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Cartas de Siracusa

17 Mar

LUCÍA FELIU

ED. ALMUZARA ARCOPRESS S.L.

Reconozco que nunca he sido muy aficionada a los thrillers históricos, por lo que me adentré en esta novela con reparo, sin embargo la perfecta descripción del trabajo científico en el laboratorio, así como el sugerente relato sobre los cristianos del siglo II, me engancharon a la trama histórica-científica-religiosa que comienza con el encargo del Vaticano a un equipo de científicos, para que certifiquen la identidad de tres corposantos, venerados como reliquias en diferentes iglesias de Italia. Pero será una, Santa Lucía de Siracusa, la que los llevará mucho más lejos de los que ellos pensaban, tanto en su trabajo como en sus vidas personales. Los expertos que se enfrentan al reto son: Francesco, sacerdote y erudito arqueólogo, comprometido con la pureza de la fe, que nos traslada con su sabiduría a la vida cotidiana y martirio de los primeros cristianos; Olivier, biólogo francés, extrovertido y vital; el jefe del equipo, Teo Valdés, prestigioso antropólogo forense, gran conocedor de las heridas tanto corporales como emocionales del ser humano, quizás de ahí su carácter huraño y contradictorio para los jóvenes, y a veces inexpertos, ojos de Ángela Blanco, bióloga del CSIC, huérfana de padres, criada por su tía, solitaria y volcada en su trabajo, que nos narra la historia en primera persona.

La novela comienza en media res tras un accidente sufrido por Ángela en Egipto, que nos sitúa de lleno en el conflicto, en la investigación científica que estaban llevando a cabo, y además presenta su relación amorosa con Teo Valdés. A partir de ahí, comienza el desarrollo de la historia que resulta ser una mezcla entre intriga criminal, investigación científica, historia de amor y metáfora histórico religiosa. La autora nos lleva por diferentes escenarios, desde Roma y sus catacumbas, a los asépticos laboratorios donde los protagonistas comienzan su búsqueda sin imaginar lo que les cambiaría la vida, las inundadas necrópolis de los coptos en Egipto, los lujosos salones del vaticano, los no menos lujosos de la alta sociedad parisina, el olor fresco de los pinos del Mediterráneo oriental, el de unas rosas muy especiales en un escondido valle cerca del Éufrates, pasando por Zahara de los atunes en Cádiz.

A lo largo de la narración se va sucediendo una trama, cada vez más intrincada, a la búsqueda de los orígenes familiares de Sata Lucía de Siracusa con una carta de León de Alejandría como única hoja de ruta. Es evidente que a tenor de mantener la intriga no resulta aconsejable descubrir nada del contenido de la carta, pero apuntaremos que en ella se hace mención a un oficio artesanal clave para la resolución del enigma. Enigma que se ha complicado más allá de la rutinaria identificación de unos corposantos. La voz en primera persona de Ángela Blanco no narra también su propia historia, vemos que tras su eficiencia profesional se esconden miedos e inmadurez afectiva; y asistimos a la superación de esos miedos a través de la entrega y la confianza en el otro, en lo que el amor significa de conocimiento y desarrollo personal, de liberación emocional.

Posee la autora capacidad para que se acumulen los datos, las preguntas sin resolver y conseguir que el lector continúe leyendo, con un estilo sencillo y fluido, y un equilibrio entre los diálogos y las explicaciones técnicas —en las que utiliza con acierto a Francesco para las teológicas-históricas y a Oliver para las científicas—; y ha realizado un magnífico trabajo de documentación, de forma que nos sumerge en las pruebas forenses, en los paisajes, en los entornos históricos, o en la vida de los primeros cristianos con fiabilidad y precisión. Pero, a mi entender, se ha centrado demasiado en este objetivo —repito: conseguido con creces—, por lo que tanto en la estructura de la trama —la resolución final es acelerada para la dinámica del resto de capítulos—; como en la construcción de los personajes —la historia de amor antes mencionada no muestra suficientes matices—, se percibe cierta falta de atención.

La descripción de los trabajos científico y las intrigas palaciegas, en el más amplio sentido del término, son importantes, pero donde la autora nos quiere llevar realmente es a cuestionarnos las causas de la pérdida de la fe, así como al papel jugado por la iglesia en ello, porque Lucía de Siracusa y León de Alejandría son piezas clave en la resolución del enigma, pero también se terminan convirtiendo en un referente moral para los investigadores, aunque se declaren ateos. La absorbente intriga irá más lejos: a denunciar las implicaciones de la tecnología y las empresas en el futuro del planeta, y nos muestra como los humanos seguimos batallando con los mismos anhelos y esperanzas que los cristianos del siglo II.

Lucía Feliu Zamora, licenciada en Filología Inglesa, realizó estudios de posgrado y cursos de especialización en Guildhall University, Londres y Portobello House Internationa School, Dublín, además de en la Universidad de Toulon, Francia. Ha vivido largas temporadas en países como Irlanda, Inglaterra, Francia, Grecia, Turquía, Italia y Marruecos, y en la actualidad es profesora de Inglés en un Instituto de Enseñanza Secundaria en Sevilla, ciudad en la que nació. Desde niña escribe cuentos, microcuentos y relatos, y ya adulta, se adentra en los lindes de la novela con títulos como Blue Moon, El secreto del Maloca, o El Faro de Beaumont Place, entre otros. Su gran pasión junto a la escritura es viajar, y consigue refundir amabas en su oficio como narradora.

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