RUIDO DE CARCOMA

15 Jun

Papá trabaja en una empresa de diseño publicitario, ahora gana mucho, pero cuando se hizo novio de mamá los dos querían llegar a ser pintores famosos, ella perseveró, luego él estuvo algún tiempo de delineante con un arquitecto, son anécdotas que pertenecen a la prehistoria. Con mi llegada al mundo parece que se acabaron los sueños de vida bohemia y se debió iniciar ese ruido de carcoma que cimenta todas las discusiones a puerta cerrada cuyo gas venenoso se fugaba por la ranura de abajo, argumentos ilógicos, fraguados de mala manera y arrojados al vertedero de mi memoria, un archivo donde nadie ha entrado a poner orden.

Carmen Marín Gaite

El pasado de los padres es prehistoria para los hijos, a sus ojos siempre han sido adultos responsables, cuidadores de la casa y de ellos, trabajadores formales que jamás han deseado tener otra vida, ni por supuesto “llegar a ser pintores famosos”.

Pero los niños observan, incluso aunque ellos no sepan que observan, y van captando bajo la rutina diaria alguna mirada, voces más altas, o más bajas, caras tristes, espaldas hundidas, conversaciones en el dormitorio que llegan atenuadas hasta sus camas infantiles cuando ya están adormilados: “ese ruido de carcoma que cimenta todas las discusiones a puerta cerrada cuyo gas venenoso se fugaba por la ranura de abajo”, lo describe la escritora. Un ruido portador de mensajes que los hijos no pueden interpretar claramente, pero que intuyen doloroso, y por eso a ellos también les duele. Cuanto mayor sea la frustración, mayor el repertorio caótico de gestos y palabras que serán “arrojados al vertedero de mi memoria, un archivo donde nadie ha entrado a poner orden”.

De recomponer ese puzzle de la memoria infantil tratan muchas obras literarias, de buscar el por qué en unos padres que en definitiva es buscar el por qué en uno mismo. A menudo se consigue completar con retraso cuando sus gestos, que creíamos olvidados, aparecen en nosotros como escenas de un teatro antiguo que estamos repitiendo, cuando ya tenemos otros pares de ojos y oídos atentos a nuestra propia carcoma.

Reyes García-Doncel

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Anuncios

NUDOS INTERIORES

9 Jun

Los días que siguieron están enhebrados en mi recuerdo por la perentoria necesidad de continuar aquella historia, aunque presumía que la aguja para coserla no iba a manejarla yo. Pero mis nudos interiores me impedían desentenderme de una rumia de decisiones que brotaban a mi pesar y se deshojaban continuamente apenas formuladas. Me ha pasado muchas veces, en época de nudos, no ser capaz de reconocer luego que se han deshecho sin intervenir yo. No funciona la experiencia de una vez para otra, al contrario, se vuelve avestruz. Recuerdo haber dicho al cabo de los días, consciente de que las aguas han vuelto a su cauce: “¡Con lo fácil que era!”, y haber renegado de la pasada obcecación, pero cuando ésta se reproduce tejiendo sus ramificaciones alrededor de un nuevo asunto, sigo pensando que darle vueltas sirve para algo.

Carmen Martín Gaite

Carmen Martín Gaite nos regala en este texto una metáfora preciosa: los pensamientos ofuscados son nudos interiores, tan oscuros y densos que no podemos deshacerlos por mucho que nos empeñemos. Para la misma idea hay abundantes ejemplos en Literatura como aguas turbias que no dejan ver el fondo, un laberinto del que es imposible escapar… Pero la utilización del nudo me recuerda al Comisario Adamsberg, detective de novela negra creado por la escritora Fred Vargas, que se refiere al conjunto de objetos, personas, señales y rastros con los que trabaja cuando intenta resolver un caso, como una bola de algas, y lo visualiza en forma de ovillo tentacular cerrado y espinoso.

Aunque parece que el personaje femenino de la novela “Lo raro es vivir” que hoy nos habla, duda de su capacidad para controlar su vida: “presumía que la aguja para coserla no iba a manejarla yo”, nos dice, y prefiere dejar que las cosas se aclaren solas, por un procedimiento sorprendente, hasta que un día es “consciente de que las aguas han vuelto a su cauce” , otra metáfora.

