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Mamá y Papá Noel

26 Dic

 

hqdefaultOigo su risa… Papá Noel ya ha llegado, ¡está en mi casa! No debo, ya lo sé, pero las ganas son tantas…, me asomaré, solo un poco.

Así que me deslizo fuera de la cama, cruzo a gatas el pasillo, despacio, mientras sigo oyendo su “Ho, ho, ho” llego hasta la escalera, alargo el cuello y… ¡Mamá está besando a Papá Noel! Él le ha pasado un brazo por la cintura, con el otro balancea mi juego de construcción, el que le he pedido; entonces Mamá le levanta la barba blanca y le mete un trozo de turrón, del duro; luego, le lame la boca, los dos se ríen; él la acerca aún más con su mano por dentro de la bata, esa bata tan calentita, en la que me gusta tanto dormirme abrazado.

Vuelvo silencioso al pasillo sin dejar de mirarlos: Mamá está besando a Papa Noel. ¡Verás cuando se entere mi papá! Tengo que decírselo ahora, voy a su cuarto, verás como se va a enfadar…, Papá Noel también, y conmigo…., y pasará de largo el año que viene, ya no volverá a mi casa… ¡No, no! ¡Eso no!

Me vuelvo a la cama, contento porque sé que tengo el juego, pero ¿y si Papá se enfada por no decírselo? , ¿qué debería hacer? A lo mejor es que todas las madres besan a Papá Noel esta noche, porque eso es así, ahora él va ahí enfrente y la mamá de Marta Martínez también lo besa… A lo mejor es así.

Mientras cierro los ojos recuerdo que a mi papá también le gusta mucho el turrón, el duro.

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Hola, soy Gattuso.

30 Sep

Este nombre tan chulo me lo puso mi hermano Antonio, que sabe mucho de fútbol y dice que es el de un jugador italiano muy bueno.

Porque yo nací en Sevilla, el 18 de septiembre del 2003, en los jardines de unos bloques del Porvenir. Cuando tenía solo dos días, mi hermana Reyes me libró de un negro destino y me llevó a casa metido en el casco de su moto. Ella y mi madre me criaron dándome leche con un cuentagotas. Entonces dormía dentro de la papelera de mimbre, envuelto en una manta eléctrica; pero ahora ya soy mayor, y tengo cuarto propio, que mi familia utiliza como cocina.

Me gustan mucho las latas de paté de atún, pelearme con las cortinas, restregarme en la ropa recién planchada, trepar por el jazmín de la terraza y jugar a esconder las gomillas del pelo. Pero lo que más me gusta de todo es permitirles que duerman la siesta conmigo, tumbados juntos en el sofá del salón.

Leonid AfremovTengo mucho trabajo en la casa: los despierto por la mañana llamando a cada puerta, y no paro hasta que compruebo que se han levantado; mantengo a raya los mirlos y las salamanquesas de la terraza (ya están todas sin cola); ayudo a estudiar a mis hermanos, me siento con ellos y les aguanto los apuntes con mis patas para que no se les cierren. Por la noche, cuando los dejo dormidos, subo al tejado y recorro hasta el final de los bloques, mi madre no lo sabe, donde observo la gran avenida ruidosa que nunca he cruzado.

Mi vida sería muy feliz si no tuviera todavía algunos problemas sin resolver: ¿Qué guardan dentro de las cajas del trastero? ¿De dónde viene el agua que sale por la ducha? ¿Y a dónde se va la del váter? ¿Por qué se mueven tan rápidos los papeles de la impresora? … Son cuestiones muy importantes, tendré que seguir investigando.

 

Pintura de Leonid Afremov.

Mezclar todos los sabores

28 Ago

“Un día Francisco le limpió la boca manchada de rojo con su mano que olía tan dulce, otro día con la lengua que sabía a vainilla, un poco después le acarició los pechos por encima de la blusa, sin desabrochar, bordada con casitas y cerezas por su madre, y al poco tiempo se besaban sin reparos, traviesos, juntando sus lenguas para mezclar todos los sabores, sabes a chocolate, y tú a vainilla, mientras las manos de Francisco se metían por debajo de su falda y solo una vez, la tarde antes de irse, por debajo de las braguitas de perlé blanco.

