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Despedida

30 May

Queridos alumnos, queridos compañeros, estimados padres, señoras y señores.

Hoy estamos reunidos para celebrar el final de curso de segundo de Bachillerato. Nuestro director me ha pedido que participe con unas palabras, quizás porque sabe que me gusta escribir, o quizás porque este año, que será el último en el que vosotros, todavía alumnos, estudiaréis en el Instituto Herrera, también será el último para mí, ya que tras 37 años de docencia he decidido jubilarme. Hoy se nos acaba una etapa, pero también comienza otra para ambos.

Durante estos 37 años he trabajado en 5 institutos diferentes, he conocido otras tantas reformas educativas —de las que hace ya tiempo decidí no recordar ni siquiera sus siglas— que nos han cambiado los términos de las programaciones—los objetivos por las competencias, por ejemplo—; que han eliminado asignaturas, o las han trasladado de un nivel a otro; incluso algunas han sido casadas y divorciadas, como un baile de parejas, con el correspondiente cambio de titularidad. Todo ello, a mi entender, en un arreglo más de forma que de fondo. También he visto modificar el aspecto de las aulas: desde los antiguos pupitres con la tapa color madera transformados luego en verdes —puede que imbuidos del afán autonómico de la época—, a los actuales de un pálido azul; los cuadernos de los alumnos se han sustituido por pequeños ordenadores; y hasta las pizarras: de la tradicional a las digitales —lo que personalmente he agradecido mucho, porque me facilitan las asignaturas que todavía imparto—. Asignaturas cuyos contenidos también han cambiado debido al implacable avance de la Ciencia. ¿Dónde quedó el dogma de la Biología: “un gen, una proteína”? ¿Dónde hay que buscar hoy esa capa denominada SIAL que flotaba sobre el SIMA en la corteza terrestre, y que yo explicaba con dibujos incluidos? ¿Dónde? Solo en libros obsoletos. Otros avances en el conocimiento han sido más alarmantes, como el paso de las tímidas insinuaciones sobre un posible cambio climático, a la plena aceptación actual por la comunidad científica, y por los sufridos habitantes de las regiones del sur.

Mientras estos 37 años se sucedían, vosotros, los alumnos, siempre habéis sido los mismos, y los profesores, espectadores de los cambios que la adolescencia os provoca: en 1º de la ESO sois niños, pequeños alevines temerosos, llenos de incertidumbre y respeto ante el salto de ciclo que acabéis de hacer. Todavía no os consideráis mayores y mantenéis los comportamientos de la escuela. Pero esta inocencia se pierde durante el verano en el que las hormonas ya empiezan a funcionar, y os crecen los brazos y las piernas, no necesariamente en sincronía, por lo que volvéis a 2º transformados en la talla corporal, que no mental, de un adulto que no cabe en las mesas. 3º de la ESO es el año del desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, ese tema que siempre me toca explicar precisamente ahora, en primavera, y que origina alguna que otra situación nerviosa en clase. Cuarto se convierte en un proceso de búsqueda de identidad, de vuestra personalidad anhelada, con los consiguientes cambios físicos que os provocáis para conseguirla: es el año en que aparecen los piercings, las rastas, o las crestas teñidas de colores imposibles, según la tribu urbana a la que hayáis decidido uniros. En 1º de bachillerato, junto a algún que otro lamento por la niñez de Secundaria perdida, se os detecta una mirada responsable. Sabéis que el juego ya va en serio, y asumís la tarea de conseguir las mejores notas posibles. Finalmente, en 2º de Bachillerato os convertís en sudorosos ratones de biblioteca, hilvanando un examen tras otro, pero una mirada de ilusión aparece en vuestros ojos cuando se os pregunta qué queréis estudiar, a qué os gustaría dedicaros en la vida.

Y así está bien, todos esos cambios continuarán, porque como empecé diciendo a ambos se nos acaba una etapa, pero se nos abre otra. Puede que, al igual que vosotros, yo eche de menos a mis compañeros, el apoyo que me han dado siempre en los momentos bajos —durante estos 37 años he perdido definitivamente a varios, alguno presente en la mente de todos ¡Mis mayores deseos de que sean felices, ¡allá donde ahora estén!—; también añoraré las conversaciones en la sala de profesores, la compresión y complicidad en las evaluaciones, los consejos de la experiencia… Y estoy segura de que recordaré vuestras preguntas en clase, inocentes o inteligentes, vuestras hipótesis, no siempre descabelladas, y vuestras caras, primero de asombro cuando tras una explicación se os desvela una pequeñísima verdad, algo escondido, sobre como funciona la Naturaleza, y después de gratitud por sentiros más sabios. Porque sois vosotros los que nos enseñáis a los profesores, los que nos obligáis a estar en un proceso de formación constante. Y evidentemente, al igual que vosotros, no añoraré ni el timbre de cambio de clase, ni los exámenes, ni las evaluaciones, ni tampoco las guardias.