Todos tenemos “épocas de nudos”, que a veces anidan en la mente y otras en el pecho… ¡Qué fácil sería si pudiéramos sacarlos fuera y tirar de cada hebra hasta dejar la madeja suelta y ordenada! Pero las épocas de clarividencia duran menos que las de nudos, y salvo que seas el Comisario Adamsberg obligado a pelear con la pelota de algas para descubrir al asesino cuanto antes, la mayoría solemos utilizar esa técnica del avestruz que consiste en esperar a que algo, o alguien del exterior, produzca la magia de soltarlos.

Reyes García-Doncel

EL MIRLO BURLÓN

6 Jun

JOSÉ MARÍA CONGET 

Editorial Pre-Textos

Con la excusa del reencuentro de los antiguos miembros de un seminario de Filosofía, José María Conget vuelve a Zaragoza, la ciudad donde nació, y parece decirnos que aunque cambien los nombres de las calles, desaparezcan algunos bares y los parques sean sustituidos por edificios, incluso aunque nosotros creamos verla con otros ojos, la infancia y la juventud se han quedado congeladas, la ciudad se ha llenado de fantasmas y el presente se ha convertido en un pasado eterno. El autor -que no se esconde y en repetidas ocasiones alza la voz para reivindicar su autoría y mostrarnos el proceso creativo- realiza un repaso tanto a la realidad socio política como a las repercusiones futuras de los actos de juventud, y reflexiona sobre la incapacidad de construir el relato de nuestra propia historia porque desconocemos todos los datos.

En la primera parte se muestra el presente, antes de la reunión, de los cuatro personajes masculinos. Conocemos a Rafael, jesuita, inteligente y atractivo, de familia acomodada, continuo referente del resto ya que fue el profesor del grupo, que a pesar de su aparente éxito intelectual guarda varios secretos y no ha querido volver jamás a la ciudad; a Ismael, escritor metido en lo fácil, sin hijos ni esposa, con una vida aburrida, descreído y escéptico; Patricio, cínico político socialista, casado pero con varias amantes, que se cree lo suficientemente listo para manipular a cualquiera; a Juanjo, profesor de instituto, divorciado con una hija a la que adora, de carácter afable y poco autoritario, que se considera a sí mismo un mediocre; y todos, salvo Rafael, añoran un imposible amor de juventud. En las primeras páginas el jesuita muere de un infarto mientras recuerda las inquietantes palabras: “Te quiero tanto que te habría matado”, y a partir de ahí el autor -utilizando un estilo rápido, donde los diálogos se visualizan de una forma muy real-, recurre a una auténtica intriga político-policíaca, va dejando tanto pistas como numerosas elipsis: “Por eso Rafael recurrió a él cuando.”, que serán descubiertas, aunque solo a medias, al final.

En la segunda parte vivimos la juventud de los protagonistas, su mundo universitario en Zaragoza, la formación del seminario de filosofía sobre existencialismo y humanismo, sus aspiraciones amorosas con Alicia, las de la propia Alicia, sus inquietudes políticas y la conciencia de clase que para unos era una reivindicación y para otros una losa vergonzante: “todo tenía que ver con la moral ramplona de la clase media baja local, o sea, con la de la familia del propio Ismael.” Alicia, la única mujer del grupo, hija de una actriz y de un exiliado republicano que vive en Londres, es un soplo de aire fresco para los jóvenes inmersos en el ambiente gris y represivo del tardofranquismo, y se vuelve una obsesión omnipresente para ellos: “Abeja reina de la pequeña colmena del seminario, la deseada y la diáfana y al mismo tiempo la misteriosa”, porque ella también tiene sus propios secretos y sus prejuicios sociales que no le dejan ver la realidad.

El autor hace caminar a los personajes por donde él caminó -a veces se convierte en un personaje más- mientras muestra con evidente conocimiento los cambios sociales en su antigua ciudad, la lucha de los partidos políticos, la muerte de Franco, y los miedos y las incertidumbres de los jóvenes a su propio futuro. El personaje de Ismael además le sirve para realizar una acertada y humorística crítica de los escritores: “por no hablar del estilo, elaborado y elegante, sarcástico y delicado, a medio camino de Proust y de Valle Inclán, pongamos” y del mundo literario.

En la tercera parte se produce el ansiado reencuentro y volvemos al presente, pero ya no son los mismos, no se reconocen porque la memoria está basada en seguridades y confianzas sin base sólida, o incluso incompleta, lo que la convierte en una estructura frágil que al pasar los años deja al descubierto las mentiras, disimulos y carencias que su amistad tuvo. Un ajuste de cuentas con el pasado que los devuelve a un presente que puede no gustarles. Pero quizás debamos hacer caso al “narrador de esta historia, que lo sabe, puede certificar, además, que los cuatro se querían y querían al maestro”, aunque ahora se pregunten si son amigos o fantoches que siguen prolongando un teatrillo.