Fragmento del relato erótico “Cuestión de Piel” de Reyes García-Doncel del libro “Así os ponemos los cuernos las mujeres”. Imagen de Cristiana Ceppas.

Cristiana Ceppas

Más allá del muro

27 Sep

En el autobús viajaban turistas de varias nacionalidades: italianos, alemanes, chilenos, indios, estadounidenses…, y los consabidos orientales, entre los que destacaban por su comportamiento extraño una pareja de adolescentes surcoreanos. Ella tenía el pelo largo y lacio con flequillo, vestía una chaquetita rosa brillante y falda corta, a pesar del frio otoño escocés; el chico, con gafas y sobrepeso, parecía un muñeco tierno y asexuado al que tirarle pellizcos en los mofletes. No hablaban con nadie, casi tampoco entre ellos, enfrascado cada uno en su móvil.

El recorrido desde Edimburgo hasta las Highlands estuvo amenizado por un conductor-guía alto, rubicundo, socarrón, y algo excéntrico, que hablaba un inglés perfectamente entendible además de los idiomas de todos los presentes. Mientras conducía, era capaz de criticar continuamente a su gobierno a la vez que nos hacía preguntas a gritos, con un vozarrón recio y potente imposible de eludir, de nuestra tierra: “¡Ah! Sevilla, a mí me llovió en Sevilla, ¡Peor tiempo que en Escocia!”. Y no había discusión posible, a pesar de que nuestros cuerpos todavía recordaban la última ola de calor. Así fue pasando revista a todos los tópicos de los diferentes países y cuando le llegó el turno a los surcoreanos, éstos ni le contestaron ni le miraron. Él no volvió a dirigirles la palabra.

En un viaje de casi 5 horas, atravesamos todos los lugares emblemáticos de las luchas escocesas contra el ejército británico, William Wallace incluido, en las que siempre murieron muchos más ingleses de los contabilizados oficialmente. Observando aquellas tierras inhóspitas, rodeadas de montañas todavía heladas por las que corrían ríos salvajes entre las rocas, esos páramos yermos, sin arboles, solo con hierbas agrestes comidas por unas vacas gordas y lanudas, te podías imaginar a sus habitantes luchando feroces contra cualquier invasor, y a los romanos decidiendo olvidarse de ellos detrás del muro de Adriano.Lago Ness

Lagos de todas las formas y tamaños, zonas pantanosas,  ciénagas, se sucedían hasta que finalmente llegamos a nuestro objetivo: el famoso lago Ness. Largo, estrecho, con las rocas de los fondos color negro, sus aguas eran oscuras, y además en aquellos momentos ya estaba iluminado solo por la zona del sur. Un embarcadero, un castillo derruido, con historias de luchas y realezas que se asomaba a su orilla, y una tienda de suvenires a reventar de objetos con la imagen de Nessie, eran las únicas señales de humanidad que lo rodeaban. El conductor-guía nos informó de las tres posibilidades: crucero, crucero con castillo o nada. “Y cuando digo nada es nada, porque no hay nada”, advirtió. Cada uno escogió su actividad preferida, salvo los adolescentes coreanos que dijeron: “Nothing” El guía les espetó con brusquedad: “Hey man, nothing is nothing!” y ellos asintieron. Todos nos volvimos a mirarlos. Si después de aguantar un viaje de 5 horas no querían visitar nada ¿a qué habían venido?

