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Marcha atrás

15 Dic

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Vas tan tranquila por tu vida, rodeada de la gente que quieres, los horarios que tú decides, incluso te crees capaz de poder controlar tus emociones, cuando alguien de fuera se cuela de manera estrepitosa e implacable en ella. Alguien del que te sorprende la inflexión de su voz, sus aspavientos, que tiene sus propias reglas y escala de valores, con quién jamás te tomarías un café, o no un segundo desde luego, te está increpando con evidente autoridad sobre ti porque no has controlado tu artefacto de cuatro ruedas y hay varias líneas de color diferente al original en la aleta derecha del suyo. Algo trágico, algo destructor de la paz mundial.

Y entonces se hace imperiosa la necesidad de desvelar tus datos, debes saber con exactitud cifras y siglas que jamás utilizas, que ni siquiera habitan en el trasfondo de tu memoria sino, como diría el poeta, en el olvido, en el más absoluto de los olvidos. Pero esa persona, que hasta hace un momento no existía, también tiene nombre, cifras, siglas propias, que tú debes escribir en pequeños cuadrados blancos, sin salirte, ordenadamente, y esperando que después de guardar de nuevo en el último trastero de la conciencia esa información tan perentoria, ese individuo, antes habitante de la soledad masificada, guarde también sus credenciales, y todo se arregle con una visita a la pintura; pero dudas, y lo vuelves a mirar para cerciorarte de que es susceptible de confianza, y va a salir de tu vida en cuanto cerremos las puertas de los coches, la suya con cuatro rayas de un color distinto.

Clorofila

21 Nov

fotosintesis“¿Por qué son verdes las plantas?”,varias manos alzadas y nerviosas saben la respuesta, pero no las atiendo, “porque hay millones de duendes verdes dentro de ellas”. “¡Profesora!”, voces ofendidas me rechazan. A esta generación tecnológica no se la puede engañar. En fin, se lo explico tal y como viene en sus libros. Pero junto a la ecuación de la fotosíntesis, en la pizarra, no me reprimo dibujar unas orejas puntiagudas asomando bajo un gorro. Al fin y al cabo, la Naturaleza es mágica.

Cena con champán y desayuno

29 May

 

imagen-sin-tituloSe lo decía a las chicas entornando un párpado y levantando la ceja contraria durante los segundos que ellas tardaban en comprender su oferta. Después sonreía, divertido del azoramiento melindroso de alguna, o satisfecho, si otra le seguía el juego más que de palabras. En cualquier caso, con esa frase dejaba tras de sí una estela de caballo ganador.

La chica de Medioambiente, que acababa de incorporarse a la oficina, pelirroja y lustrosa, le contestó inexpresivamente. Miró su agenda: “De acuerdo, el jueves”, y lo anotó muy seria, sin mover un músculo de su pecosa cara.

Adornó el salón con velas olorosas, preparó el champán en una cubeta de hielo, y encargó la comida a un restaurante vegetariano, suponiendo los gustos de ella. Efectivamente, la chica miró complacida la mesa y aportó a la cena una sidra de manzana orgánica. Cenaron comentando los beneficios de cada especie vegetal que aparecía, con alguna alusión trivial al territorio común de la oficina. Luego follaron atléticamente, como una gimnasia energética y sanadora, que ella disfrutó al máximo y que a él lo dejó más desnudo todavía de lo que estaba.

A la mañana siguiente se enfrentó temeroso al desayuno, algo a lo que nunca le dedicaba esfuerzo porque, para bien o para mal, todo se resolvía durante la noche. Su nevera esquelética le devolvió el problema. Mientras Pelirroja hacía yoga frente a la ventana, preparó un café con leche y unas tostadas de pan con mantequilla.

ChakrasElla miró desganada las bandejas: “Esto no es un desayuno biodiverso. Solo tres especies: café, vaca y trigo.” —Recogió su mochila, le sonrió y antes de cerrar la puerta le dijo—: “Tienes un segundo chakra excelente, pero de ahí para arriba, todos desconectados”

A él solo le hacía falta una especie, y un chakra, pero como es bueno ampliar territorios, apuntado: desayuno biodiverso.

Nuevos dioses en viejas hornacinas

30 Abr

Reyes García-Doncel escritoraTodos hemos sido alguna vez turistas, esa categoría de persona que se caracteriza por estar permanentemente andando y haciendo fotos. Las ruinas viejas, porque las hay también nuevas, te evocan los valores del mundo en el que fueron construidas. Desde un sencillo y olvidado teatro invadido por margaritas, hasta uno grandioso a las faldas de un volcán nevado, como los que visité la semana pasada, reflejan las escalas de poder humanas y divinas, los miedos, los anhelos de los pueblos que los construyeron.

A finales del siglo XIX y principios del XX, la intelectualidad europea ya había descubierto el teatro griego de Taormina (Sicilia), un lugar en el que a la vez que contemplas la representación, el Mediterráneo azul verdoso se extiende a tus pies, y el monte Etna invade el horizonte tras el escenario. Lugar paradisiaco donde los haya. Por eso los dioses también estaban allí.

