NUDOS INTERIORES

9 Jun

Los días que siguieron están enhebrados en mi recuerdo por la perentoria necesidad de continuar aquella historia, aunque presumía que la aguja para coserla no iba a manejarla yo. Pero mis nudos interiores me impedían desentenderme de una rumia de decisiones que brotaban a mi pesar y se deshojaban continuamente apenas formuladas. Me ha pasado muchas veces, en época de nudos, no ser capaz de reconocer luego que se han deshecho sin intervenir yo. No funciona la experiencia de una vez para otra, al contrario, se vuelve avestruz. Recuerdo haber dicho al cabo de los días, consciente de que las aguas han vuelto a su cauce: “¡Con lo fácil que era!”, y haber renegado de la pasada obcecación, pero cuando ésta se reproduce tejiendo sus ramificaciones alrededor de un nuevo asunto, sigo pensando que darle vueltas sirve para algo.

Carmen Martín Gaite

Carmen Martín Gaite nos regala en este texto una metáfora preciosa: los pensamientos ofuscados son nudos interiores, tan oscuros y densos que no podemos deshacerlos por mucho que nos empeñemos. Para la misma idea hay abundantes ejemplos en Literatura como aguas turbias que no dejan ver el fondo, un laberinto del que es imposible escapar… Pero la utilización del nudo me recuerda al Comisario Adamsberg, detective de novela negra creado por la escritora Fred Vargas, que se refiere al conjunto de objetos, personas, señales y rastros con los que trabaja cuando intenta resolver un caso, como una bola de algas, y lo visualiza en forma de ovillo tentacular cerrado y espinoso.

Aunque parece que el personaje femenino de la novela “Lo raro es vivir” que hoy nos habla, duda de su capacidad para controlar su vida: “presumía que la aguja para coserla no iba a manejarla yo”, nos dice, y prefiere dejar que las cosas se aclaren solas, por un procedimiento sorprendente, hasta que un día es “consciente de que las aguas han vuelto a su cauce” , otra metáfora.

Todos tenemos “épocas de nudos”, que a veces anidan en la mente y otras en el pecho… ¡Qué fácil sería si pudiéramos sacarlos fuera y tirar de cada hebra hasta dejar la madeja suelta y ordenada! Pero las épocas de clarividencia duran menos que las de nudos, y salvo que seas el Comisario Adamsberg obligado a pelear con la pelota de algas para descubrir al asesino cuanto antes, la mayoría solemos utilizar esa técnica del avestruz que consiste en esperar a que algo, o alguien del exterior, produzca la magia de soltarlos.

Reyes García-Doncel

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: