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EL JUEGO DE LA INVENCIÓN

14 Oct

ELENA MARQUÉS

Extravertida Editorial

Que la literatura es un riesgo Elena Marqués lo sabe. Se ha enfrentado a este, siempre con buen hacer, desde que comenzó su carrera literaria, y lo asume; pero en esta ocasión ha dado un salto más y construido una novela donde propone un juego entre realidad y ficción, entre el escritor y el lector —al que a veces interpela: “¿Es que no vas a tener la piedad de detenerme?” tomando como itinerario el proceso creativo. Porque: ¿quién es cada cual? ¿Cuándo la persona que escribe comienza a ser escritor? Es más: ¿dónde termina la creación y comienza la superchería?

Estructurada en capítulos cortos, algunos de un único párrafo o incluso de una línea, esta ambiciosa novela se sustenta en dos personajes: Yago Creuet y Diego Amat, que nos llevan de la mano, nos introducen no solo en su propia psicología sino también en la de los escritores que imaginan personajes, a modo de superposición de estratos por descubrir, como se le supone a toda obra literaria que se precie. En la trama se narra tanto al proceso de plagio que Yago Creuet realiza de la obra de Diego Amat, como la absoluta fagocitación de su persona. Los capítulos se ordenan de forma alterna, con números árabes o romanos, y representan cada faceta de Yago Creuet conforme asimila la personalidad del otro, Diego Amat, en una suerte de juego de espejos entre ambos, o de Dr. Jekyl y Mr. Hyde, donde cada historia encierra otras relacionadas entre sí. Pero lo que de verdad se cuestionan estos escritores —y la autora por sus bocas— es por qué se escribe, por qué existe la necesidad irrenunciable de plasmar la realidad hecha ficción, o viceversa: Si supiese por qué escribo, tal vez no escribiría”; y arremete contra toda la industria cultural, aquellos que no escriben pero hacen alardes de escritores, con la invención no como descubrimiento, como hallazgo o acto creativo, sino como ingenio vanidoso para fabricar la figura del escritor de éxito. “Se había rendido a la industria cultural (…) Dejó de escribir para convertirse en escritor”

Los escenarios de la trama son tres: la casa familiar en Colombia, origen de Yago Creuet , donde la autora da rienda suelta a su predilección por la literatura sudamericana de la que es admiradora confesa, y crea un mundo cercano al realismo mágico con la lluvia, por supuesto, como protagonista: “El pobre veía musgos que le tapizaban el abdomen, membranas que le crecían en la juntura de los dedos, sapos que se le colaban por la garganta y pedían auxilio con su propia voz de medio hombre”; la casa, o más bien la habitación, donde malvive Diego Amat, y donde el proceso de asimilación y plagio se va produciendo paso a paso; y el desastrado bar en el que ambos se conocieron y se reúnen cada día Día de perros, nombre muy en consonancia con la lluvia omnipresente —Quizás la lluvia nos estuviera borrando del mapa”— que envuelve el relato.

Los que ya conocemos a Elena Marqués sabemos de su respeto y amor por la lengua, pero en esta obra se ha superado: hay un magnífico dominio del lenguaje, culto, riguroso, rico en vocablos, a menudo de procedencia latinoamericana —¿Yago Creuet es colombiano para propiciar el uso de estos vocablos y como homenaje a García Márquez?—, juegos de palabras, admiración por el diccionario al que hace alusión numerosas veces, todo envuelto en un tono de humor sin estridencias, en una prosa repleta de poesía, y tamizada por la originalidad de su ojo de escritora — ella sí lo es— el que todo lo ve, lo que hay dentro y fuera de los personajes, de los autores y del lector.

“Escribo para tener derecho a mentir”. ¿La literatura es una mentira? Por cierto, está lloviendo, y no es una lluvia cualquiera, quién lea el “El juego de la invención” debe estar preparado para lo que le pueda ocurrir pues hay escritores que solo escriben “para que nunca deje de llover”.

Elena Marqués Núñez (Sevilla 1968), filóloga y correctora de textos, inicia su carrera literaria en 2010. Desde entonces ha sido galardonada en numerosos certámenes literarios y publicado en diversas antologías y revistas, llegando a ser finalista del Premio Fernando Lara de Novela 2016. Autora de las novelas El último discurso del general Santibáñez, Versos perversos en la cubierta azul del Mato Grosso, ambas en Ediciones Oblicuas, y El largo camino de tus piernas (Tau editores 2015), disfruta trazando relatos que aparecen recogidos en La nave de los locos (VII Premio Vivendia-Villieres) y Diversas formas de ir a la deriva (Tau editores 2017). El pasado año publicó la novela Año sabático, 2017. Como poeta ha publicado Lo sublime y el frío, libro con el que obtuvo el I Premio Alvaro de Tarfe; y la lluvia perpetua (accésit en el IX Certamen Nacional de Poesía Rumayquiya) que aparece en un volumen junto al ganador de la edición.

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Tengo miedo de escribir

5 Oct

Tengo miedo de escribir. Es tan peligroso. Quién lo ha intentado lo sabe. Peligro de hurgar en lo que está oculto, pues el mundo no está en la superficie, está oculto en sus raíces sumergidas en las profundidades del mar. Para escribir tengo que instalarme en el vacío. Es en este vacío donde existo intuitivamente. Pero es un vacío terriblemente peligroso, de él extraigo sangre. Soy un escritor que tiene miedo de la celada de las palabras: las palabras que digo esconden otras ¿Cuáles? Tal vez las diga. Escribir es una piedra lanzada a lo hondo del pozo (…) Escribir es la manera de quién usa la palabra como un cebo, la palabra que pesca lo que no es palabra. Cuando esa no-palabra —la entrelínea— muerde el cebo, algo se ha escrito. Cuando se ha pescado la entrelínea, se puede con alivio tirar la palabra.

Clarice Lispector

 

El trabajo de escribir puede parecer muy seguro. Normalmente se realiza en una casa o cualquier otro territorio conocido, en silencio y rodeado por objetos que —a menos que te lo metas por un ojo o te electrocutes— no son hirientes: lápiz, papel, ordenador …, por lo que puede parecer una actividad sosegada, incluso aburrida. Nada más lejos de la realidad. El escritor/ a suele ser una persona curiosa, a la que le gusta levantar los velos, las tapaderas, hurgar y sacar lo que se acumula en los agujeros de nuestra alma, huela bien o no, lastime o deleite, sangre o cicatrice. La mayoría de las veces ni siquiera sabe lo que se va a encontrar, pero insiste, porque otra característica de los escritores es que suelen tener un natural obsesivo, una necesidad insaciable de remover temas que ya parecerían agotados: el amor y la muerte, el bien y el mal, la voluntad o el destino…, para sacarles más punta, para darles otra vuelta de tuerca. Como nos dice Clarice Lispector, son unos aventureros que se internan por sendas sin abrir y mares sin cartografiar, instalados en el vacío de la intuición, esperando ese fogonazo de sabiduría que ilumina de vez en cuando la conciencia.

Y por si fuera poco, el material de trabajo son las palabras, las tramposas que te llevan al lugar equivocado, las traidoras que tienen significados dobles, las deslumbrantes que suenan en el aire como cometas a los que agarrarse para cruzar el cielo, las refrescantes como el agua limpia, las palabras. Jose Angel Valente dijo que la poesía — y yo me atrevo a ampliar que toda la Literatura—, es “un conocimiento haciéndose”, aquel que se produce durante el mismo proceso creador.

Pues de escribir y leer, esas actividades de alto riesgo, de la Literatura y todo el mundo que la rodea trata nuestro programa La Inopia. Os invitamos a la aventura.

Reyes García-Doncel Hernández

Dos películas sobre escritores sin inspiración

26 Nov

La inspiración muchas veces es esquiva, como ocurre en estas dos magníficas películas que hablan sobre escritores que luchan para que vuelvan las musas.

Adaptation. El ladrón de orquídeas. Spike Jonze (2002).

Peculiar película de Charlie Kaufman que cuenta la historia de un bloqueo creativo del propio autor, una meta historia que analiza tanto el plano humano como el profesional de un escritor y guionista de cine.

 

Barton Fink.  Joel e Ethan Coen (1991)

El protagonista es otro escritor de fama reciente, al que contratan para escribir el guión de una película de serie B en Hollywood, sobre un tema que desconoce. Humor negro al más puro estilo de los Cohen, para contar las vicisitudes en las que se ve envuelto con su vecino de cuarto (John Goodman) mientras busca la inspiración.