Según mandaba la antigua jerarquía, un piso más arriba de los asientos de la cávea se situaba la hilera de hornacinas donde las estatuas de los dioses custodiaban, o amenazaban, por encima de sus cabezas a los mortales. Los dioses griegos eran vengativos, lujuriosos, soberbios, borrachos…y controlaban un destino inevitable, muy a menudo catastrófico, para los hombres. En definitiva, eran protagonistas en el teatro de sus vidas.00005

Veinte siglos después, el lugar está invadido por turistas que saltan sobre las piedras milenarias fotografiándolo todo, compulsivamente. Japoneses fotofóbicos tapados hasta la neurosis bajo sombrillas, junto a jubilados anglosajones encantados de tener la oportunidad de vestirse con sandalias y camisas veraniegas… A veces, uno de ellos se sienta en la hornacina que perteneció a un dios, o a una diosa, ya irremediablemente vacía porque su estatua se destruyó o fue encerrada en un museo. Los dioses no existen, solo tenemos diosecillos, cuyo poder reside en la tecnología. El de Cronos sobre el tiempo, el de Artemisa sobre la naturaleza, el de Apolo sobre la música… a golpe de click. Porque todos poseen instrumentos con los que pueden volar más rápido que Eolo, almacenar miles de poemas cantados, y sus mensajes llegarán a más velocidad de lo que Hermes, el de los pies alados, jamás pudo soñar.

O quizás no. El verdadero poder de los turistas es el económico: son la salvación de las economías mediterráneas. Los adoramos, los veneramos, los agasajamos… Nos interesa que vengan a fotografiar el teatro con sus cámaras de última generación, que se alojen en hoteles situados en los parajes con las vistas más privilegiadas… Y aunque sean diosecillos, pueden ocupar un espacio en el Olimpo de las hornacinas que adornan el piso superior.

Pasarán los siglos y otros dioses vendrán a ocuparlas. Me encantaría saber quienes serán.

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Dos películas sobre escritores sin inspiración

26 Nov

La inspiración muchas veces es esquiva, como ocurre en estas dos magníficas películas que hablan sobre escritores que luchan para que vuelvan las musas.

Adaptation. El ladrón de orquídeas. Spike Jonze (2002).

Peculiar película de Charlie Kaufman que cuenta la historia de un bloqueo creativo del propio autor, una meta historia que analiza tanto el plano humano como el profesional de un escritor y guionista de cine.

 

Barton Fink.  Joel e Ethan Coen (1991)

El protagonista es otro escritor de fama reciente, al que contratan para escribir el guión de una película de serie B en Hollywood, sobre un tema que desconoce. Humor negro al más puro estilo de los Cohen, para contar las vicisitudes en las que se ve envuelto con su vecino de cuarto (John Goodman) mientras busca la inspiración.

Cine y literatura: Películas sobre escritores

12 Nov

 

57 años después del 57

29 Oct

    Exposición Juan Cuenca  

    57 años después del 57

Este es el precioso título de la exposición que mi amigo Juan Cuenca presenta actualmente en Madrid. Arquitecto, urbanista, diseñador, pintor y escultor, Juan formó parte del Equipo 57, una de las pocas iniciativas artísticas de vanguardia en la España franquista. Fue un grupo de artistas manifiestamente comprometidos con la izquierda, firmaban como colectivo y trataron de hacer diseño con sentido social, buscando la elaboración de objetos cotidianos.

El legado de Juan Cuenca en ese grupo, así como el suyo posterior como arquitecto, es de sobras conocido. Pero 57 años después él ha decidido explorar aún más la escultura, con la que, siempre confesaba, se sentía muy identificado. El plano del arquitecto ahora es una superficie que se abre, se curva y se une a así mismo formando cilindros, esferas, bandas continuas…, y todas las posibilidades de superficies con relieve. Citando palabras del prólogo de su catálogo: “Juan Cuenca nos ofrece la arquitectura del alma”.

Me permito pedirle prestado a mi amigo este sugestivo título para nombrar la reunión, (simposio dirían los griegos), que varias amigas de la infancia hemos celebrado en Madrid, con el objetivo de hablar, ver exposiciones (la suya incluida, por supuesto), comer, hablar más, pasear, beber, ir al teatro… y seguir hablando. Por encima de todas, ha sobrevolado el aire salitroso y húmedo del mar, que en invierno bramaba al otro lado de la tapia de nuestro colegio; el olor a pegamento en los babis de rayas azules; las caídas de los columpios de hierro oxidado, pero pintados de colores, con los mismos gestos de dolor por las rodillas desolladas; los partidos de baloncesto, colocándonos apresuradamente, casi a ritmo del silbato, cada una en nuestra posición con el niqui de rayas del equipo; los ensayos de teatro o de canciones, interpretándolas en algún restaurante, sin conciencia del momento, porque la melodía llegaba  unida al recuerdo; las fobias y filias de las profesoras, que se han congelado en el tiempo, y se manifestaban igual de dolorosas o agradecidas; los miedos a la sexualidad, los primeros novios, los primeros viajes al extranjero, las primeras muertes… Y con los recuerdos evocados surgían las palabras, muy antiguas, traducciones infantiles del inglés, nombres de juegos de patio, nombres de chucherías…, mas que olvidadas, pero con la enorme capacidad de devolvernos al paraíso perdido.

Aunque en absoluto ha prevalecido la nostalgia. Tras muchos años donde nos sumergimos en formar familias y desarrollar nuestras vidas profesionales, en los que de alguna manera no fuimos dueñas de nuestro tiempo y la premura de la vida, o del calendario biológico, nos arrastró, este reencuentro nos ha permitido compartir sabios aprendizajes vitales, agradablemente paralelos, aconsejarnos y ayudarnos…, con la clara certeza de que en la otra estás reconociendo una parte de ti.

57 años después del 57 el plano del arquitecto se rasga, se pliega y permite acceder al otro lado. 57 años después, nosotras también hemos sido capaces de aprender a transformar el punto de vista de la realidad.