CURVA

14 Sep

AURORA DELGADO

ED. SLOPER

La curva aparece cerca de una gasolinera, en una carretera indefinida, similar a otras muchas, cruzada por una de las innumerables rotondas que te indica la dirección a una franquicia de hamburguesas, dentro de una de las urbanizaciones que han proliferado en el Aljarafe sevillano, territorio que la autora define como: “Un cruce de caminos que Sevilla se habría comido y contado veinte si el Guadalquivir no hubiera estado en medio del tablero urbanístico”. Pero esta curva también simboliza el cambio de dirección en la vida de Antonio, un hombre que admite no tener una causa por la que luchar, que no toma decisiones, hasta que un encuentro inesperado le alterará su complaciente auto engaño. Aurora Delgado ha escogido este escenario en parte porque es el territorio de su adolescencia –como hizo en su primera novela El corazón de Livingstone–, pero también porque es un espacio sin personalidad propia, donde es fácil perderse tanto física como psicológicamente. Y aquí debo confesaros que a mí sus innumerables carreteras me resultan tan peligrosas como los caminos de un selva, con altas probabilidades de perderme cada vez que me interno en ellas, por lo que me parece el enclave perfecto para localizar una confusión emocional.

La acción principal de la novela –que fue finalista del Premio Nadal 2017– trascurre en la línea temporal de una mañana hasta la siguiente, el día corriente de un padre de familia, con numerosas digresiones y flash back al pasado en las que la narradora, focalizada en el personaje de Antonio, nos muestra el mundo a través de sus ojos, su aburrimiento existencial, su vida abandonada en manos de los demás, y también su insatisfacción y sus reproches porque, desde esa atalaya moral por no haberse equivocado, se considera superior al resto. Pero lo que comienza como un thriller psicológico, termina en la más genuina novela negra –con trasiego de cadáveres incluido– , ya que: ¿hasta donde puede una persona tolerar que se la domestique?, ¿en qué se convierte cuando por fin decide tomar las riendas?

Paralelamente asistimos a los sueños truncados que se propician en este tipo de urbanizaciones creadas de la nada: “Un mundo para estrenar, en el que la felicidad se insinuaba modesta como el olor del pan recién hecho.” El suegro y sobre todo su mujer, Conchi, personifican el orden cívico, la limpieza moral que este sistema social pretende, son ciudadanos perfectamente endeudados y enclaustrados en el miedo burgués a perder las comodidades conseguidas: “En su voz el sahumerio de los altares, la hostia recién comulgada que se pega a la boca y despierta el miedo a masticar el cuerpo de Cristo”. Unos personajes que cumplen con los colegios –reino de los psicólogos– dentistas, dietas alimentarias y demás estándares de nivel de vida que se les supone, en una sucesión de días domesticados, “de nuevo es hoy”, que le permiten a Antonio auto engañarse: “Se habría puesto música y abierto una cerveza para llamar sabiduría a sus renuncias, tranquilidad a su apatía, felicidad al conjunto resultante.” Hasta que en la curva se encuentra a Raimundo.

Porque Raimundo, antiguo constructor, sí tiene una causa: denunciar las circunstancias del accidente que le ocurrió a su esposa. Lleva seis años en la curva viviendo en una caravana como reivindicación porque no cree la versión oficial de los hechos. La fatalidad, ese instante en que todo cambia, en la que no hay recomposición posible de la vida anterior, existe, pero Raimundo se ha quedado a vivir allí. Él, que era un hombre fuerte, rico, influyente, no puede aceptar la realidad, se rebela, y repite el accidente una y otra vez. A Antonio lo deslumbra, aunque por su natural escepticismo “él nunca ha tenido una causa y, sin poder evitar, sospecha de los que como Raimundo enarbolan una.”

Contada en tiempo presente, Aurora Delgado construye personajes tan reales que se nos meten bajo la piel, con un estilo plagado de metáforas: “Su perfume, una cometa que se evapora lentamente atada al calor de su cuello” , de sabias y potentes imágenes: “Quien huele a miedo está desnudo sobre la nieve”, donde a menudo la figura del depredador no siempre es quién parece ser, un relato en el que no falta humor: “La voz de Conchi no sale de su garganta, sino de más abajo, probablemente de su bolso”. La autora deja entrever lo que hay, o puede haber, detrás de una primera fachada, con ritmo inquietante y desplegando gran eficacia narrativa.

Novela muy recomendable, ¡pero cuidado lectores!, una curva en nuestra vida puede estar esperando, “un puente entre dos líneas rectas, un espacio en el que el presente se alarga queriendo tocar el infinito.” ¿Estamos preparados para tomarla?

Aurora Delgado es Licenciada en Arte Dramático por la Escuela Superior de Artes Escénicas de Sevilla, 1988 y Máster de Escritura Creativa por la Facultad de Comunicación de Sevilla, 2012. En 2013 recibió el Premio Ciudad Alcalá de Henares de Narrativa por su novela El corazón de Livingstone, publicada en 2014. Es coordinadora del Club de Lectura del Sofá cama de la librería sevillana La fuga y es miembro fundador de la Asociación Casa de Palabras Andalucía, un proyecto de dotación de pequeñas bibliotecas y animación para personas refugiadas o en situación de vulnerabilidad social. La novela “Curva” fue finalista del Premio Nadal de Novela 2017.

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