LA BIBLIOTECA DE FUEGO

18 Nov

MARÍA ZARAGOZA

ED. PLANETA. Premio Azorín de Novela 2022

“A veces las personas pequeñas hacen grandes cosas y guardan después silencio” Las personas pequeñas hacen la Historia y las novelas muestran su vida mientras transcurren esos grandes hechos con mayúscula, como es el caso de La biblioteca de fuego que nos sumerge con maestría en la convulsa y apasionante década de los años treinta en España, desde la proclamación de la República hasta el final de la guerra civil.

Los primeros años aparecen alegres, con la conquista de libertades y la ilusión de Tina, la protagonista, por ser bibliotecaria; pero pronto pasa arrasando sobre sus amigos, su familia, la violencia feroz de la guerra, en la que ella madura —“la vida se había abierto paso en la ficción a puñaladas” —; luego vienen los años grises tras la victoria fascista, donde debe aprender a vivir de nuevo. La novela se centra en los pormenores de la recuperación, catalogación y protección de los libros de varias bibliotecas en Madrid, también de las obras de arte del Prado, durante la guerra. El ideal a conseguir es que todos los libros se salven de la destrucción —duele mucho leer el relato de los bombardeos sobre la Biblioteca Nacional y el Museo del Prado— para lo que los funcionarios de cultura trabajan sin descanso. Existe una Biblioteca Invisible, conocida solo por unos cuantos escogidos, donde van a parar todos los libros que deben ser necesariamente protegidos. Tina y su amiga Veva —personas pequeñas a las que las circunstancias obligan a realizar el viaje del héroe— sueñan con ser bibliotecarias, pero terminan siendo soldados de los libros.

La biblioteca del fuego se puede considerar una novela histórica por los hechos que narra y por la profusa documentación que la autora maneja, a la que hay que reconocer un trabajo memorable, pero sobre todo que no la haya utilizado para mostrar su erudición, sino como marco para que sus personajes sientan, sueñen, se frustren, luchen, vivan y mueran. María Zaragoza construye una trama perfectamente hilvanada —lo que no es fácil dada la profusión de hechos y datos—, engarza con dominio las trayectorias vitales de los personajes con el desarrollo de los acontecimientos históricos, sus encuentros y desencuentros, sus amores y odios, de forma lógica pero apasionada a la vez. La historia es capaz de crear una intriga que, a mi entender, la convierte en una novela de aventuras y de misterio también. Y como ya nos tiene acostumbrados, en su estilo sereno, sin adornos superfluos, sin descripciones innecesarias —habiendo no obstante algunas memorables como la de los bigotes de los huéspedes de la pensión—, sin grandes párrafos que hilvanen largas oraciones, pero transmitiendo emoción, fidelidad por los detalles y veracidad.

Además de la protagonista Tina y su íntima amiga, Veva, cuyos arcos de desarrollo y cambio están perfectamente definidos —apuntado más arriba el viaje del héroe que ambas realizan—, el resto de los personajes forman un conjunto variado de caracteres que desprenden humanidad, con sus grandezas y sus miserias, que fueron muchas, como en todas las guerras. Nombrar en especial a la tía Paca, dueña de la pensión Colmenares, mujer protectora, de carácter pragmático, moderna a su modo, y sobre todo espiritista: “Si de algo sabía mi tía era de la muerte. Con la misma eficacia que podía hablar con los muertos, olía la putrefacción antes de que comenzase”, que hasta de los fantasmas consigue que te duelan sus atormentadas vidas. Cada uno de los personajes secundarios tiene importancia en la trama: Angustias, Estrellita, los caballeros huéspedes, Rayo de luna, Blanca Chacel… algunos son de lujo: Pablo Picasso, Fernando Villalón y el mismísimo Federico García Lorca; o asociaciones como el Lyceum Club femenino donde las dos jóvenes fueron aceptadas y se les permitió acceder a libros de contenido feminista. En toda buena historia hay un villano, en este caso el Conde Duque, que parece omnipresente y reaparece aun cuando se creía destruido con el poder de sus largos tentáculos. Y como no podía ser de otra manera en un libro que trata sobre las miserias y las grandezas humanas, no falta el amor, eso sí atormentado, clandestino, pero a la vez salvador porque: “La realidad se tolera con más facilidad cuando descubrimos que la voracidad del amor nos salva”. Personajes resignados a vivir en un ambiente de miedo, penurias, hambre y represalias, que está muy bien descrito: “Que los matase el invierno, para muchos de los que se habían derrumbado entre los escombros y la tristeza, habría sido un regalo”. El Madrid sitiado, con sus túneles, sus barricadas, sus plazas, juega un papel fundamental en la historia, una ciudad bien construida en la narración de forma que se casi se puede considerar un personaje más.