La cita inicial sobre la juventud de El tiempo de las cerezas, nos recuerda la del poeta William Wordsworth, muy conocida cinematográficamente por “Esplendor en la hierba”. No solo el cine, sino también la literatura y en general el arte, cobran importancia creadora en el relato. Ismael y Juanjo son empedernidos cinéfilos, por el disfrute estético y porque es un refugio e incluso una suplantación de la personalidad, ya que, sobre todo el primero, observan su vida a través de las películas. La impronta del cine se adivina también en el autor al recrear conocidas escenas: cuando Alicia y Juanjo hablan en la cama por al noche, con una preciosa descripción de la voz de la primera, recordamos las conversaciones de la niña con su abuela en el “El Sur”; o en la soledad de Ismael momentos antes de enfrentarse al profesor vemos la imagen de Gary Cooper; y hasta Dios debe rendir pleitesía al cine: “Dios existe porque alguien debe mantener el mundo con su mirada”, el ojo de Dios es el de Anthony Perkins en el famoso y siniestro motel.

El autor que crea la historia crea la vida, incluso puede que también el pasado, y en su mirada nostálgica hay una sonrisa al contemplar la ingenuidad de lo que él fue / fuimos, porque como dice Alicia: “Muchas cosas de entonces hoy me parecería cómicas si las leyera en una novela de aprendizaje en tono de comedia”. La misma sonrisa del mirlo burlón.

Reyes García-Doncel

José María Conget (Zaragoza 1948) es licenciado en Filosofía y Letras. Ha ejercido como profesor o gestor cultural en Glasgow, Lima, Londres, Nueva York, París y varios pueblos y ciudades españolas. Actualmente reside en Sevilla. Es autor de novelas, cuentos, ensayos. Sus últimas publicaciones han sido las colecciones de relatos La ciudad desplazada (Pre-Textos, 2010), La mujer que vigila los Vermeer (Pre-Textos, 2013), Confesión general (Pre-Textos, 2017), y la novela La bella cubana (Pre-Textos, 2015). Fue premio de las Letras Aragonesas en 2007 por el conjunto de su obra.

EL BALNEARIO

2 Jun

Era como viajar por el vientre de una ballena. Algunas veces, de mucho más lejos, como de por fuera de las paredes que me rodeaban, llegaba el sonido de una voz que tal vez llamaba a alguien, o el pitido de un tren o la bocina de una camioneta. Desconcertaban esos ruidos; se escapaban, quebrándose; se me clavaba el doloroso deseo de escucharlos al aire abierto, en toda su lentitud. Entonces me acordaba de que andaba perdida en el interior de aquellos edificios blancos que había visto al llegar; de que por fuera de este pasillo estaba la gente parada a la puerta, y el puente sobre el río, y tal vez todavía un poco de sol. Me estaba haciendo la ilusión de ir a alguna parte, de moverme, y tan sólo estaba comprendida en la órbita del gran edificio, tragada, buceando dentro de él; sin que mis pasos tuvieran mayor importancia de la que pueda tener la trayectoria de un grano de maíz en el estómago de una gallina.

Carmen Martín Gaite


Hay espacios que acunan y envuelven, otros son claustrofóbicos, otros intimidan… De estos últimos saben mucho los regímenes totalitarios, de cualquier signo, que suelen construir colosales edificios como símbolo omnipresente del poder y estrategia para empequeñecer a la persona. Carmen Martín Gaite en su novela El Balneario describe las impresiones de una paciente al entrar en él: “Era como viajar por el vientre de una ballena”, nos dice, y con esta frase recuperamos esa sensación que todos hemos tenido alguna vez: la de caminar, o que te lleven, por pasillos largos llenos de puertas laterales, como un laberinto, en las que siempre espera alguien con una bata blanca, que parece el mismo pero no lo es, y debes seguir hacia delante mientras la blancura y la asepsia te hiere los ojos, un poco más: “Me estaba haciendo la ilusión de ir a alguna parte, de moverme, y tan sólo estaba comprendida en la órbita del gran edificio, tragada, buceando dentro de él”, porque el mundo real ha prescindido de ti y en este nuevo gobiernan otras reglas a las que no les importa tu voluntad.

