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ARA, COMO EL RÍO

6 Abr

CHARO JIMÉNEZ

TRISKEL EDICIONES

Los conceptos abstractos, llenos de trascendencia y gravedad, no casan bien con las pequeñas realidades de la vida diaria, el llamado “bien común” es un buen ejemplo. En esta novela se narra el caso real de Jánovas, donde alegando un pretendido bien común varios pueblos del valle del río Ara, en la comarca de Sobrarde, Huesca, sufrieron la expropiación de tierras y viviendas, con el consiguiente desalojo, a cuenta de la antigua empresa Iberduero, proceso que se prolongó desde los años sesenta hasta los ochenta del pasado siglo: “Por el “bien común”, dicen, y el fantasma del pantano, que hasta ahora no era más que una amenaza velada, deambula un poco más visible entre sus orillas”.

Charo Jiménez realiza una encomiable labor de documentación, tanto de las costumbres y vida rural de la zona, como de las penalidades que sufrieron sus habitantes y los procesos administrativos y legales que tuvieron lugar. Para transformar los datos en novela y conseguir pulso narrativo, la autora centra la historia en la vida de dos familias, y la estructura en tres partes: Antes de ayer, donde se remonta a la niñez de los protagonistas —incluidos los sinsabores de la guerra civil y el exilio—, el conflicto cuando se publica la relación de afectados, y la posterior resistencia de sus habitantes; Ayer, parte en la que se narra el final del proceso; y finalmente Mañana, donde los nietos, personalizados en la figura de Carmen, recogen el testigo después de cuarenta y dos años de lucha: “A Carmen le corresponde cicatrizar las heridas, convencer en la batalla y recuperar lo que un día les arrebataron. Cerrar la historia del pantano”. La autora utiliza saltos temporales, incluso repite las mismas escenas con pequeñas variaciones en los diálogos, anticipando así el futuro, creando intriga y consiguiendo que el fantasma del pantano vaya creciendo conforme avanza la lectura, pero ancla perfectamente los hechos mediante fechas, datos históricos y también con personajes de la época como la Bella Dorita o José Antonio Labordeta. Me ha parecido muy destacable la capacidad para reflejar las vidas doméstica y agrícola, la descripción de pequeños actos, sobre todo de las mujeres, siendo capaz de imaginar y narrar las emociones que laten bajo los hechos históricos con una muy acertada utilización del vocabulario propio de esa zona rural: fanales, charradeta, pedreñas, derramau…

El hecho más catastrófico del proceso —que los protagonistas no quieren ni recordar porque lo vivieron como un trauma, casi más que cuando tuvieron que abandonar sus casas— es la liquidación de la escuela, que implica también del futuro para los niños en ese valle, de forma violenta y a manos de la empresa. El diario de la joven maestra es el recurso narrativo de esos terribles sucesos —imágenes que nos hacen preguntarnos como se pudo tolerar—, y también del abandono de sus propios sueños profesionales confirmando la alargada sombra del pantano. Otro momento que a mí me parece especialmente triste es la desmantelación de la iglesia: los frescos al aire, la campana y el pórtico van a otro pueblo…, lo que unido a romper acequias, talar frutales, bloquear el puente o matar animales, conforman un conjunto de agresiones diarias en un largo proceso lleno de subterfugios legales en el que una vez más, como en otros acosos personales o estatales, a las víctimas se las acaba convirtiendo en culpables de su desgracia: “Por ahí dicen que es vuestra la culpa (…) Otros murmuran a sus espaldas, los tachan de chiflados”.

Esta novela es un homenaje a la gente fuerte, personalizada en dos mujeres: María y Paca, símbolos de todo un pueblo que tuvo que luchar en dos guerras: la civil y la del pantano, y no dudan de cuál de ellas les rompió más sus vidas. María con la horrible sensación de no tener pasado ni futuro: “Ese poso de exilio en la mirada, ese incendio de recuerdos, ese vórtice destructor, esa pérdida de identidad, el asesinato de sus raíces más profundas arrancadas de cuajo”; y la lúcida Paca, que pone el dedo en la llaga: “¿Y todo para qué? Para nada, para nada”. Porque la cuestión profunda de esta novela es la lucha entre el progreso y la naturaleza, el dilema de si un posible desarrollo puede pasar por encima de las personas: “¿Cuánto vale una vida? ¿Qué precio por la tierra de los antepasados, la escuela, el agua del río …”, se preguntan los protagonistas, las mismas que le hizo el Jefe Seathle en su carta al entonces presidente de EEUU (1855) cuando finalmente accedió a vender sus tierras, y que se ha convertido en un alegato ecológico mundial: “Si no somos dueños de la frescura del aire ni del fulgor del las aguas, ¿cómo podría usted comprarlos?”, porque luchar contra la naturaleza es hacerlo contra la propia supervivencia e identidad del ser humano.

Pero esta lucha de Jánovas no ha sido en balde, hay un futuro, el mismo río Ara que por su caudal fue objeto de deseo para el bien común, ha sido merecedor de conservación por su riqueza ecológica. En medio, la historia de unas personas que lucharon por salvar su pueblo, mientras el pueblo las salvaba a ellas.

Reyes García-Doncel

Charo Jiménez nace en Sevilla en 1961. Es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y ha sido profesora durante más de veinte años. Por circunstancias ajenas a su voluntad, se ve obligada a abandonar las aulas y, tras un periodo de adaptación en el que, como decía Ortega y Gasset, tiene que esforzarse en salvar sus circunstancias para salvarse ella, escribe su primera novela “Trampantojo” (Triskel Ediciones, 2015) “Ara, como el río” es su segunda novela, una historia desgarradora y fascinante que se cruzó en su camino durante un viaje al Pirineo aragonés.

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Trampantojo

6 Abr

Charo Jiménez 

Editorial Triskel 

Que la realidad y la ficción se confunden, es lo nos quiere transmitir la autora de Trampantojo. En la novela coexisten dos historias: la “imaginada” por una protagonista escritora, y la “real”, su propia vida. Charo Jiménez lleva ambas de la mano, vamos asistiendo en paralelo al crecimiento, adolescencia, primeros amores, madurez y finalmente vejez, incluso muerte, tanto de los personajes supuestamente reales como de los ficticios, pero, a lo largo de los años, unos y otros se miran, se reconocen, y se interpelan, como si de un espejo, o un trampantojo, se tratase porque la cuestión es: “entretejer la ficción con los hilos de la realidad, ¿o es al revés?”. Como si el yo real se ocultara para fabular, a partir de las experiencias, un yo deseado, porque: “Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes”, dice el alter ego de la autora.

En la historia “ficticia” Elena y Rosa viven una fuerte amistad forjada desde la niñez y la adolescencia, hasta la primera juventud, cuando Elena comete un acto de traición hacia su amiga. Esta culpa le perseguirá, le condicionará sus relaciones posteriores, las de su familia y, por supuesto, acabará con esa amistad que parecía a prueba de cualquier fuego. Mientras la escritora Teresa va creando —capítulo a capítulo la novela antes citada-, el lector descubre la historia “real” —denominada “Lo que el viento nos dejó”—, en la que también tuvo una amiga de la infancia, Irene, de la que sólo conserva sus cartas como un reclamo del tiempo, y un pasado del que tampoco se siente muy orgullosa. Algunos personajes: los familiares y el incondicional amigo César, permanecen idénticos en ambas vidas. La autora utiliza un lenguaje sencillo, pegado a la narración y de fácil lectura, lo que no le impide utilizar en ocasiones prosa poética: “No sé qué historias se habrá dedicado el viento a murmurarle a las aves esta madrugada de nidos desvelados”, prosa que se echa de menos en más ocasiones. 

Mientras se desgranan las dos historias, asistimos a reflexiones sobre la importancia del perdón, no solo hacia los demás sino hacia uno mismo; también del olvido que sana las heridas; el valor de la amistad y la familia por encima de cualquier comportamiento; y una cuestión a la que la mirada de un escritor siempre se enfrenta: la irrealidad del mundo real, o qué hay más allá de lo que vemos: “¿Recuerdas Irene? La vida es un trampantojo, nos decía tu padre (…) Una ilusión con la que quieren engañarnos haciéndonos ver lo que no es”. Un cuadro en el que la memoria y lo inventado se funden desde la verdad de la escritora. 

Charo Jiménez (Sevilla 1961), licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla, ha sido profesora durante más de veinte años en diversos Colegios e Institutos públicos de su ciudad y provincia. En palabras de la autora, y parafraseando a Julio Cortázar: “la literatura y yo andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos” Ha publicado las novelas “Trampantojo” y “Ara, como el río” ambas en la editorial Triskel.