Estoy convencida de que el Herrera es el mejor instituto para trabajar y también para jubilarse. Os confieso, compañeros, que cuando me dieron este destino sentí algo parecido al miedo escénico: ¿Cómo voy a ir a yo ese instituto con tantísimo nivel? ¿Conseguiré estar a la altura?… Impactada por el aura de sabiduría que de aquí se emanaba. Al cabo, estos han sido los mejores años de mi vida profesional rodeada por unos compañeros de Departamento, antiguos y actuales, inmejorables, por el respaldo común cuando nos vienen mal dadas —como lamentablemente tantas veces ha sido—, y por una dirección que premia el trabajo y la dignidad del profesor por encima de cualquier otra consideración, y a la que le estaré siempre agradecida.

Aunque ya tenga bastantes años —para jubilarse hay que tenerlos—, no penséis que lo hago por sentirme quemada, ni cansada, ya que me encuentro totalmente capaz y con suficientes fuerzas —eso también se lo agradezco a este instituto, que canaliza las energías de sus profesores en que lo realmente importa—, sino porque ha llegado el momento de cambiar. Me siento igual que vosotros, los todavía alumnos, llena de ilusión por el futuro. Hoy es el día que acaba todo, también el que todo empieza.

Y estos son los últimos consejos que me permito daros: nunca es tarde para tener una vida plena, para luchar por nuestros ideales. Llenaos de proyectos, de experiencias, de retos, trabajad con inteligencia y honestidad —de eso estoy segura, porque os conozco bien—, vivid lo más en paz con vuestra conciencia que os sea posible, para que después de una fructífera vida profesional, como yo siento que ha sido la mía, seáis capaces de enfrentar la edad madura sin nostalgia por la juventud.

Os deseo lo mejor.

Hasta siempre, vuestra profesora, vuestra compañera.

Marcha atrás

15 Dic

parte-amistoso-accidente-como-rellenar

Vas tan tranquila por tu vida, rodeada de la gente que quieres, los horarios que tú decides, incluso te crees capaz de poder controlar tus emociones, cuando alguien de fuera se cuela de manera estrepitosa e implacable en ella. Alguien del que te sorprende la inflexión de su voz, sus aspavientos, que tiene sus propias reglas y escala de valores, con quién jamás te tomarías un café, o no un segundo desde luego, te está increpando con evidente autoridad sobre ti porque no has controlado tu artefacto de cuatro ruedas y hay varias líneas de color diferente al original en la aleta derecha del suyo. Algo trágico, algo destructor de la paz mundial.

Y entonces se hace imperiosa la necesidad de desvelar tus datos, debes saber con exactitud cifras y siglas que jamás utilizas, que ni siquiera habitan en el trasfondo de tu memoria sino, como diría el poeta, en el olvido, en el más absoluto de los olvidos. Pero esa persona, que hasta hace un momento no existía, también tiene nombre, cifras, siglas propias, que tú debes escribir en pequeños cuadrados blancos, sin salirte, ordenadamente, y esperando que después de guardar de nuevo en el último trastero de la conciencia esa información tan perentoria, ese individuo, antes habitante de la soledad masificada, guarde también sus credenciales, y todo se arregle con una visita a la pintura; pero dudas, y lo vuelves a mirar para cerciorarte de que es susceptible de confianza, y va a salir de tu vida en cuanto cerremos las puertas de los coches, la suya con cuatro rayas de un color distinto.

Clorofila

21 Nov

fotosintesis“¿Por qué son verdes las plantas?”,varias manos alzadas y nerviosas saben la respuesta, pero no las atiendo, “porque hay millones de duendes verdes dentro de ellas”. “¡Profesora!”, voces ofendidas me rechazan. A esta generación tecnológica no se la puede engañar. En fin, se lo explico tal y como viene en sus libros. Pero junto a la ecuación de la fotosíntesis, en la pizarra, no me reprimo dibujar unas orejas puntiagudas asomando bajo un gorro. Al fin y al cabo, la Naturaleza es mágica.

Cena con champán y desayuno

29 May

 

imagen-sin-tituloSe lo decía a las chicas entornando un párpado y levantando la ceja contraria durante los segundos que ellas tardaban en comprender su oferta. Después sonreía, divertido del azoramiento melindroso de alguna, o satisfecho, si otra le seguía el juego más que de palabras. En cualquier caso, con esa frase dejaba tras de sí una estela de caballo ganador.

La chica de Medioambiente, que acababa de incorporarse a la oficina, pelirroja y lustrosa, le contestó inexpresivamente. Miró su agenda: “De acuerdo, el jueves”, y lo anotó muy seria, sin mover un músculo de su pecosa cara.

