Tag Archives: las sin sombrero

¡Ah, los españoles!

6 Dic

¡Ah, los españoles! Esa gente sin definición posible. Claro que nuestra emigración no fue perfecta. El español no sabe qué hacer con la perfección, como no sea torear un toro. Le molesta ceñirse a normas. Cuando es insensato alcanza cimas prodigiosas, y cuando se arrepiente de su insensatez, está dispuesto a todas las penitencias. Estamos fabricados a fuerza de fracasos históricos, qué no sé si hicieron del español un ser heroico o testarudo. Pues bien, esa gente difícil aceptó su destino. Fueron pocos los que pasaron la frontera francesa. Fueron miles de millares los que se quedaron con su testaruda lealtad al pueblo donde habían nacido.”

María Teresa León

Escritas desde el exilio hace casi 80 años sus palabras siguen siendo -lamentablemente tras las elecciones en Andalucía- más vigentes más que nunca. “Estamos fabricados a fuerza de fracasos históricos”. Duelen, estas palabras duelen porque parecen constatar que no tenemos remedio. No gusta sentirnos geniales, no cumplir normas propias de gente aburrida y sin imaginación —aunque cualquiera que haya viajado por centroeuropa agradece el civismo de sus habitantes—, nosotros somos españoles, tierra del arte y el duende, capaces de escribir el poema más sublime o pintar el cuadro más luminoso… Y es cierto, pero también de contribuir a la mayor barbarie que destruya esas maravillas creadas. ¿Cuánto de Lorca hemos perdido por la brutal intolerancia?

Maria Teresa León dice: “somos capaces de hazañas heroicas”. Miedo me da hacia donde puede llevarnos esa heroicidad. Echo de menos un poco más de generosidad y renuncia, y un poco menos de cerrazón; más opiniones reflexionadas y menos consignas como dardos; más amplitud de miras y menos heroísmo, a menudo testicular u ovárico. Puede que seamos capaces de alcanzar cimas prodigiosas y enormes penitencias, pero a ambas las carga el diablo, y no sabemos en qué infierno pueden encerrarnos. Puede que sigamos aferrados con “testaruda lealtad al pueblo donde hemos nacido”, hay muchas patrias, cada partido político te vende la suya, patrias chicas y grandes, pero no creo que merezca la pena morir, o entregar la libertad, por ninguna de ellas.

Reyes García-Doncel

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Últimas reflexiones sobre Maruja Mallo

2 Dic

Hoy no hablamos de lo que dijo Maruja Mallo, sino de lo que dijeron de ella.

Durante los años de la guerra y el exilio, Mallo se convertiría en un miembro de la generación del 27, la misma en cuyo recuerdo se obvia a las mujeres. Muy cercana a Dalí y a Lorca, Buñuel no la soportaba, entre otras cosas por su opción por el amor libre, lo que le llevó a decir sobre ella con desprecio: “¡Queda abierto el concurso de la menstruación!”

Maria D. Almeyda

 

Einstein, quizás la mente más inteligente del siglo XX, era un declarado
machista y maltratador como ha quedado recogido en las cartas a su esposa, también científica y colaboradora en su teoría de la relatividad, no sabemos a qué nivel. Parece que la genialidad no te libra de los prejuicios, ni de la estupidez.

Esa frase dicha por Buñuel es de sobra conocida, incluso cuando Maruja fue a visitarlo a su casa de México, el aragonés le reprendió con que: “las mujeres no deben decir palabrotas”. Es muy probable que a ella su opinión le importara poco habiendo ganado en 1926 una competición de blasfemias en el café San Millán de Madrid, en reñida lucha con Rafael Alberti, su entonces amante; y habiendo escandalizado a los feligreses de una iglesia de Arévalo, cuando siendo profesora de dibujo del instituto se coló en la misa montada en bicicleta, avanzó por el pasillo central, giró por el altar mayor, y soltando una de las manos saludó a todos como despedida de curso.

Maruja Mallo junto a las otras mujeres artistas de la generación del 27, las llamadas Sin Sombrero, tuvieron que luchar contra el machismo de la sociedad y también el de sus colegas surrealistas, que empuñaron la bandera de la liberación pero no para la mujer, a la que seguían viendo como a una musa, o un objeto sexual, un complemento sin capacidad de ser sujeto. Fueron una vanguardia que excluía a las mujeres.

Hasta hace pocos años Maruja Mallo no ha encontrado un sitio en la colección permanente del Reina Sofía de Madrid.

Reyes García-Doncel

Paseando con Concha Méndez

7 Nov

 

Casi siempre me reunía con Concha Méndez para ir al Museo del Prado. Nos paseábamos mientras mirábamos a todos aquellos personajes tan pintorescos que pasaban a nuestro lado. Salíamos del centro y nos íbamos a inspeccionar otros barrios. En todo Madrid estaba prohibido que las mujeres entraran en las tabernas; y nosotras, para protestar, nos pegábamos a los ventanales a mirar lo que pasaba dentro… Era una forma infantil de protestar, más bien no sabíamos lo que hacíamos. Solo cuando salí de Madrid supe lo provinciana que era esta ciudad que creíamos el centro del mundo.”

Maruja Mallo

 

Centro y periferia. Dos amigas, jóvenes y guapas, me las imagino cogidas del brazo, sonrientes, y por supuesto sin sombrero, saliendo a enfrentarse con la ciudad. En el centro, como es de esperar, se sitúa el canon establecido: museos, bancos y clases acomodadas; el espíritu de aventura les impulsa a investigar los barrios periféricos. Pero resulta que allí, ellas siguen siendo las afueras, las afueras de un mundo masculino que dictamina, según un código antiguo y ridículo, qué y quién es centro o periferia, y que ellas sólo pueden atisbar a través de los cristales, pegando sus narices con voluntad de permanencia, de gritar que existen. Pero el tiempo pasa, el mundo se hace más grande, y el Madrid que les fascinaba e irritaba a partes iguales, se convierte en una ciudad satélite de otras más avanzadas.

¿Cuándo se produce este cambio? Cuando la mente se expande hay un trasvase de prioridades y valores entre centro y periferia, hasta que uno se transforme en otra. Por lo tanto no es una cuestión espacial, es un cambio de nuestra brújula interna que cada cierto tiempo se reorienta hacia destinos desconocidos.

Reyes García-Doncel