La Biblioteca del fuego trata los grandes temas de la literatura, también es una denuncia social y política, pero sobre todo enfatiza la importancia de la cultura, de la lectura para poder considerarnos seres libres, siendo heredera, o hermana, de otras novelas sobre proteger libros, sobre bibliotecas perdidas, sobre el peligro de leer en tiempos convulsos: Fahrenheit 451, Ray Bradbury; El nombre de la rosa, Umberto Eco; La librería, Penelope Fitzgerald; La sombra del viento, Carlos Ruiz Zafón; Leer Lolita en Teherán, Azar Nafisi…

 No hay mejor modo de terminar esta reseña sino con la respuesta de la propia Tina a alguien que, agotado por el ímprobo trabajo que llevaba realizando en penosas condiciones, pregunta por qué los sublevados van a querer destruir la Biblioteca Nacional o el Museo del Prado: “Porque el arte y la cultura traen esperanza; porque el saber y el conocimiento son la mejor oposición al fascismo; porque nos han marcado como a enemigo, porque como borregos silenciosos seríamos más manejables”. Así pues, amigas y amigos, lean, siempre lean, La biblioteca de fuego o cualquier otro libro porque estarán homenajeando a esta.

Reyes García-Doncel

María Zaragoza (Campo de Criptana 1982) es conocida en el panorama literario por sus cuentos y relatos cortos, de gran difusión en numerosas antologías, así como por sus guiones y novelas. Entre ellas Dicen que estás muerta (Premio Ateneo Joven de Sevilla 2010) y La biblioteca de fuego (Premio Azorín de Novela 2022). Su obra Realidades de humo ha sido adaptada al cine, y en 2019 recibió el XXVII Premio de Guion Radiofónico Margarita Xirgu de RNE por Un candidato para el fin del mundo. También se ha adentrado en la literatura infantil y juvenil con su obra Baba Yagá.

Fue becaria de la tercera promoción de la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores. Colabora de forma habitual en jornadas literarias y eventos culturales. Compagina la escritura de guiones de cine con su labor como tutora de narrativa y dramaturgia de la Fundación Antonio Gala y, por su labor en favor de la igualdad, ha recibido el reconocimiento del Instituto de la Mujer de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.

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LA NOSTALGIA DE LA MUJER ANFIBIO

15 Oct

Cristina Sánchez-Andrade

Ed. Anagrama. Narrativas hispánicas.

Elige un tema: «La vida no vivida es una enfermedad de la que se puede morir. C. G. Jung», cita que para situarnos inicia la novela; busca un lugar: la Galicia mágica de bosques impenetrables, brumas y mar, siempre mar, como no podía ser de otra manera en esta escritora gallega; y un contexto histórico: el naufragio de vapor Santa Isabel en la ría de Arousa en 1921, tragedia con más de dos mil ahogados y renombrada como el Titanic gallego; construye unos personajes sorprendentes, pero creíbles, muy humanos, como los protagonistas: Lucha Amorodio, mariscadora y vendedora ambulante, marcada por el encuentro con un náufrago en aquella trágica madrugada antes de su boda con Manuel, siempre anhelante de un amor no correspondido, y su nieta Cristal que intenta descubrir el pasado de su madre y el suyo propio; una ristra de secundarios memorables: la meiga Soliña, la mojigata y reprimida Jesusa o el ambiguo Lagartijo… Y lo más importante de todo: narra la historia de forma cuidada y lírica, hasta conseguir una novela palpitante y envolvente, de la que no puedes escapar, como es el caso que nos ocupa. Así llegamos a uno de los axiomas más que reconocidos en literatura: lo importante no es el qué —en este caso una reflexión sobre la vida no vivida, la memoria y el olvido—, sino el cómo, y a mi entender Cristina Sánchez-Andrade ha desarrollado una prosa con maestría en esta magnífica novela.

