Tag Archives: Maruja Mallo

Describiendo el cuadro que imagina.

15 Nov

Nada extraño es ver en la verbena a los ángeles cabalgar sobre un cerdo o guiar los automóviles de los carruseles. Con frecuencia, cruzan precipitadamente las plaza del brazo de los soldados o corren perseguidos por los carabineros […] Al mismo tiempo que el demonio pasa espantado en un coche de punto, los sacerdotes torean en las barracas y giran en las norias […] Aparecen agigantados burlescamente reyes, nobles, burgueses, toreros, boxeadores y manolas. Todos estos personajes tienen presencia grotesca, realidad de fantoches… aun así, en contra de lo que dicen, yo no soy surrealista, solo describo la realidad”

Maruja Mallo

 

Los ángeles de Bartolomé Esteban Murillo no tienen el mismo aspecto que los de Maruja Mallo, los primeros son tiernos y aniñados, los otros van del brazo de soldados borrachos en una verbena. Porque para la pintora hay otra realidad por debajo de sus rizos rubios; como por debajo de sus capas de armiño los reyes son bufones, o de sus sotanas los curas son matarifes… La realidad tiene dos caras, o tres, o un caleidoscopio si uno es artista y enfoca la mirada desde el otro lado.

El hombre primitivo pintaba bisontes para conjurar la caza, hoy día a muchos pueblos indígenas no les gusta que les hagan fotos porque, según ellos, se les roba el alma. Nos parece una idea pueril y atrasada, ¿pero qué hay detrás de lo que vemos? ¿Es nuestro ojo, el humano, la única medida? Maruja Mallo pintora, mujer culta de la generación del 27, se defendía arguyendo que el surrealismo es la otra realidad, la que también existe aunque no lo capte un fogonazo de luz sobre la retina.

Quizás es que no sepamos aceptar esa visión de fantoches, puede ser tan insoportable que hasta Satanás se asuste y se quite de en medio en un coche de punto.

Reyes García-Doncel

 

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Paseando con Concha Méndez

7 Nov

 

Casi siempre me reunía con Concha Méndez para ir al Museo del Prado. Nos paseábamos mientras mirábamos a todos aquellos personajes tan pintorescos que pasaban a nuestro lado. Salíamos del centro y nos íbamos a inspeccionar otros barrios. En todo Madrid estaba prohibido que las mujeres entraran en las tabernas; y nosotras, para protestar, nos pegábamos a los ventanales a mirar lo que pasaba dentro… Era una forma infantil de protestar, más bien no sabíamos lo que hacíamos. Solo cuando salí de Madrid supe lo provinciana que era esta ciudad que creíamos el centro del mundo.”

Maruja Mallo

 

Centro y periferia. Dos amigas, jóvenes y guapas, me las imagino cogidas del brazo, sonrientes, y por supuesto sin sombrero, saliendo a enfrentarse con la ciudad. En el centro, como es de esperar, se sitúa el canon establecido: museos, bancos y clases acomodadas; el espíritu de aventura les impulsa a investigar los barrios periféricos. Pero resulta que allí, ellas siguen siendo las afueras, las afueras de un mundo masculino que dictamina, según un código antiguo y ridículo, qué y quién es centro o periferia, y que ellas sólo pueden atisbar a través de los cristales, pegando sus narices con voluntad de permanencia, de gritar que existen. Pero el tiempo pasa, el mundo se hace más grande, y el Madrid que les fascinaba e irritaba a partes iguales, se convierte en una ciudad satélite de otras más avanzadas.

¿Cuándo se produce este cambio? Cuando la mente se expande hay un trasvase de prioridades y valores entre centro y periferia, hasta que uno se transforme en otra. Por lo tanto no es una cuestión espacial, es un cambio de nuestra brújula interna que cada cierto tiempo se reorienta hacia destinos desconocidos.

Reyes García-Doncel

Arquitectura íntima de la naturaleza

1 Nov

Descubro que el orden es la arquitectura íntima de la naturaleza. Observo en el microscopio los cristales de la nieve. Observo las construcciones campesinas, la íntima estructura de los frutos y de las espigas, la estructura de los animales (…) Descubro un orden numérico y geométrico que rige todas estas estructuras (…) Busco la expresión de ese orden, de esa armonía, de ese equilibrio regido por el número

Maruja Mallo

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Recuerdo que a mis alumnos les maravillaba, como a Maruja Mallo, la observación de los cristales del mineral Calcantita. Los átomos azules habían caído, durante dos semanas, en el fondo del cristalizador, y formado perfectos prismas maclados, como estrellas o picos de cordilleras lejanas. Ordenación paciente de la materia frente al caos en sus cerebros adolescentes.

Existe ese “orden numérico y geométrico” que rige todas las estructuras naturales al que se refiere Maruja Mallo. Se descubre a poco que observes la disposición de los brotes de los helechos, las inflorescencias de los girasoles, el giro de las galaxias, incluso el crecimiento de nuestro propio pelo, en forma de espirales que se rodean y cierran sobre sí mismas con voluntad de infinito. Responde a parámetros racionales, a secuencias matemáticas, no es nada extraño, lo maravillosamente extraño es que sean tan bellos. Y buscamos como ella “la expresión de ese orden, de esa armonía, de ese equilibrio regido por el número”, en la métrica de los versos, en el ritmo de una narración o en el compás de la música.

Desearíamos apresar un poco de esa belleza, es cierto, pero la ordenación de la materia cristalina tiene también un efecto tranquilizador: aunque todo se derrumbe, sabemos que la Calcantita seguirá fabricando prismas triclínicos en algún lugar del universo, y nuestro cerebro, siempre adolescente, lo agradece.

Reyes García-Doncel