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Mala letra

18 Feb

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Sara Mesa

Editorial Anagrama

¿Qué se puede hacer cuando se tiene esa “maldita capacidad de ver siempre las cosas desde al ángulo podrido”?, ¿que se puede hacer cuando sientes estar en la cuerda floja y en cualquier momento puedes perder el equilibrio? La respuesta es escribir, aunque sea con mala letra porque una coge el lápiz torcido, escribir para “dándole forma al horror evitar la realización del horror”.

Y por situaciones inquietantes, amenazadoras o directamente por el horror, nos pasea Sara Mesa en estos relatos, que van desde el abandono infantil, al asesinato, pasando por el suicidio de ancianos y adolescentes. Relatos duros en los que la autora nos obliga a mirar la realidad por el lado oblicuo, en los que la indefensión, “el mundo es impasible ante cualquier cosa que suceda, por inusual, horrible y cruel que ésta sea”, y el sentimiento de culpa sobrevuelan e incluso se heredan de madre a hija. Muchos protagonistas, o el personaje principal sobre el que se centra la historia, son niños y niños en transición a la adolescencia, quizás porque en esa época la cuerda está más floja que nunca.

Respecto a los relatos que me han impactado más:

En Palabras- piedra, la predestinación dirigida, la falta de comprensión y compasión llevan al desastre total. Esas palabras, instrumentos para herir, se convertirán en frases-piedra cuando la adolescente crezca, cuya historia se retoma en el primer relato, El cárabo: una llamada desde lo prohibido para escapar de la vida asfixiante llena de hipócrita moralina con sus tíos.

En Apenas unos milímetros —la historia de un chico que únicamente puede mover sus pupilas—, nos introduce en la culpa de la salud frente a la enfermedad, de la vida frente a la muerte, y en el instinto de conservación que se manifiesta al no querer presenciar lo ingrato de la vida, ¿es que acaso tiene derecho a ser mostrado? se debate la narradora, mientras que el director del instituto, muy en las nuevas pedagogías, personifica la postura casi ridícula de lo políticamente correcto.

Niños son también los protagonistas de Papá es de goma, en este acaso abandonados pero intentando mantener la realidad de un padre que todavía existe. Resulta enternecedor ese afán, ese deseo de normalidad que a veces consiguen, como cuando están viendo la TV o haciendo los deberes después de cenar. Pero mantener su mundo tiene un resultado escalofriante.

Creamy milk and crunchy chocolate, y Nosotros los blancos suceden Cárdenas, esa metrópoli imaginada por la autora, en la que también transcurre su novela Cicatriz, y que se caracteriza porque las chicas pueden desayunar solas y llevan botas anchas con lazada atrás y sin tacón. El protagonista del primer relato acaba asumiendo las culpas de todos con los que se relaciona; mientras que en el segundo, sin embargo, la culpa de un crimen es rechazada en el mismo ambiente turbio de pensiones baratas que le supone a su moral.

Y para concluir —los nombrados en esta reseña que no el libro—, la autora nos fabrica dos relatos de autoficción: en Mármol, sobre el mundo de su infancia, nos presenta a ese profesor que le corregía la forma de coger el lápiz; y en Mustélidos, un alter ego de la escritora nos confiesa que su timidez, percibida como altivez o indiferencia, es producto del desconcierto que le supone estar siempre en la cuerda floja.

Sara Mesa se atreve a mostrarnos la turbidez que esconde una vida de apariencia normal, con una prosa de pocas concesiones a los adornos literarios, precisa, directa, que a veces raspa. Un estilo y una voz muy reconocidos ya en la narrativa española actual.

Sara Mesa (Madrid 1976), ha publicado dos libros de relatos: La sobriedad del galápago (2008), y No es fácil ser verde (2009), además de las novelas El trepanador de cerebros (2010), Un incendio invisible (2011) Premio Málaga de Novela, y Cuatro por cuatro (2013), esta última Finalista del Premio Herralde de Novela en 2013, y “Cicatriz”, Premio El Ojo Crítico de Narrativa y elegido entre los libros del año por numerosos medios de comunicación. Su primer poemario, Este jilguero agenda (2007) fue galardonado con el Premio Nacional de Poesía Miguel Hernández.