La noche del dos de enero 1921, los hombres no están en la isla de Sálvora y son las mujeres las que deben ayudar a los náufragos. Vestida de novia, pues es también la madrugada de su boda —una unión que ella no desea pero acata—, Lucha acude a la playa buscando su velo, y lo encuentra rodeando los genitales de un náufrago inglés. Lo que ocurrió aquella noche será un secreto que la atormentará siempre, pero que también le hará concebir la ilusión y la esperanza de vivir otra vida, de conseguir escapar de la suya aburrida, donde solo hay trabajo, sin amor ni aventura. El naufragio del vapor Santa Isabel marca la historia del pueblo aunque —a consecuencia de algún conjuro que se atribuye a la meiga Soliña—, todos hayan olvidado aquella noche: «¿Qué ocurrió esa madrugada que no puedan contar? (…) por algún motivo, les daba miedo recordar», secretos y trapos sucios de la memoria que quiere desvelar Lagartijo —un hippie que aparece por el pueblo en los años setenta—, utilizando el poder evocador de la música, con escasos resultados pues: «su memoria era como un trozo de tela arrebujado y metido en un barreño de agua con lejía diluida». Pero sobre todo el naufragio ha marcado a Lucha, la mujer anfibia como la nombró el náufrago inglés en su única noche de amor, a su hija Purísima de la Concepción «una flor distinta que vence la mediocridad», y a su nieta Cristal.

Para remarcar aún más esta obsesión personal y colectiva, Sánchez-Andrade utiliza el recurso narrativo de la historia circular: el primer y el último capítulo se continúan como si solo hubiera pasado un segundo, y entre ambos se abren los recuerdos, o quizá la imaginación, de Lucha Amorodio que hilvana la historia y vuelve siempre a la misma noche, pero atraviesa tres generaciones de mujeres, desde al año 1921 hasta las primeras elecciones democráticas primero en la isla de Sálvora y luego en la aldea de Oguiño, en un círculo incansable de nostalgia y anhelos: «La vida, la única que tuve, se me fue pensando en otras mejores». A fuerza de contar la historia del naufragio, y de cambiar la realidad para adecuarla a sus intereses —donde la autora hace una reflexión sobre la memoria, los secretos y la culpa colectiva—, la mujer anfibia se convierte en una de las heroínas del salvamento del Santa Isabel: «…la otra historia era mucho más fácil: era la que todos querían escuchar», mientras su matrimonio se desmorona sin un solo día de amor: «cuando se acercaba a su mujer solo encontraba hielo».

Escrita en una prosa admirable, que mezcla con equilibrio el realismo más crudo con el mágico: «Sacudió la cabeza y la trenza se soltó: diez, doce murciélagos surcaron el aire emitiendo quejidos», visiones oníricas,  esperpento, y humor (memorable la escena del tanga de Lagartijo en la playa), las descripciones son breves pero certeras: «…con una capucha, hirviendo en moscas y piojos». Es un libro muy verde y muy gallego. Sensorial, muy olfativo, al leer sus páginas te sientes impregnada del olor a pescado y marisco, a pócimas de meiga. Un libro donde hasta las emociones: «Cuando se enfadaba, se le humedecía la frente y despedía un olor a botica y orines secos», las aguas de las parturientas: «…empaparon el catre sobre el que dio a luz, un olor a algas, hinojo y mar se extendió por toda la casa», o incluso las olas de ese mar ingrato y feroz,huelen. Un libro donde las brumas y la humedad son pegajosas, y los sonidos de su habla —la autora utiliza palabras en gallego sin traducción: avoa, faiado, lareira, marusía…— contribuyen a crear la sugestión de que estamos caminando por el territorio de los «trozos de piedra granítica, recubierta de liquen amarillo», desde la primera a la última página.

Me he sentido identificada con la novela desde el principio pues el tema que aborda —«Vivimos de forma paralela dos vidas. Una es la que tenemos aquí, al alcance de la mano; la otra es la que pudo haber sido», como sabéis los que me leéis, también yo me he atrevido a novelarlo. La imaginación, y por supuesto la  literatura, siempre nos permitirán escapar de la realidad y vivir otras vidas posibles, tan verdaderas y sentidas como la física, porque al fin y al cabo… ¿quién decide cuáles son nuestros recuerdos?

