Raíces y puntas

18 Nov

Alejandro Luque

Triskel Ediciones

A pesar de su juventud —cuarenta y pocos es nada—, Alejandro Luque tiene una amplia experiencia como periodista cultural, como escritor, y en menor medida como músico; la misma que ha ido plasmando en su blog “Raíces y puntas” desde 2007, del que ahora la editorial Triskel ha publicado esta selección que nos ocupa.

Por tal origen, esta obra tiene difícil clasificación: podría ser un libro de viajes; un compendio de crítica literaria y cinematográfica; un conjunto de opiniones sobre la situación política y social de nuestro país; una reflexión sobre de pequeños sucesos de su vida… Es decir, lo que escribimos todos los que mantenemos un blog. Entonces, ¿qué es lo que hace esta obra diferente y, en nuestra opinión, digna de ser leída?

La cantidad de personajes de todas las artes —algunos totalmente desconocidos para mí, debo reconocer— que aparecen como resultado de sus entrevistas o análisis, es abrumadora; pero el autor no realiza una escueta anotación informativa, sino que se implica en la vida pasada y futura del artista, se duele de sus errores, se alegra con sus éxitos.. y sobre todo ejerce una crítica basada en el compromiso ético, en la denuncia de los que conciben la literatura como un manejo interesado de la lengua para conseguir lectores —en un momento dado parafrasea a Serrat: “Entre esos tipos y yo hay algo personal”—. Mención especial se merece la entrada del pregón a la clausura del III Festival de Perfopoesía de Sevilla, dedicada a los malos poetas —categoría en la que él mismo se incluye—, donde  al hilo de un humor que permanece en todo el texto, realiza una disección hilarante de los personajes que revolotean alrededor de esa categoría literaria. No dudo en que habrá autores por los que Alejandro Luque tendrá preferencias —muy interesante como nos cuenta su evolución en gustos y conocimientos literarios—, de otros él mismo reconoce abiertamente su debilidad: Borges y Carlos Edmundo de Ory, sus guías espirituales desde la juventud  —“La deuda que uno contrae con quienes lo han hecho soñar nunca caduca”—, pero es de agradecer ese intento de visión honesta sobre el panorama literario.

La critica social y económica no deja de estar presente, la crisis en todas sus formas y más aún en el oficio de periodista o de escritor, pero es interesante como el autor defiende la necesidad de sacudirnos de una vez la losa de la España negra, de ese destino trágico al que parecemos abocados por ser un país cutre, cateto y pobre… Es tener definitivamente una mirada joven, libre de prejuicios que parecen aplastarnos desde la creación del imperio. Bordeando la crítica, o el comentario ilustrativo, aparecen también otros que podemos definir como cotilleos sobre autores literarios y demás personajes de la farándula (no necesariamente artística), que nos demuestran como indudablemente el autor se divierte en su trabajo, que aunque mal pagado e incierto, le compensa con otras prebendas, a veces materiales —cuando come y bebe a cuenta de la institución de turno— y otras espirituales, por lo que “a cualquier cosa le llaman trabajar” se congratula y expone en las redes a menudo.

Con “Raíces y puntas” viajamos a Sicilia, muy importancia en la vida del autor; Cuba, de la que teme no ser capaz de expresar todo lo que la isla significa; Nueva York: “Visitar NY es revivir los importantes mitos de la literatura y el cine”; Grecia e, incluso sin coger un avión, solo a través de la literatura, a Japón. En todos estos lugares paseamos por ciudades a las que ya conocemos antes de ir, ciudades icono, reprocesadas en nuestra imaginación: “Inevitable la sensación de que pasear por NY no puede ser un descubrimiento sino un reconocimiento”. Pero me atrevo a afirmar que todos estos viajes Alejandro Luque los realiza sin salir de Cádiz, y por tanto de su infancia y adolescencia, porque la comparación con dicha ciudad es continua: “En Cádiz como en Venecia no hace frío sino humedad”, “…el ficus (del Orto Botánico de Palermo) bien podría competir con el de la Caleta gaditana”, “Siracusa, esa otra Cádiz”, recuerdos como restos de un naufragio que le devuelve la marea: “Yo tuve una isla”, precioso comienzo de su  entrada sobre una playa de Ceuta. Realidad que nos acoge en la sabia frase de Antonio Machado sobre la verdadera patria del hombre,  o citando a una de las entrevistadas por la que el autor demuestra más aprecio, Ana Mª Matute: “El hombre es en todo caso lo que queda del niño. Todos caminamos con nuestra infancia a cuestas”. Esta gaditanía, de la que presume abiertamente de forma casi militante, impregna todas las entradas, no solo por la referencias geográficas, sino por la utilización de su particular léxico: cortapichas, sangangui, biruji…;  o por la filosofía de vida, que absorbida desde su más tiernos años se desprende, pero sobre todo por la guasa, la que le permite sobrevolar por todas sus críticas sin demasiado escozor:  “Hay que ver lo que se parece un concierto de Ken Follet a una novela de Ken Follet” “Los malos poetas somos como aquel personaje de Borges: no tenemos nada que decir y además lo decimos”.

Asistimos también, como no podía ser de otra forma, a sus pequeñas vicisitudes y victorias personales, como la importancia de dejar de fumar, que se convierte en casi una ruptura sentimental, sus cavilaciones sobre tabaco versus inspiración porque: “¿No tienen los fumadores cierto aire de familia con los tragafuegos del circo?”; o asumir la irremediable llegada de la calvicie (medida el tiempo, motivo de intimidad con personajes ilustres…) con dignidad.

Hemos dicho lo que podría ser, ahora lo que no es: no es una novela, ni un compendio de relatos, ni un poemario…, pero cada entrada participa de alguno de estos géneros como todo buen blog. Debemos admitir que a veces es difícil mantener la atención del lector, ya que este modelo de estructura puede resultar repetida, pero en cualquier caso es un libro muy recomendable. Como dijo Cervantes: “Quien mucho lee y mucho viaja, mucho vive y mucho sabe”. Es este el caso.

  Alejandro Luque (Cádiz 1974) desde 2005 es redactor cultural del El Correo de Andalucía y colabora asiduamente en diversos medios de presa escrita, radiofónica y televisiva. Su carrera periodística se inició en 1994 en el Diario de Cádiz y Cádiz Información, para luego pasar a El País donde colaboró cinco años. Durante diez años codirigió la revista de literatura y pensamiento Caleta, y actualmente impulsa la revista digital de cultura M´Sur.

                Ha publicado la antología de poetas gaditanos “La Plata fundida” (Quorum 1997); el poemario “Armas gemelas” (2003); el ensayo biográfico “Palabras mayores” (2004), donde analiza la amistad entre Borges y Fernando Quiñones; la novela corta “Calle de la soledad antigua”(Tristana 2006) ; y el libro de relatos “La defensa siciliana” (Algaida 2006) ganadora del IV Premio Alfonso de Cossío de Relatos Cortos; y “Viaje a la Sicilia con un guía ciego” (Almuzara 2007), una sugerencia para seguir las huellas de Borges en Sicilia.

                Como músico acompaña habitualmente al cantaor Juan Luis Pineda, con quién ha grabado el disco Olla de grillos

 

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