FAUSTO

7 May

2 de marzo 2015

Estoy dibujando, peleando por encontrar los personajes, cuando siento unos ojos a mi espalda y un viento espeso y oscuro me envuelve. Imagino a Annia que, como siempre, me intimida con su mirada y suelto temerosa el lápiz; pero al volver la cabeza no es ella, sino Mefistófeles el que ha invadido mi cuarto, el que alarga su cuello ondulante, parecido al de un buitre, por encima de mi hombro para mirar los dibujos con unos ojos azules, casi blancos, donde las pupilas resaltan como botones negros. Es él, está junto a mí, alto, calvo, en la piel morena y suave de su torso desnudo se marcan brillantes los músculos perfectos. Parece un atleta. Las piernas largas que salen de unas caderas estrechas, están ceñidas dentro de unos pantalones de seda color rojo sangre. Entonces extiende sus enormes alas y, por unos momentos, solo puedo ver plumas negras, marrones y grises que me rodean. El aire se vuelve todavía más denso, me cuesta respirar pero no lucho, solo quiero dejarme abrazar por esas plumas suaves. Mefistófeles bate las alas y mis bocetos vuelan. Intento atraparlos, pero el fuerte viento me lanza contra el suelo mientras, en un último torbellino, él desaparece. Al levantar los ojos veo junto a la puerta de mi habitación la sombra de una niña.

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EL MATERIAL QUE NUTRE LA ESCRITURA

3 May

Me voy poniendo al día: a partir de ahora, todas las noches tengo que rescatar de los caóticos despojos del día un sabor, una sensación, una imagen. Toda esta vida se desvanecería, se evaporaría si no la pillara al vuelo, si no me aferrara a ella, mientras aún persiste el recuerdo de alguno de sus aguijonazos o de alguna de sus caricias (…) Tengo que recordar y recordar: de ese material se nutre la escritura, de los materiales recordados de la vida. Escoger un símbolo central, alrededor del cual gire todo lo demás, el cambio, como idea fundamental, y elaborarlo hasta conformar una totalidad esencial condensada.

Sylvia Plath

Me descubre Sylvia Plath en este bello texto algo que yo también suelo hacer cada noche: repasar los actos, recuperar las emociones, “un sabor, una sensación, una imagen” del día para construir memoria, porque parece que solo con vivir no es suficiente, nada se hilvana ni tiene sentido, y es necesario ese repaso a “los caóticos despojos del día” para que se enlacen y queden fijados.

Somos el instante, el ahora, pero también somos la memoria que fabricamos en nuestro hipocampo del cerebro, una construcción donde las emociones influyen decisivamente en el modo en que los recuerdos se almacenan: cuanto mayor es el nivel de activación emocional, mayor será la posibilidad de que el suceso sea recordado. “Toda esta vida se desvanecería” opina la autora, consciente de su fugacidad, ya que salvo “el recuerdo de alguno de sus aguijonazos o de alguna de sus caricias”, el resto es una masa gris que vivimos como si no sucediera.

Texto profundo y poético donde además nos da una magistral lección sobre el oficio de escribir: escoger lo que te ha dolido o lo que has amado, rebuscar en las emociones, en aquello que nos cambia la mirada, para que todo gire alrededor y elaborarlo luego no sumando adornos superfluos, sino restando hasta llegar a la esencia, a esa palabra poética que contenga el todo.

Reyes García-Doncel

Voto emigrante

1 May

22 de marzo 2015 

Voto rogado lo llaman, un mecanismo inventado para que participemos los residentes en el extranjero. En realidad, para que no votemos, porque saben que la mayoría mandaríamos al PP y al PSOE a tomar por culo. A mí me han llegado las papeletas, pero a otra gente no. Marea Granate denuncia en su muro de Facebook fallos en la página web de Correos que no han permitido solicitar los votos, colapsos en las oficinas, papeletas retenidas en los aeropuertos…, todo por falta de personal. Una chica malagueña que trabaja en Chicago cuenta que le han llegado hoy, pero cuando ya había cerrado Correos. Lo ha mandado por mensajería: ha tenido que pagar para votar y ni siquiera sabe si será válido.

Son solo elecciones autonómicas, no sirven de mucho, pero debo implicarme si quiero que esto cambie.