BIOGRAFÍA

Cristina Sánchez-Andrade es escritora, crítica literaria y traductora. Licenciada en Ciencias de la Información y en Derecho, es natural de Santiago de Compostela. Actualmente vive en Madrid, en donde compagina su labor como novelista con la docencia universitaria y con colaboraciones en distintos medios, entre ellos La Voz de Galicia y El País. En Anagrama ha publicado Ya no pisa la tierra tu rey (Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2004); Las Inviernas: «El libro más bonito que he leído jamás» (Javier Puebla, Cambio 16); «Bajo la espléndida ascendencia de Valle-Inclán, Cunqueiro o el primer Luis Mateo Díez… Inquietante amenidad, rigurosa escritura y legítima, lograda ambición» (Jesús Ferrer, La Razón); Alguien bajo los párpados: «Fascinante… Las magníficas dotes inventivas de Sánchez-Andrade deparan una fábula carnavalesca tan loca y divertida como engañosa, porque cuenta una tragedia» (Santos Sanz Villanueva, El Mundo); «La sensación es la de alguien que ha encontrado la estructura exacta para lo que deseaba narrar… De un lirismo áspero y conmovedor» (J. Ernesto Ayala-Dip, El País); «Una novela espléndida, con ritmo, subtramas, enigmas y unos personajes estrambóticos impagables» (Íñigo Urrutia, El Diario Vasco), y el libro de cuentos El niño que comía lana, galardonado con el XVII Premio Setenil al mejor libro de relatos: «En el libro, magnífico en su conjunto, hay cuentos excelentes (Manuel Hidalgo, El Mundo); «Despliega originalidad, mala leche, destilados surrealistas y una mirada cáustica sobre la familia, las relaciones de pareja y la memoria de nuestros mayores» (Íñigo Urrutia, El Diario Vasco); «Una joya, con poesía y humor negro» (Ana Abelenda, La Voz de Galicia). Su obra ha sido traducida al inglés, portugués, italiano, polaco y ruso.

MALASANTA

17 Sep

ANTONIO TOCORNAL

FUNDACIÓN JOSE MANUEL LARA

Me enfrenté a la lectura de la nueva novela de Antonio Tocornal con la certeza de que encontraría una magnífica prosa y una trama llena de reflexiones que me harían disfrutar. Pero tengo que confesaros, a riesgo de parecer una blandengue, que tras el primer capítulo, que se podría considerar también un relato como veremos más adelante, decidí que iba a dejar pasar un tiempo antes de leer el siguiente, tal era la dureza de las imágenes que allí se representaban. Pero el descanso no sirvió de nada: los personajes, las historias eran tan potentes, tenían tanta fuerza visual y emocional, que a pesar de mantenerme lejos de Malasanta, Malasanta estaba en mi memoria recordándome cada una de las escenas, frases e incluso palabras. Prueba de la maestría del autor, de la buena factura literaria. Y decidí sumergirme en la ciénaga de sordidez, nunca mejor dicho.

La novela, premio XLI Felipe Trigo, narra la historia de una prostituta desde su nacimiento hasta su muerte. Está estructurada en seis capítulos nombrados con la edad de Malasanta, edades que se van sucediendo en décadas, y el nombre de un personaje, sobre el que va a versar el capítulo y cuya historia hace avanzar la vida de una Malasanta cada vez más perdida, sola y vieja. Tan perdida como las canciones de bachata que ella atribuye originarias de Chipre.

Personajes protagonistas de sus capítulos pero secundarios en la novela, siendo Malasanta la secundaria de cada relato pero la protagonista global, en un juego literario que proporciona varias capas de lectura. Sus nombres sintetizan sus vidas: Anhelo truncado, Modesto Baldío, Cándido Fogoso… Todos, y sobre todo Malasanta, marcados por un destino fatal en una sociedad prejuiciosa e ignorante, donde prevalece el poder de la religión y la impunidad de las clases sociales dominantes. Malasanta nace marcada por el oficio de su madre, Dámasa la Tuerta, una prostituta portuguesa que también lo fue por un cuchillo equivocado, y a partir de ahí ninguna de las dos podrá salirse del camino designado por unos dioses implacables: …entre asustada y fascinada, había espiado a través de las rendijas del biombo. Ella tiene poca capacidad para elegir su vida: Malasanta desde detrás del biombo va aprendiendo los secretos de su futuro oficio. Cada uno de los capítulos tiene entidad propia, por lo que antes comentábamos que la novela puede considerarse un puzle de seis relatos, perfectamente imbricados. Otra prueba de maestría más.