El barco del crucero navegó por esas aguas sombrías mientras una grabación nos contaba los avistamientos contabilizados del monstruo, más de los que la gente creía, y los extraños movimientos de agua que algunas veces se producían en la superficie. Mientras, el viento frío te enredaba el cabello, y las nubes descargaban una lluvia fina,  o bien pasaban como hilachas por delante del sol, dándole al castillo un aire doliente, el de aquellos honores perdidos que los señores medievales tuvieron que defender, y a su sombra, deformada por las olas sobre el lago, la posibilidad de resucitar entre la bruma.

Volvimos al autobús para el regreso, pero en los asientos de los adolescentes coreanos solo estaban sus móviles apagados. Eso significaba que ni podrían llamar en el caso de que se hubieran perdido ni tampoco el conductor podría contactar con ellos. Este llamó a la oficina central por si allí habían recibido algún aviso, negativo; llamó al otro autobús de la misma compañía que hacía la ruta con media hora de diferencia por si los había visto andando en la carretera, negativo; preguntó en la tienda de suvenires, negativo; llamó de nuevo a su oficina central, donde recibió ordenes de esperar a la policía. Cuando esta llegó requisaron los móviles y finalmente nosotros partimos.

Al cerrar la puerta del autobús el conductor dijo con su voz bronca:

— Comida para Nessie.

Geminí

25 Jul

Este es mi nombre desde que ella lo decidió cuando fui su  regalo de quinto cumpleaños. Su madre insistía en que eligiera otro muñeco porque, y debo decir que fue muy poco delicada conmigo, le parecían horrorosos mis colores,  pero ella insistió que me quería a mí, y me llevó a su casa. Desde entonces hemos ido creciendo juntos. Así ha sido, señor doctor. A usted le parecerá un despropósito pero los muñecos de peluche, sobre todo los que sirven de almohada, crecemos a la vez que nuestros dueños.

Oso de peluche naranjaSiempre, cada día, ella me ha contado sus penas, alegrías, enfados y miedos. Todos. He soportado lágrimas y mocos, eufóricos besos, risas,  pellizcos cabreados, travesuras, aburrimientos y algún que otro berrinche. Incluso me ha repetido lecciones enteras: hasta que yo no me las sabía, no me dejaba dormir; así que puedo enorgullecerme de haber aprobado el bachillerato. También he trabajado con ella en una inhóspita casa inglesa, y he consolado sus nostalgias.

Pero llegado a este punto de la historia debo decirle algo importante (creo que es una de las causas por las que ahora estoy tumbado en el diván de su consulta): jamás tuve un sexo definido, yo era masculino o femenino según el problema que hubiéramos de tratar. ¿Usted sabe lo que es eso?  Claro que sí, se dedica a escuchar gente que no sabe quién es. Pero yo sí se quien soy: Geminí, alguien sin personalidad propia; ni siquiera soy ella, sino la que ella ha querido que yo tuviera en cada momento.

Los cambios de sexo, edad, idiomas… los he ido soportando doctor, pero lo peor han sido estos dos últimos meses. Mi dueña ha tenido varios novios, a todos los hemos ido dejando felizmente olvidados, pero con este último ha sido distinto. El chico lo pasó muy mal, tanto que ella le sugirió la idea de que me llevara con él. Al principio se resistía. ¿Un hombre con un peluche? Pero finalmente aceptó, solo por unos días, para probar, dijo; pero ha tardado dos meses en devolverme. Ella me pedía, y él no quería devolverme. Durante ese tiempo yo he sentido una enorme angustia porque no sabía a quien debía ser fiel. Como usted comprenderá ella es lo primero, pero ahora yo era el peluche almohada de otro: tenía que guardar las apariencias. No podía contarle las cosas que yo sabía de ella, tampoco ponerme de su parte, aguantar sus reproches, me enteraba de las mentiras que le contó, lo que a él le daba vergüenza, y lo peor: lo que no le gustaba nada, nada de ella.

Estos dos meses han sido muy dolorosos para mí y creo que los problemas de personalidad que venía arrastrando desde la infancia se me han agudizado. Me he escapado de casa para venir a su consulta. ¿Usted que cree doctor? ¿Pero qué hace, por qué se tumba a mi lado? Me pinchan sus gafas… Sí, ya me callo, le escucho. ¡Que dura es la vida de un peluche!

