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13 Dic

barco en mylor

HIDRA VERDE. Relatos farmacéuticos

TROPO EDITORES

La casa surgió tras la colina envuelta en la luz grisácea del atardecer. Casi una sombra más del paisaje, tejado negro y visillos de encaje blanco por los que parecía que se colaba el viento, como si alguien hubiera dejado una ventana abierta. Aparcamos frente a un jardín primorosamente florido: margaritas amarillas, caléndulas azules, begonias lilas… Entorné los ojos. Esas flores color pastel, con sus húmedos tallos verdes, actuaron como un bálsamo curativo con el que aliviar el recuerdo de los campos y jardines resecos, de los edificios ocres cubiertos de polvo que había dejado atrás. El césped se deslizaba pendiente abajo hasta la ría, donde un balandro golpeteaba contra las maderas del embarcadero acompasando el vaivén de las olas. El fuerte olor a marea, a algas y a cieno de marisma me evocó mi casa gaditana. ¿Habrían llegado ellos también?

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