UNA MUJER ESTÉRIL

25 Abr

Lloré sin parar anoche y hoy sigo llorando. ¿Cómo puedo pretender que Ted siga unido a una mujer estéril? Estéril, infértil. Su último poema, el que le da título a su poemario, es una oración para hacer fértil a una mujer estéril: “Expulsada de la cadena de los vivos, el pasado muerto en ella, el futuro arrebatado… Creador del mundo… toca con su mano a la que está helada” (…) Dios mío, está es la única cosa del mundo que no puedo afrontar, es peor que una enfermedad horrible. Esther tiene esclerosis múltiple pero tiene hijos. Jan está loca, la violaron, pero tiene hijos. Carol no está casada, está enferma, pero tiene un hijo. En cambio yo, cuando llega la hora, la magnífica hora en que los hijos coronan y glorifican el amor, estoy aquí comiéndome las uñas. Sencillamente, no sé que hacer. Toda la alegría y la esperanza se han esfumado.

Sylvia Plath

No tener hijos sigue siendo una maldición bíblica que afecta hasta a las mujeres más sensibles y lúcidas. Una enfermedad degenerativa y mortal, haber sufrido una violación o estar loca, todo lo prefiere la autora a no ser madre, despropósito que quizás manifieste ya un punto de locura. Tampoco el dramático poema en forma de plegaria de su marido Ted Hughes ayuda mucho: “Expulsada de la cadena de los vivos…, la que está helada… “, como si la condición de mujer viniera determinada por su biología, y si no es madre no está completa. Volvemos al imperativo del determinismo biológico.

Sin embargo la maternidad no es solo una función reproductiva, también es una construcción social donde influye tanto la religión —el cristianismo, por cierto, ensalza a una madre virgen, fenómeno que en Biología se denomina partenogenésis—, como el ideario colectivo que ha elevado la maternidad a una experiencia romántica capaz de proporcionar satisfacción plena: “La magnífica hora en que los hijos coronan y glorifican el amor”, la define la autora. Existe una hoja de ruta no escrita, pero de obligado cumplimiento social, en la que a una determinada edad a la mujer le toca ser madre. Hay que tener la autoestima muy alta para no cumplirla, para defender que es una opción, no una obligación impuesta de fábrica. También parece admitido que no tener hijos se debe al egoísmo, pero en este mundo super poblado quizás lo egoísta sea reclamarlos como un derecho, acudiendo incluso a técnicas de gestación subrogada de dudosa legalidad.

La historia maternal de Sylvia Plath acabó bien, tuvo dos hijos, pero su visión romántica de la familia no se cumplió. Habría que recordar que: “todas las familias felices se parecen unas a otras, pera cada familia infeliz lo es a su manera”, como así fue su caso.

Reyes García-Doncel

COMO VIRGINIA WOOLF

12 Abr

Estaba empezando a preocuparme la posibilidad de convertirme alegremente en una mujer práctica y aburrida: en vez de leer a Locke, por ejemplo, o de escribir, me pongo a hacer una tarta de manzana (…) Y solo ahora he cogido el bendito diario de Virginia Woolf que, junto con varias novelas suyas, compré el sábado con Ted. Ella superó la depresión y las cartas de rechazo de Harper´s (…) limpiando la cocina y luego cocinando merluza y salchichas. Me encanta Woolf desde que leí La señora Dalloway (…) , pero en el verano negro de 1953 sentí que estaba replicando su suicidio. Solo que yo sería incapaz de meterme en un río y ahogarme. Supongo que siempre seré excesivamente vulnerable y algo paranoica. Pero también soy condenadamente sana y resistente, y tengo la sangre dulce como una manzana.

Sylvia Plath

La fascinación por nuestros escritores favoritos nos hace caer en la tentación de emular no solo su escritura sino también sus vidas, como si por una extraña ósmosis consiguiéramos alcanzar el nivel de su arte. Pero nadie se imagina a los grandes artistas, pongamos Virginia Woolf: “limpiando la cocina y luego cocinando merluza y salchichas”, lo prosaico no entra en nuestros planes de imitación. La autora confiesa que le preocupaba convertirse “alegremente en una mujer práctica y aburrida”, quizás porque las vidas desgarradas parecen ser más literarias que las felices.