Adornó el salón con velas olorosas, preparó el champán en una cubeta de hielo, y encargó la comida a un restaurante vegetariano, suponiendo los gustos de ella. Efectivamente, la chica miró complacida la mesa y aportó a la cena una sidra de manzana orgánica. Cenaron comentando los beneficios de cada especie vegetal que aparecía, con alguna alusión trivial al territorio común de la oficina. Luego follaron atléticamente, como una gimnasia energética y sanadora, que ella disfrutó al máximo y que a él lo dejó más desnudo todavía de lo que estaba.

A la mañana siguiente se enfrentó temeroso al desayuno, algo a lo que nunca le dedicaba esfuerzo porque, para bien o para mal, todo se resolvía durante la noche. Su nevera esquelética le devolvió el problema. Mientras Pelirroja hacía yoga frente a la ventana, preparó un café con leche y unas tostadas de pan con mantequilla.

ChakrasElla miró desganada las bandejas: “Esto no es un desayuno biodiverso. Solo tres especies: café, vaca y trigo.” —Recogió su mochila, le sonrió y antes de cerrar la puerta le dijo—: “Tienes un segundo chakra excelente, pero de ahí para arriba, todos desconectados”

A él solo le hacía falta una especie, y un chakra, pero como es bueno ampliar territorios, apuntado: desayuno biodiverso.

Nuevos dioses en viejas hornacinas

30 Abr

Reyes García-Doncel escritoraTodos hemos sido alguna vez turistas, esa categoría de persona que se caracteriza por estar permanentemente andando y haciendo fotos. Las ruinas viejas, porque las hay también nuevas, te evocan los valores del mundo en el que fueron construidas. Desde un sencillo y olvidado teatro invadido por margaritas, hasta uno grandioso a las faldas de un volcán nevado, como los que visité la semana pasada, reflejan las escalas de poder humanas y divinas, los miedos, los anhelos de los pueblos que los construyeron.

A finales del siglo XIX y principios del XX, la intelectualidad europea ya había descubierto el teatro griego de Taormina (Sicilia), un lugar en el que a la vez que contemplas la representación, el Mediterráneo azul verdoso se extiende a tus pies, y el monte Etna invade el horizonte tras el escenario. Lugar paradisiaco donde los haya. Por eso los dioses también estaban allí.

Según mandaba la antigua jerarquía, un piso más arriba de los asientos de la cávea se situaba la hilera de hornacinas donde las estatuas de los dioses custodiaban, o amenazaban, por encima de sus cabezas a los mortales. Los dioses griegos eran vengativos, lujuriosos, soberbios, borrachos…y controlaban un destino inevitable, muy a menudo catastrófico, para los hombres. En definitiva, eran protagonistas en el teatro de sus vidas.00005

Veinte siglos después, el lugar está invadido por turistas que saltan sobre las piedras milenarias fotografiándolo todo, compulsivamente. Japoneses fotofóbicos tapados hasta la neurosis bajo sombrillas, junto a jubilados anglosajones encantados de tener la oportunidad de vestirse con sandalias y camisas veraniegas… A veces, uno de ellos se sienta en la hornacina que perteneció a un dios, o a una diosa, ya irremediablemente vacía porque su estatua se destruyó o fue encerrada en un museo. Los dioses no existen, solo tenemos diosecillos, cuyo poder reside en la tecnología. El de Cronos sobre el tiempo, el de Artemisa sobre la naturaleza, el de Apolo sobre la música… a golpe de click. Porque todos poseen instrumentos con los que pueden volar más rápido que Eolo, almacenar miles de poemas cantados, y sus mensajes llegarán a más velocidad de lo que Hermes, el de los pies alados, jamás pudo soñar.

O quizás no. El verdadero poder de los turistas es el económico: son la salvación de las economías mediterráneas. Los adoramos, los veneramos, los agasajamos… Nos interesa que vengan a fotografiar el teatro con sus cámaras de última generación, que se alojen en hoteles situados en los parajes con las vistas más privilegiadas… Y aunque sean diosecillos, pueden ocupar un espacio en el Olimpo de las hornacinas que adornan el piso superior.

Pasarán los siglos y otros dioses vendrán a ocuparlas. Me encantaría saber quienes serán.

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Dos películas sobre escritores sin inspiración

26 Nov

La inspiración muchas veces es esquiva, como ocurre en estas dos magníficas películas que hablan sobre escritores que luchan para que vuelvan las musas.

Adaptation. El ladrón de orquídeas. Spike Jonze (2002).

Peculiar película de Charlie Kaufman que cuenta la historia de un bloqueo creativo del propio autor, una meta historia que analiza tanto el plano humano como el profesional de un escritor y guionista de cine.

 

Barton Fink.  Joel e Ethan Coen (1991)

El protagonista es otro escritor de fama reciente, al que contratan para escribir el guión de una película de serie B en Hollywood, sobre un tema que desconoce. Humor negro al más puro estilo de los Cohen, para contar las vicisitudes en las que se ve envuelto con su vecino de cuarto (John Goodman) mientras busca la inspiración.

Cine y literatura: Películas sobre escritores

12 Nov