Tengo miedo de escribir

5 Oct

Tengo miedo de escribir. Es tan peligroso. Quién lo ha intentado lo sabe. Peligro de hurgar en lo que está oculto, pues el mundo no está en la superficie, está oculto en sus raíces sumergidas en las profundidades del mar. Para escribir tengo que instalarme en el vacío. Es en este vacío donde existo intuitivamente. Pero es un vacío terriblemente peligroso, de él extraigo sangre. Soy un escritor que tiene miedo de la celada de las palabras: las palabras que digo esconden otras ¿Cuáles? Tal vez las diga. Escribir es una piedra lanzada a lo hondo del pozo (…) Escribir es la manera de quién usa la palabra como un cebo, la palabra que pesca lo que no es palabra. Cuando esa no-palabra —la entrelínea— muerde el cebo, algo se ha escrito. Cuando se ha pescado la entrelínea, se puede con alivio tirar la palabra.

Clarice Lispector

 

El trabajo de escribir puede parecer muy seguro. Normalmente se realiza en una casa o cualquier otro territorio conocido, en silencio y rodeado por objetos que —a menos que te lo metas por un ojo o te electrocutes— no son hirientes: lápiz, papel, ordenador …, por lo que puede parecer una actividad sosegada, incluso aburrida. Nada más lejos de la realidad. El escritor/ a suele ser una persona curiosa, a la que le gusta levantar los velos, las tapaderas, hurgar y sacar lo que se acumula en los agujeros de nuestra alma, huela bien o no, lastime o deleite, sangre o cicatrice. La mayoría de las veces ni siquiera sabe lo que se va a encontrar, pero insiste, porque otra característica de los escritores es que suelen tener un natural obsesivo, una necesidad insaciable de remover temas que ya parecerían agotados: el amor y la muerte, el bien y el mal, la voluntad o el destino…, para sacarles más punta, para darles otra vuelta de tuerca. Como nos dice Clarice Lispector, son unos aventureros que se internan por sendas sin abrir y mares sin cartografiar, instalados en el vacío de la intuición, esperando ese fogonazo de sabiduría que ilumina de vez en cuando la conciencia.

Y por si fuera poco, el material de trabajo son las palabras, las tramposas que te llevan al lugar equivocado, las traidoras que tienen significados dobles, las deslumbrantes que suenan en el aire como cometas a los que agarrarse para cruzar el cielo, las refrescantes como el agua limpia, las palabras. Jose Angel Valente dijo que la poesía — y yo me atrevo a ampliar que toda la Literatura—, es “un conocimiento haciéndose”, aquel que se produce durante el mismo proceso creador.

Pues de escribir y leer, esas actividades de alto riesgo, de la Literatura y todo el mundo que la rodea trata nuestro programa La Inopia. Os invitamos a la aventura.

Reyes García-Doncel Hernández

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