Se ha comprobado que la creatividad y las enfermedades mentales —esquizofrenia y bipolaridad— comparten genes, aunque no sea necesario tener una depresión para ser un buen artista y a los factores genéticos siempre haya que añadir los ambientales. La máxima expresión de sufrimiento es el suicidio con ejemplos de grandes escritores, sobre todo poetas: desde Safo a Violeta Parra, Cesare Pavese, Stefan Zweig… que en cualquier caso hubieran ocupado el mismo extraordinario lugar en la historia, pero varias corrientes literarias —Romanticismo, Existencialismo…— han elogiado el suicidio, y a los suicidas se les sigue envolviendo con un aura de respeto por haber elegido la muerte como solución a la angustia de vivir.

Sylvia Plath consiguió finalmente parecerse a su adorada Virginia, y su “sangre dulce como una manzana” no terminó en una alegre tarta, como cuando engañaba con tareas domésticas el fantasma de la depresión, sino en el horno donde metió la cabeza una fría mañana de febrero de 1963.

Reyes García-Doncel

ARA, COMO EL RÍO

6 Abr

CHARO JIMÉNEZ

TRISKEL EDICIONES

Los conceptos abstractos, llenos de trascendencia y gravedad, no casan bien con las pequeñas realidades de la vida diaria, el llamado “bien común” es un buen ejemplo. En esta novela se narra el caso real de Jánovas, donde alegando un pretendido bien común varios pueblos del valle del río Ara, en la comarca de Sobrarde, Huesca, sufrieron la expropiación de tierras y viviendas, con el consiguiente desalojo, a cuenta de la antigua empresa Iberduero, proceso que se prolongó desde los años sesenta hasta los ochenta del pasado siglo: “Por el “bien común”, dicen, y el fantasma del pantano, que hasta ahora no era más que una amenaza velada, deambula un poco más visible entre sus orillas”.

Charo Jiménez realiza una encomiable labor de documentación, tanto de las costumbres y vida rural de la zona, como de las penalidades que sufrieron sus habitantes y los procesos administrativos y legales que tuvieron lugar. Para transformar los datos en novela y conseguir pulso narrativo, la autora centra la historia en la vida de dos familias, y la estructura en tres partes: Antes de ayer, donde se remonta a la niñez de los protagonistas —incluidos los sinsabores de la guerra civil y el exilio—, el conflicto cuando se publica la relación de afectados, y la posterior resistencia de sus habitantes; Ayer, parte en la que se narra el final del proceso; y finalmente Mañana, donde los nietos, personalizados en la figura de Carmen, recogen el testigo después de cuarenta y dos años de lucha: “A Carmen le corresponde cicatrizar las heridas, convencer en la batalla y recuperar lo que un día les arrebataron. Cerrar la historia del pantano”. La autora utiliza saltos temporales, incluso repite las mismas escenas con pequeñas variaciones en los diálogos, anticipando así el futuro, creando intriga y consiguiendo que el fantasma del pantano vaya creciendo conforme avanza la lectura, pero ancla perfectamente los hechos mediante fechas, datos históricos y también con personajes de la época como la Bella Dorita o José Antonio Labordeta. Me ha parecido muy destacable la capacidad para reflejar las vidas doméstica y agrícola, la descripción de pequeños actos, sobre todo de las mujeres, siendo capaz de imaginar y narrar las emociones que laten bajo los hechos históricos con una muy acertada utilización del vocabulario propio de esa zona rural: fanales, charradeta, pedreñas, derramau…

El hecho más catastrófico del proceso —que los protagonistas no quieren ni recordar porque lo vivieron como un trauma, casi más que cuando tuvieron que abandonar sus casas— es la liquidación de la escuela, que implica también del futuro para los niños en ese valle, de forma violenta y a manos de la empresa. El diario de la joven maestra es el recurso narrativo de esos terribles sucesos —imágenes que nos hacen preguntarnos como se pudo tolerar—, y también del abandono de sus propios sueños profesionales confirmando la alargada sombra del pantano. Otro momento que a mí me parece especialmente triste es la desmantelación de la iglesia: los frescos al aire, la campana y el pórtico van a otro pueblo…, lo que unido a romper acequias, talar frutales, bloquear el puente o matar animales, conforman un conjunto de agresiones diarias en un largo proceso lleno de subterfugios legales en el que una vez más, como en otros acosos personales o estatales, a las víctimas se las acaba convirtiendo en culpables de su desgracia: “Por ahí dicen que es vuestra la culpa (…) Otros murmuran a sus espaldas, los tachan de chiflados”.