La crudeza de la historia es total, y el autor no se priva de descubrir los detalles más sórdidos y repugnantes, o más dramáticos. Pero de una forma elegante, sensorial pues la novela es muy táctil, muy olfativa (memorable la descripción de los olores en la piel de Dámasa la Tuerta); sin dejar atrás la prosa poética: … visillos finos y semitransparentes que eran como niebla tejida. Y el humor que, como no podía ser de otra manera en un escritor inteligente, sobrevuela numerosas escenas: una experiencia sensorial novedosa, y, ya de paso, acababan merendados (tras una felación con pasteles), humor escatológico, y muy frecuente el humor negro: alveolos rosados y de aspecto saludable: el Pincho nunca fumó (torerillo empitonado por un toro).Humor que es un respiro y un contrapunto para relativizar la sordidez. El resultado es que la novela discurre con un tonomuy conseguido, y como lectora te deje impregnada de sus palabras e incapaz de abandonarla, tal como comenté al principio.

En medio de toda esa dureza, de todas las vidas que luchan por salir a flote, el sexo siempre presente, a veces brutal y denigrante; la mayoría mezquino, descreído y rutinario; tierno y dulce (pocas): Se dio cuenta de que el sexo podía ser limpio y hermoso. Pero ellano es capaz de aceptarlo y se convierte en un recuerdo:… estaba muy lejos de saber cómo enfrentarse a la belleza y sobrevivirla.

Considero que este retrato hiperrealista de la más sórdida sociedad, narrado sin atenuantes, es muy valiente porque aborda temas que suelen ser evitados, pero también por lo que supone frente a los lectores, ya que el autor no ha pensado en complacencias y muchos pueden haberse “arrugado” al leerlo. Eso es un riesgo que no todos los escritores quieren asumir.

Pero Antonio Tocornal está creando su propio universo, donde cabe y esto y mucho más, hasta la posibilidad de que un ojo de cristal viaje desde la ciénaga a una isla desierta… Deseamos fervientemente que este universo siga expandiéndose.

Antonio Tocornal nació en San Fernando, Cádiz. Cursó estudios de Bellas Artes en Sevilla y, tras una larga estancia en París, se instaló definitivamente en Mallorca. Sus cuentos cortos han sido premiados en cerca de cuarenta certámenes, entre los que se encuentran algunos de los más prestigiosos en castellano. Ha publicado las novela La noche en que pude haber visto tocar a Dizzy Gillespie (Premio de Novela Vargas Llosa, 2017), Bajamares

(Premio de Novela Corta Diputación de Córdoba, 2018) y Pájaros en un cielo de estaño (Premio Valencia de Narrativa en Castellano Alfons el Magnànim, 2020). Compagina la escritura con los trabajos de edición y la crítica literaria.

LA CASA DE LA MARISMA

25 Jun

Una infinita lámina verde, salpicada de islas con almajos y eneas, se abre frente al patio trasero de la casa que el amo le regaló cuando se quedó embarazada, hace ya más de treinta años, para que criara a su hija cerca de él, aunque no tanto como si fuera legítima. Se levanta en un cruce de caminos: el que lleva hasta la carretera de la ciudad, vislumbrada a lo lejos, y el que sigue hacia el sur, hasta el interior de la marisma, como una urdimbre de albero entre los cañizos. Allí donde el río se abre en una trenza de cauces, respiró María sus primeros aires, y allí ha jugado Ana mientras su abuela le contaba historias sobre las aguas inmensas que guardan los secretos del tiempo y la sabiduría de muchas vidas ocultas en el cieno. Sabina jamás quiso vivir en Gápalis, y no sirvieron de nada las súplicas de su hija.

           A Ana le gusta corretear por los caños; hundir los pies en el cieno que se le cuela blando y suave entre los dedos; hurgar con una caña en los hoyos donde los cangrejos se esconden moviendo sus patas rojas, cuando quedan expuestos por la marea; y perseguir a las libélulas, pequeños helicópteros rojos que, como corazones deformes, se aparean sobre los espartillos. En invierno aparecen los gansos, las avefrías, diferentes patos y otras aves del norte; a finales de primavera, la marisma es un batir de alas blancas que se alza sobre el agua, como espuma caótica y repentina; y en verano, humanos y animales se refugian a la sombra hasta la brisa de la tarde.

La casa tiene dos habitaciones: en la principal, el fregadero, el hogar, una mesa y varias sillas; y en la más pequeña, una cama de hierro, ancha y alta, donde duerme Sabina y sus nietos cuando van a verla. Frente al patio trasero hay un pequeño embarcadero de tablas, la mayoría podridas por el salitre y la humedad. Tres palos aislados, clavados hasta la mitad, mohosos y agrietados, parecen esperar una bandera, como guardianes del tiempo y las mareas. Allí está sentada Ana cuando le sorprende un dibujo de manchas marrones en sus bragas; al verlo, su abuela exclama: ¡E’sangre!, luego la abraza: ya ere mujé, Gabata.

