altura; o por los carriles de tierra donde todavía hay huertos, con rojísimos tomates y olorosos melones, en los que después de llenarte el canasto de la bici y hacer muchas cuentas con una calculadora del paleolítico de las calculadoras, el dueño te dice que todo son tres euros y veinticinco céntimos; mercado de Chiclanaocasionales compras en el supermercado de playa a precios estratosféricos, numerosas en el hiper colapsado por carros, muy frecuentes con desayuno y receta de la pescadera incluidos en la  plaza de Chiclana; decenas de gazpachos y salmorejos fresquitos junto a caballas, boquerones y sardinas asadas, en esa sabia combinación tan sabrosa como saludable; varias paellas de mariscos con sus correspondientes maestros paelleros, siempre varones,  para los que su perfecta elaboración es el acto más transcendental en aras de mantener la autoestima; alguna merienda de alfajores de Medina o de sultanas de coco y huevo; podar, trasplantar, replantar, regar; ¡millones de agujas de pino! que, como la piedra de Sísifo, estás obligado a recoger una y otra vez, todos los días; tres o cuatro visitas a los viveros, ese sitio silencioso donde el tiempo se ha detenido un poco, los encargados te atienden tranquilos, con las manos húmedas y las botas llenas de tierra, y te nombran las plantas usando una mezcla imposible de latín y andaluz; una excursión obligada a Bolonia, con levante invitado por supuesto, para disfrutar de sus aguas limpísimas , de su duna interminable, y almorzar la playera tortilla de patatas con filetes empanados; un viaje a El Puerto, otro a Sánlucar, Conil, Cádiz, nunca más lejos de los cincuenta kilómetros; familia, amigos de siempre, amigos de verano, amigos de amigos…, todos iguales, todos más viejos, disfrutándonos, poniendo al día nuestras historias vitales sin prisas, hasta altas horas de las madrugadas; tres novelas y un manual de literatura leídos, ocho entradas en el blog, quince capítulos de la nueva novela escritos…

¡Hasta el año que viene!

Inventario

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