Informe confidencial

9 May

Informe confidencial realizado a partir de fuentes fidedignas de la tercera planta.

Nuestra hipótesis se ha confirmado en base a los siguientes datos:

muñeca embarazada

1.- No hay una sola semana en la que no nazca un muñequito, o se practique un aborto en dicha sección. Para acallar los rumores, cada vez más insistentes, y también para dar salida comercial a los casos que de otra manera tendrían que ser retirados de las estanterías, se sacó al mercado la muñeca embarazada, con bastante éxito por cierto.

2.- Algunas plantean muchos problemas. En concreto, Pocahontas, que además de muy promiscua, resulta tremendamente fértil, posiblemente por la saludable vida que ha llevado en las praderas norteamericanas.

3.- Las personas ajenas al sector no somos conscientes de estos hechos porque, confiesa el experto, cuando una muñeca es vendida siempre se le acompaña de un “Kit para la higiene íntima en el mundo exterior” compuesto por microminitampones, microminicompresas y microminipildoras anticonceptivas, perfectamente camuflado con el resto de sus accesorios.

4.- Las atenciones psiquiátricas a Barbie se han disparado, ya que, aunque parezca una adolescente a la que le gusta presumir de coches, motos, caravanas y modelitos apretados, en realidad es una cincuentona con todos los síntomas de la menopausia. A esta circunstancia hay que añadir el fuerte stress que padece para mantener esa imagen juvenil, y el hecho de que su novio formal, Kent, por lo menos 10 años más joven que ella, le regala frecuentes infidelidades con otras muñecas de la firma. Cierto es que estas últimas, más nuevas en el mercado, son un mero reflejo, una copia empeorada del original Barbie; pero, ya se sabe que a los muñecos cuarentones esto no les importa demasiado mientras tengan asegurado un auditorio más joven y dócil.

5.- La organización de manifestaciones antiabortistas en las superficies comerciales son semanales. Están lideradas por La Bella Durmiente, cuyo perfil conservador se debe a que continúa manteniendo las ideas predominantes de hace un siglo, cuándo ella se quedó dormida. Sus planteamientos se resumen en: “El fabricante, como entidad superior, y el mercado, como regulador natural de nuestra vida, es quien debe decidir y nunca las muñecas de forma personal”  Así mismo: “Los embarazos se producen porque las Barbies son todas unas frescas, y van con esas minifaldas  que se les ve todo”.

Lo expuesto, que duda cabe, influye muy negativamente en la imagen de las empresas implicadas y es una realidad que siempre han querido silenciar. Hubo un caso muy sonado, el de Mariquita Perez, la distinguida muñeca de las familias del régimen franquista, pero aquellos eran otros tiempos y el embarazo fue perfectamente tapado y censurado. Creo que la muñeca pasó unas largas vacaciones en Londres.

Cuestión de piel

25 Abr

“Se tendió desnuda sobre el abrigo. Se acarició las piernas, las extendía y cerraba contenta de su tacto sedoso; y los pechos, cuyos pezones habían reaccionado al aire fresco poniéndose duros; se frotó el sexo, dejando que la brisa penetrara en él, mientras el compás de las olas contra el acantilado se unía a las oleadas de su propio placer. En lo más alto de la torre surgió un potente destello: un, dos, tres, oscuridad, un, dos; y así de nuevo: un, dos, tres, oscuridad, un, dos…, la antigua y conocida cadencia de señales. Cada pasada de luz sobre su cuerpo le parecía a Elena un beso de amante, el deseo crecía en ella al ritmo de las ráfagas del faro. Una tras otra, alternancia de sombra y luz, le producían un intenso placer.”

Fragmento de “Cuestión de piel”, un relato erótico de Reyes García-Doncel dentro del libro “Así os ponemos los cuernos las mujres”.

faro 4