Fragmento de la novela: En el río trenzado

Reyes García-Doncel

PRESENTACIÓN EN CÁDIZ DE EN EL RÍO TRENZADO

25 Jun

RESEÑA DE EN EL RÍO TRENZADO

26 May

La escritora, y magnífica reseñista, Elena Marqués nos muestra en su blog Desde mi ventana una reseña de En el río trenzado que, entre otras cosas, dice:

“La vida de Ana, en un mismo contexto y en circunstancias vitales semejantes, teniendo en cuenta que las decisiones de unos afectan siempre a las existencias de otros, se divide en cuatro vidas diferentes, aunque todas ellas regidas por elementos que sí que se nos han impuesto (…) De hecho, tres son las decisiones fundamentales que rigen de algún modo el devenir de la protagonista: las referentes al amor, a la profesión-vocación (no necesariamente juntas) y a la maternidad. Dependiendo de sus elecciones en esos terrenos siempre movedizos, nos enfrentaremos a una Ana distinta, aunque en el fondo latan parecidas inquietudes, los mismos afectos y desafectos hacia su entorno.”

 “La narración está concebida como cuatro relatos independientes, y de esa forma pueden ser leídos (…) si bien la autora de permite la licencia de enfrentar a Ana a ciertos pasajes fronterizos en que se vislumbra como otra Ana distinta, vividora de otras circunstancias, conocedora de otras facetas del entorno (…) Unos momentos que se ocupa Reyes de hacernos notar con el recurso de la tipografía para que vivamos con plena consciencia ese temblor, ese vértigo de los mundos paralelos que conviven siempre en nosotros.”

“Un libro fascinante porque el tema lo es, pero también el estilo de García-Doncel, que ha ganado en profundidad, que se siente muy trabajado, con destellos poéticos, voces diferentes y una naturalidad que hace que nos deslicemos con fluidez por el texto”

La reseña completa se puede leer en este enlace:

https://www.desde-mi-ventana.es/news/en-el-rio-trenzado/

PRESENTACIÓN EN SEVILLA DE LA NOVELA EN EL RÍO TRENZADO

23 May

En el Espacio Santa Clara de la mano de Francisco Gallardo.

Sombras

7 Jul

Eva Monzón

Ed. Dauro

Un encuentro entre dos hombres, al parecer esperado por ambos, comienza la narración que nos lleva directamente a la escena de una masacre. A partir de ahí, la autora nos sumerge en el mundo asfixiante y opresivo de las sectas, siguiendo una estructura fragmentaria, en el espacio y en el tiempo, como espejos que repiten los mismos hechos: la desaparición de dos mujeres, la vida en el interior de la casa y la muerte colectiva de los miembros desde diferentes perspectivas. Ya en las primeras páginas se anuncia su estructura: Encima lo lees en desorden; así como el recorrido que tendrá la historia en el autobús donde escapan, hacia una supuesta nueva y mejor vida, las dos mujeres: El tiempo viajaba hacia atrás, a cada curva se alejaban de todo. Por lo que hasta no completar la lectura desde los diferentes ángulos, no se conoce lo que realmente ha sucedido.

Por un lado la secta y sus miembros, cada uno con su historia y su maleta de frustraciones; por otro, la investigación policial y los habitantes del pueblo, que se debaten entre el interés económico, el civismo responsable y la necesidad de fama; así como los medios y el propietario de un blog que cubren la información de forma más que cuestionable. Narrativa de género negro: el dossier con las declaraciones de los testigos sirve para narrar los hechos trágicos, presentar a los muertos y a los vecinos; alternada con otra de naturaleza poética e intimista, cuando la autora nos cuenta las vidas de los implicados antes de ser obligados al lavado mental: se contaba lo que contó cuando aún podía.  

