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LA VUELTA AL DÍA

17 Dic

Hipólito G. Navarro

Páginas de Espuma

Tras doce años sin publicar, en barbecho como él mismo reconoce, Hipólito G. Navarro nos trae “La vuelta al día”, veintiún textos de temática variada que ha sido merecedora del Premio Andalucía de relato. En un prólogo-cuento inicial el autor nos relata los criterios que utilizó para agruparlos en secciones: los escritos y reescritos pero guardados en el cajón, los realizados por encargo, los que surgieron bajo la influencia de determinadas personas, o los que proceden de su más íntimos pensamientos y recuerdos. En todos ellos aparecen dos características que ha mostrado desde el comienzo de su carrera literaria: el humor —la sana capacidad de reírse de uno mismo, fealdades, incompetencias, fracasos amorosos y torpezas varias—, que además lo salva de situaciones amargas; y por otro lado un material autobiográfico —el despertar a la sexualidad y a la lectura, los amigos de la adolescencia, el padre…, en la Sierra de Huelva, su Macondo particular— que como el autor reconoce: “es muy fuerte en esta obra y sobre todo el último conjunto de cuentos”.

Entre los veintiún relatos, me parece interesante reseñar:

  • Verruga Sánchez” dónde desarrolla la hipótesis fantástica de qué pasaría si la sabiduría, la personalidad, incluso la voz, de alguien dependiera de una desagradable verruga, que conforme esta creciera lo hiciera también el encanto personal. Una caricatura del complejo de feo, que recuerda al mito bíblico de Sansón con su melena, y que a la postre no reconforta porque en la fealdad puede estar el tan buscado sentido de la vida.

  • Los artistas cautivos” es una lúcida crítica al tipismo, a la categoría de indígenas en que los andaluces nos hemos convertido, como consecuencia de la reverenciada industria nacional: “Esta aldea es poco menos que una comuna de funcionarios con antifaz”. Idea que se repite en “Puentes, acueductos” donde los pueblos de la sierra son parques temáticos: “Pasados dos o tres minutos la actividad aldeana es total”, pero como todo trabajo, ser figurante costumbrista también cansa: “Aguantan aún el tirón de los fines de semana, pero no están ya para muchos puentes”

  • En “Tantas veces huérfano” nos narra la historia de la llegada de la electricidad a la aldea del padre, pero cuando esta se ilumina a él se le apaga la vida. En este trágico relato, Hipólito G. Navarro utiliza con maestría la pantalla de la TV del bar para describir el ambiente, para conectar con los movimientos de los personajes, para crear un ambiente aterrador a la vez que onírico, hasta que el niño termina: “…viendo pasar veloces las caras de estupor de los vecinos como si ellos dos fuesen montados en un tiovivo”.

  • Mucho ruido y pocas nueces” es una alegoría del mundo del teatro, en concreto el de Chespir —así escrito— y un homenaje a Borges.

  • Luis Tristán, pintor de fondos”, relato realizado por encargo con motivo de una antología de relatos sobre El Greco, es un precioso homenaje a la serranía de Huelva. A partir del personaje de un cuadro reconstruye toda su posible historia —de amor por cierto, como muchas otras que aparecen en la obra—, en lo que podríamos considerar un relato histórico, lo que aumenta la versatilidad del autor.

  • Los otros Tiresias y Clariclea (variaciones pornoeróticas sobre una obsesión astriciliana)” nos traslada al “Orlando” de Virginia Woolf, mucho más disparatado, en la que se nos enseña un muestrario de investigaciones y posibles inventos para transformarse en mujer.

  • Los dos últimos “La vuelta al día”, narra los recuerdos de su adolescencia en el pueblo; y finalmente el emotivo relato “La poda y la tala de los árboles frutales” sobre su padre alcohólico, que le inculcó amor por los libros, por un único libro. “Hay demasiada autobiografía en estos cuentos, me temo (…) sobre todo en la última sección, la que presta su título al libro, ahora me veo demasiado desnudo”, reconoce.

Hipólito G Navarro es uno de nuestros cuentistas más reconocido, tanto por reflejar los huecos del alma mediante grandes verdades dichas con sencillez y humor: “Unos oficiales se especializan en escalas de cuerda, con estribos, y otros en escalas de valores, con todos sus peldaños mismamente metafísicos”, como por su capacidad para generar un estilo novedoso, a veces caricaturesco hasta el esperpento, porque no se trata de sobre qué contar, sino de cómo hacerlo, de ser singular. Domina la técnica narrativa de fabricar cuentos redondos (“Las estampas del timo”), de generar intriga con pocas palabras (“la maldita operación”, “las escopetas pueden estar oxidadas o no”), o con una escalada de preguntas retóricas que desembocan en el mayor desastre (“La excusa termodinámica”), o en finales sorpresivos (“Ligamentos” y “En el fondo de la memoria”), sin olvidar la poesía por ejemplo en esta preciosa descripción de un hormiguero: “… un pequeño volcán en miniatura hecho de finísimas partículas de entusiasmo”.