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CICATRIZ

27 Feb

Maquetación 1CICATRIZ / Sara Mesa/ Ed. Anagrama

En su cuarta novela Sara Mesa aborda un tema definitivamente incorporado a nuestras vidas: la comunicación, la amistad, incluso el amor en las redes, donde la lejanía permite mantener los equívocos, queriendo o no, el engaño y la impostura.

La narración se sostiene únicamente con dos personajes, Sonia y Knut, el resto son comparsas que aparecen para poner en jaque o afianzar la relación entre ambos, una relación de amor y odio que surge por el contacto casual en un chat literario. A partir de ahí, se sucede un continuo intercambio de correos (la novela tiene un magnífico tono epistolar), y de regalos por parte de Knut, al principio libros, después toda clase de objetos, que tienen la peculiaridad de haber sido robados, habilidad de la que él se siente muy orgulloso. Lo que para Sonia empieza como un juego, se va transformando en una presencia permanente en su vida que le divierte, le aburre, pero sobre todo le atosiga. Knut se muestra como una persona excesiva, siempre interrogando, pidiendo cuentas de todo lo que le ha regalado, en un feed-back agotador que Sonia resuelve con engaños o con ira cuando llega al límite de su aguante, en cualquier caso en una relación que se le escapa de las manos. Su personalidad es menos fuerte que la de Knut, menos estricta consigo misma, y se deja llevar, eso permite que él la domine: “Tan exhaustivo. (…) Yo terminaba cansándome y poniendo distancia. Después me sentía culpable y regresaba”.

Kunt Hamsun toma su nombre de un escritor noruego de la primera mitad del XX, que fue olvidado porque apoyó a los nazis, muy acorde con la personalidad que poco a poco manifiesta: obsesivo, clasista, desproporcionado, muy individualista, rígido, machista: “Yo voy en línea recta: rectitud y dureza, tal como determina la simbología masculina. ¿Y cual es la simbología femenina?, pregunta Sonia. El círculo obviamente, donde vosotras estáis atrapadas”; y misógino: “… tenía puesta una compresa, mirar el símbolo de vuestra aberrante fisiología…”. A lo largo de la historia Knut tiene sexo con otras mujeres, pero confiesa que prefiere la represión y la fantasía perversa, lo que consigue regalando profusamente lencería de lujo a Sonia. Cree en la predestinación, y en una suerte de iluminación cósmica como guía espiritual para explicarse el mundo. Por supuesto justifica los robos (Sonia también lo hará) porque: “Siempre hubo cazadores y cazados, vigilantes y ladrones, control y descontrol”.

La relación discurre entre una actuación de él y una dejación de ella, por mentira consciente o por incapacidad de expresar su negativa, pero de la que ya no puede escapar porque sus regalos (transacción económica al fin y al cabo) la han convertido en dependiente, o por la vanidad de verse querida de esta manera tan intensa, o por lo que la autora nos termina descubriendo: la atracción de lo fatal, la seducción de lo repulsivo. Sara Mesa, a pesar de las referencias continuas a centros comerciales reales y a marcas de moda, crea una atmósfera atemporal. Un mundo con pocas concesiones a lo superfluo, en general hostil: trabajos aburridos, ciudades anodinas, edificios decadentes… Y lo narra con una prosa directa, precisa, que raspa, sin concesiones a adornos literarios.

Una característica de las ciber relaciones es la ausencia de contacto físico. La autora plantea la cuestión: ¿es necesario? En un momento dado Sonia dice: “Verlo o no verlo era lo de menos (…) lo sentía como un personaje, yo misma actuaba como un personaje”. Pero en el relato hay continuas referencias al aspecto de Knut, no muy agraciado, incluso vulgar, y cuando tienen su primer contacto en el mundo real, ella se decepciona. ¿Pero qué es la realidad, internet o el mundo físico?

Sara Mesa nos ofrece una inquietante visión de la sociedad actual, donde el aislamiento y la incomunicación se producen a pesar de tener al alcance una infinidad de herramientas para estar conectados. Hay nuevas formas de comunicación, pero también hay nuevas formas de soledad. Magnífica novela de esta reconocida voz de la narrativa actual.