Pues, como en toda manipulación, la desmemoria es obligada para pertenecer a la secta. Algo buscado por sus miembros, ya que todos huyen de un pasado lastimoso, me da igual lo que pase, lo que no soporto es lo que pasó: desde un marido maltratador hasta una brutal dictadura o una guerra; y buscan convertirse en otros, para lo que desarrollan una gran capacidad de simulación: Ella, como todos, acopla lo que piensa a lo que quiere pensar, y si no funciona, lo cambia sin más. Varios personajes incluso cambian de nombre, a la búsqueda de nueva identidad pues iban a eso: A ser otros siendo ellos (…) Te disfrazas de todos, y nadie te ve. Las mujeres desaparecidas: Beatriz y Marga-Rosa, la musulmana Aisha, la rumana Blanca, un líder a la busca de carisma,  la señora Matilde pues no hay edad para la estupidez, Alfredo un aburrido existencial y otros, deciden vivir fingiendo. Hasta convertirse en sombras.

El lector asiste a la investigación del crimen en paralelo a la elaboración de la imagen del líder: …alguien superior a quien admirar (…) que se sintieran inferiores para temerlo; y a la construcción de la doctrina de secta: No más consejos, tocaba dar normas. Normas fáciles para que todo el mundo sepa lo que tiene que hacer, normas para alejar los pensamientos, para llenar el tiempo, idea que ya recoge la autora en su novela El día a día: lo cotidiano calma, sirve para sobrellevar la vida. Ideario en el que se cuela, por supuesto, el pensamiento mágico sobre la condición humana y su destino: Debe ser cierto que algo, o alguien, guía los pasos errantes. 

Entre los vecinos del pueblo y la secta se establecen relaciones de conveniencia: los de abajo eran un buen negocio para todos, había más ventas desde que llegaron; de simple curiosidad, expectativas de aventura y fama en los adolescentes, sin calibrar las consecuencias: seremos los héroes. Ya verás, vamos a ser famosos, actitudes de las que tenemos ejemplos tristemente reales; o incluso afectivas, como la señora Palmira a la que la joven musulmana le recuerda a su hija. Cuando los hechos se descubren una corriente de vergüenza se extiende sobre su silencio cómplice, pero no es la primera vez que un colectivo fanático termina mal, se justifican. Aderezado con la banalidad de los medios informativos y el periodismo sensacionalista que sólo buscan la noticia. Pero es igual a como se ve en las películas, no parece real, dicen asombrados los vecinos. La muerte de los sectarios ha sido tan ficticia como su vida.  

La autora nos lleva a una reflexión sobre la manipulación social, pero también sobre la necesidad humana de pertenecer a un grupo y de paso darle sentido a la existencia: Tenía esa mirada. Ya sabes, esa que solo ve lo que quiere ver, pues no es algo tan simple: ¿dónde termina la manipulación? Pregunta muy necesaria en tiempos de desinformación donde la postverdad circula sin control, y la autora realiza de nuevo un paralelismo, esta vez entre el mundo de la secta y el de los que somos supuestamente libres: Qué más da seguir las estructuras sociales de afuera que la lista de tareas de dentro.

Frente a todos, el personaje del inspector Eladio Gómez, policía honrado al que este suceso le ha arrollado y para el que la muerte colectiva no ha prescrito, porque ¿cómo envejecen los crímenes? El tiempo los va deformando, los moldea, reestructura y cambia, sobre todo si nunca se sabe con veracidad qué sucedió porque ya a nadie le importa. ¿Y las culpas? Quizás nadie es culpable, o quizás lo son todos, porque los sucesos son fruto de un juego de decisiones, pequeñas, en apariencia sin trascendencia, ni equivocadas ni correctas, actos cotidianos sobre los que nadie reflexiona que se enredan unos con otros: hablar de más en la mesa de un bar, retrasarte en buscar a tu novia, cambiar el turno de cocina… que juntos llevan al drama final. ¿Se podía haber evitado? Pregunta que me lleva a la teoría budista del karma y al precioso relato Los ojos del hermano eterno de Stefan Zweig, en el que un antiguo guerrero intenta liberarse de las consecuencias de sus actos.

La novela es un buen trabajo de profundización psicológica (como no podía ser de otra manera dada la formación académica de la autora), una búsqueda de la verdad entre tanta parafernalia ideológica que ahora se no vende como solución simplista, y una apuesta de juego narrativo muy en consonancia con los procesos para reconstruir los hechos que se producen en nuestra memoria. 