El recuerdo —volver al corazón— y la memoria, como el autor bien sabe por su formación científica, son una construcción del cerebro, un sistema de conexiones nerviosas que se mantienen o se pierden, que interactúan entre ellas hasta dar el relato que nos contamos a nosotros mismos, para lo que la literatura resulta un gran aliado. Tan equivocado sería decir que la obra de un autor es solo la proyección de su biografía, como que esta no importa. Pero nuestra memoria no es solo nuestra, es compartida, así que animo al autor a que continúe escarbando en ese fondo porque como él opina lúcidamente: “El oficio a la postre solo sirve para disimular un poco y que no se descubra tan a las claras la autobiografía”. Oficio demostrado, que sus lectores queremos seguir disfrutando.

BIOGRAFIA

Hipólito G. Navarro (Huelva, 1961) es autor de los libros de relatos ‘El cielo está López’ (1990), ‘Manías y melomanías mismamente’ (1992), ‘El aburrimiento, Lester’ (1996), ‘Los tigres albinos’ (2000) y ‘Los últimos percances’ (2005) ‘Mario Vargas Llosa NH’ al mejor libro publicado; y de la novela ‘Las medusas de Niza’ (Premios Ateneo de Valladolid 2000 y de la Crítica andaluza 2001). Con la antología ‘El pez volador’ (Páginas de Espuma, 2008), preparada por el escritor Javier Sáez de Ibarra, recibió el Premio ‘El Público’ de Narrativa 2009, otorgado por los periodistas culturales de Andalucía. Durante los años 1994 y 2001 editó la revista ‘Sin embargo’, dedicada al cuento literario. Asimismo, fue el responsable de la edición de los cuentos completos de Fernando Quiñones, ‘Tusitala’ (Páginas de Espuma, 2003). Sus relatos, traducidos a diez idiomas, están recogidos en numerosas antologías del género en Europa y Latinoamérica.

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El azar y viceversa

15 Ene

benitez-1Felipe Benítez Reyes

Editorial Destino

Tiene una la costumbre de subrayar, según va leyendo, las palabras y frases que le llegan al corazón, como un intento de atrapar la magia que encierran cuando, además de ser bellas, son las adecuadas. Entonces se produce el destello que reconoces como buena literatura. Después de las primeras páginas de El Azar y viceversa de Felipe Benítez Reyes, dejé de hacerlo porque me percaté de que estaba subrayando el libro casi entero.

Por más de quinientas páginas recorremos con Antonio (al que finalmente la fuerza del destino apodará Toni), la provincia de Cádiz y Sevilla, en una sucesión de trabajos, situaciones y personajes a cada cual más disparatado, pero no por ello menos creíbles: un fotógrafo capaz de transformar a sus retratados, un catedrático tacaño, un rubio universitario diletante, un coleccionista de desechos, un rico anticuario de dudoso origen, una comunidad Sij, un ventrículo enano… por nombrar solo algunos, y siempre rodeado de militares americanos en diferente nivel del escalafón, aspirantes a matadores de toros y revolucionarios anarquistas. El autor los retrata con imágenes de precisión psicológica: “… tenía algo de elefante marino con guayabera”, “….nuestro catedrático, a quién se le doraba por dentro la boca con sus jactancias”; utiliza un adjetivo para descubrir la personalidad: “…dibujaba en el aire con un pincel mojado en humo”; o toda su historia: “… una curvatura desmayada de su cuello y un abaniqueo de sus párpados me desvelaron al unísono el secreto delicado de Kwan”; o plasma verdades tan certeras como inevitables: “Y que rara resulta la juventud, la ya perdida, en las fotos: los muñecos felices en la juguetería pavorosa del tiempo”. Porque el paso implacable del tiempo hasta la muerte, “… porque la muerte imanta”, y el fondo del mar, ese lugar donde se acumula toda la sabiduría, son dos de los hilos conductores de la novela.

Este superviviente, vividor, con aspiraciones literatas, reflejo de los pícaros del siglo de oro español, pasa de la opulencia a la indigencia más absoluta, pero en ningún caso pierde su capacidad de filosofar toda una visión del mundo, una sabiduría socarrona siempre con un punto irónico de distanciamiento que, como diría Ranyer (uno de los alias que adopta para intentar ser alguien o por lo menos escapar de sí mismo), es la verdadera sabiduría. Particularmente grato me ha resultado recorrer de su mano lugares como la plaza de Mina, la librería de la calle Feduchy, el Colegio Universitario frente a la Caleta…, y sus habitantes, alguno tristemente añorado, por donde yo también circulaba en años coetáneos.

Pero todo esto no sería nada, solo una sucesión de historietas, si no estuviera magistralmente escrito, tanto que he lamentado leer la última página, muy en la línea del personaje: el círculo se cierra, la realidad y la ficción se hacen indistinguibles; propia del manejo del lenguaje que un magnífico poeta como Felipe Benítez Reyes tiene: “La gran poesía es una especie de diario de navegación de la conciencia”.

Felipe Benítez Reyes nació en Rota (1960). Entre sus novelas El novio del mundo, El pensamiento de los monstruos, Mercado de espejismos (Premio Nadal 2007), así como varios libros de relatos. Ha obtenido el Premio de la Crítica, el Ateneo de Sevilla de novela, el Fundación Loewe de poesía, el Julio Camba de periodismo y el Premio Nacional de Literatura, entre otros.