Cuando por fin sales a la calle deseando recuperar el tiempo perdido, descubres que los naranjos tienen un verde más intenso, como los rojos, cobaltos y grises de los coches, que los escaparates brillan intensamente, los viejos tienen más arrugas en la cara, los niños sonríen con mofletes sonrosados y alguien, al otro lado de la acera, se está riendo. Una aguda conciencia del presente, lo único que posees.

Reyes García-Doncel

FAUSTO

7 May

2 de marzo 2015

Estoy dibujando, peleando por encontrar los personajes, cuando siento unos ojos a mi espalda y un viento espeso y oscuro me envuelve. Imagino a Annia que, como siempre, me intimida con su mirada y suelto temerosa el lápiz; pero al volver la cabeza no es ella, sino Mefistófeles el que ha invadido mi cuarto, el que alarga su cuello ondulante, parecido al de un buitre, por encima de mi hombro para mirar los dibujos con unos ojos azules, casi blancos, donde las pupilas resaltan como botones negros. Es él, está junto a mí, alto, calvo, en la piel morena y suave de su torso desnudo se marcan brillantes los músculos perfectos. Parece un atleta. Las piernas largas que salen de unas caderas estrechas, están ceñidas dentro de unos pantalones de seda color rojo sangre. Entonces extiende sus enormes alas y, por unos momentos, solo puedo ver plumas negras, marrones y grises que me rodean. El aire se vuelve todavía más denso, me cuesta respirar pero no lucho, solo quiero dejarme abrazar por esas plumas suaves. Mefistófeles bate las alas y mis bocetos vuelan. Intento atraparlos, pero el fuerte viento me lanza contra el suelo mientras, en un último torbellino, él desaparece. Al levantar los ojos veo junto a la puerta de mi habitación la sombra de una niña.

EL MATERIAL QUE NUTRE LA ESCRITURA

3 May

Me voy poniendo al día: a partir de ahora, todas las noches tengo que rescatar de los caóticos despojos del día un sabor, una sensación, una imagen. Toda esta vida se desvanecería, se evaporaría si no la pillara al vuelo, si no me aferrara a ella, mientras aún persiste el recuerdo de alguno de sus aguijonazos o de alguna de sus caricias (…) Tengo que recordar y recordar: de ese material se nutre la escritura, de los materiales recordados de la vida. Escoger un símbolo central, alrededor del cual gire todo lo demás, el cambio, como idea fundamental, y elaborarlo hasta conformar una totalidad esencial condensada.

Sylvia Plath

Me descubre Sylvia Plath en este bello texto algo que yo también suelo hacer cada noche: repasar los actos, recuperar las emociones, “un sabor, una sensación, una imagen” del día para construir memoria, porque parece que solo con vivir no es suficiente, nada se hilvana ni tiene sentido, y es necesario ese repaso a “los caóticos despojos del día” para que se enlacen y queden fijados.

Somos el instante, el ahora, pero también somos la memoria que fabricamos en nuestro hipocampo del cerebro, una construcción donde las emociones influyen decisivamente en el modo en que los recuerdos se almacenan: cuanto mayor es el nivel de activación emocional, mayor será la posibilidad de que el suceso sea recordado. “Toda esta vida se desvanecería” opina la autora, consciente de su fugacidad, ya que salvo “el recuerdo de alguno de sus aguijonazos o de alguna de sus caricias”, el resto es una masa gris que vivimos como si no sucediera.

Texto profundo y poético donde además nos da una magistral lección sobre el oficio de escribir: escoger lo que te ha dolido o lo que has amado, rebuscar en las emociones, en aquello que nos cambia la mirada, para que todo gire alrededor y elaborarlo luego no sumando adornos superfluos, sino restando hasta llegar a la esencia, a esa palabra poética que contenga el todo.

Reyes García-Doncel

Voto emigrante

1 May

22 de marzo 2015 

Voto rogado lo llaman, un mecanismo inventado para que participemos los residentes en el extranjero. En realidad, para que no votemos, porque saben que la mayoría mandaríamos al PP y al PSOE a tomar por culo. A mí me han llegado las papeletas, pero a otra gente no. Marea Granate denuncia en su muro de Facebook fallos en la página web de Correos que no han permitido solicitar los votos, colapsos en las oficinas, papeletas retenidas en los aeropuertos…, todo por falta de personal. Una chica malagueña que trabaja en Chicago cuenta que le han llegado hoy, pero cuando ya había cerrado Correos. Lo ha mandado por mensajería: ha tenido que pagar para votar y ni siquiera sabe si será válido.

Son solo elecciones autonómicas, no sirven de mucho, pero debo implicarme si quiero que esto cambie.