Eva Monzón nació en Santander, actualmente vive en Valencia donde trabaja como psicóloga clínica y jurídica. Ha publicado “Tiempo muerto” Bartleby editores; tradujo el diario de Steinbeck: “Diario de una novela: las cartas al Este del Edén”; su cuarta novela “Errantes” fue publicada por Paréntesis y reeditada por Sargantana, que también le publicó su quinta novela “El día a día”.  Su sexta novela es “En esa delgada línea” editada por NPQ

Tiene escrito el guión cinematográfico de “Entreactos” y de cinco cortos, así como las obras de teatro: “Lo que no se quiere recordar”, “El jurado”, “El descubrimiento”, y con “La pelea” ganó el certamen de Crono Teatro y fue publicada por Estreno. Publica relatos y poesía en varias revistas y mantiene activo su blog Fragmentos que ganó el premio Leibster Award.

Todas las imágenes del estudio

26 Jun

Tus libros de la facultad los guardé en el estudio, dice sin mirarla, y levanta el dedo hacia un lugar impreciso del piso superior como la que ha conseguido olvidarlo. Porque su madre no solo lo cerró, sino que también echó las gruesas cortinas, día y noche, para bloquear la luz. Para bloquear el mundo.

Ana sube las escaleras poco a poco; en cada escalón una pausa, hasta llegar a esa habitación a la que no ha vuelto desde que se fue a vivir con Lucas. Al poner la mano en el picaporte, se siente invadida por multitud de imágenes, como si hubiera abierto de golpe el álbum familiar y las fotos le golpearan en los ojos: ella con sus lápices y cuadernos para hacer la tarea, adormilada abrazando a Fotón en el sofá de terciopelo rojo, su madre recitando en la tertulia… Todas las imágenes que atesora el estudio, algunas recordadas, otras que no sabe de dónde vienen, se agolpan ahora en el pecho. Cierra los ojos y espera a que el dolor pase; es un viejo conocido, sabe cómo tratarlo.

            La penumbra invade la antigua habitación luminosa. Los caballetes, los tubos de colores, los pinceles sin limpiar, muestran sus contornos difusos; incluso el resto de muebles se mezclan con las paredes, como si la negrura también se hubiera introducido en ellos. Un jaramago se insinúa en el alfeizar entre las cortinas. Siente el impulso de descorrerlas con un golpe enérgico, pero tiene miedo de que la luz la ilumine tanto que no sepa dónde esconderse. No quiere ver la imagen de su padre limpiado los pinceles, ni observando de cerca el objeto que pinta porque hay algo que le hace dudar, ni sonriéndole y preguntándole que tal van sus tareas… Pero sobre todo no quiere ver el cuadro Las olas que fue devuelto dos meses después, con el marco que lució en la exposición de Madrid, y revivir el viento salitroso, las gotas de lluvia golpeando en la ventana, la cara de excitación de su padre mientras lo pintaba, siempre unida a una expresión de irrealidad que nunca entendió, pero que ahora echa tanto de menos. No; no descorrerá las cortinas. Sabe que si ve ese espacio, lo verá a él en cada uno de esos objetos. Prefiere esperar. Coge sus apuntes, cubiertos también del aire enmohecido y polvoriento que se ha colado por los goznes de la ventana. Los aires mohosos son roedores, piensa. 

            Antes de salir se detiene a observar de nuevo la habitación. Sombras y aires viejos, algún día os pararé los pies, promete. Al cerrar la puerta le parece oír un silbido, como si hubieran emitido una larga y lastimosa respiración a coro.

Fragmento de la novela En el río trenzado

Reyes García-Doncel            

MADRE DEL AGUA Por las huellas del Tao

7 Jun

El poemario de Gregorio Dávila es un homenaje a la madre universal, a la madre arquetipo interior y a la propia madre biológica. Mediante mensajes directos a un tú lector; o a ese otro yo nuestro que escucha escondido en el yo que se manifiesta, y bajo la presencia omnipresente del agua (la verdad suprema es como el agua, dice el Tao) aguacero, lluvias, lloviznas, nieblas… el autor consigue llevarte hasta un mundo de dulzura y armonía con la Naturaleza.

En forma de 81 poemas (los mismos que el Tao Te Ching), prosa poética y haikus, en los que él es un experto, su serena visión de la realidad no le impide mostrar la belleza violenta del instante: el mordisco del vendaval; el sauce lagrimea por mi aorta; las ramas surcan el filo en la aurora. Ese aquí y ahora eterno que… se muestra fractal, una muesca en el tiempo.

Libro sabio, para releer y meditar, que ha recibido el XXII Premio de Poesía Eladio Caballero 2019. Ayuntamiento de Tomelloso.

Enhorabuena amigo, me siento orgullosa de esta palabra, y gracias por escribirlo.