Esta novela es un homenaje a la gente fuerte, personalizada en dos mujeres: María y Paca, símbolos de todo un pueblo que tuvo que luchar en dos guerras: la civil y la del pantano, y no dudan de cuál de ellas les rompió más sus vidas. María con la horrible sensación de no tener pasado ni futuro: “Ese poso de exilio en la mirada, ese incendio de recuerdos, ese vórtice destructor, esa pérdida de identidad, el asesinato de sus raíces más profundas arrancadas de cuajo”; y la lúcida Paca, que pone el dedo en la llaga: “¿Y todo para qué? Para nada, para nada”. Porque la cuestión profunda de esta novela es la lucha entre el progreso y la naturaleza, el dilema de si un posible desarrollo puede pasar por encima de las personas: “¿Cuánto vale una vida? ¿Qué precio por la tierra de los antepasados, la escuela, el agua del río …”, se preguntan los protagonistas, las mismas que le hizo el Jefe Seathle en su carta al entonces presidente de EEUU (1855) cuando finalmente accedió a vender sus tierras, y que se ha convertido en un alegato ecológico mundial: “Si no somos dueños de la frescura del aire ni del fulgor del las aguas, ¿cómo podría usted comprarlos?”, porque luchar contra la naturaleza es hacerlo contra la propia supervivencia e identidad del ser humano.

Pero esta lucha de Jánovas no ha sido en balde, hay un futuro, el mismo río Ara que por su caudal fue objeto de deseo para el bien común, ha sido merecedor de conservación por su riqueza ecológica. En medio, la historia de unas personas que lucharon por salvar su pueblo, mientras el pueblo las salvaba a ellas.

Reyes García-Doncel

Charo Jiménez nace en Sevilla en 1961. Es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y ha sido profesora durante más de veinte años. Por circunstancias ajenas a su voluntad, se ve obligada a abandonar las aulas y, tras un periodo de adaptación en el que, como decía Ortega y Gasset, tiene que esforzarse en salvar sus circunstancias para salvarse ella, escribe su primera novela “Trampantojo” (Triskel Ediciones, 2015) “Ara, como el río” es su segunda novela, una historia desgarradora y fascinante que se cruzó en su camino durante un viaje al Pirineo aragonés.

AMOR ROMÁNTICO

4 Abr

Una se fía de signos aislados que supuestamente permiten anticipar muchas cosas: le gusta el ballet, ergo debe de ser sensible y creativo; cita versos, ergo debe de ser mi alma gemela; lee a Joyce, ergo debe de ser un genio. Reconozcámoslo, corro el peligro de que mi hombre ideal sea un semidiós y como de esos no hay tantos a mano, a menudo tiendo a inventármelos inconscientemente. Y luego me refugio en el placer de la poesía y la literatura, donde el valor de la recompensa es tangible y patente.
En realidad, no consigo pensar de un modo profundo, de veras profundo. Sueño con un héroe romántico inexistente. Si al menos supiera lo que quiero podría intentar buscarlo. Quiero vivir una vida buena e intensa con un hombre fuerte y bueno. Sano, brillante y fuerte, así tiene que ser el hombre con quién quiero vivir.

Sylvia Plath

 

El deseo sexual, ese cóctel de hormonas que nos hace buscar pareja, existe pero frente al prosaico, y a la vez juicioso, consejo de nuestras abuelas: “Búscate un hombre que sea bueno y trabajador”, predomina el prototipo de amor romántico que, cambiando según las preferencias de cada cual, siempre se traduce en alguien que satisfaga todas las expectativas de felicidad —lo que es claramente imposible—, además de dar protección —lo que evidencia la debilidad de una de las partes—. Un semidios, lo define Sylvia Plath, pero con la particularidad de que una misma persona varía en virtudes y defectos para observadores distintos, porque cada uno le proyecta sus propios prejuicios y expectativas, como muy bien describe la autora.
Las señales externas son códigos de comunicación necesarios para elegir pareja, en el cortejo los animales usan plumas de colores, rugidos potentes, bailes… Los humanos tenemos también la palabra, y cuando aparezca la inevitable decepción del semidios elegido, nos quedará la buena literatura, la que no defrauda, pero a este anónimo consejo me remito: “Cuídate de los que saben escribir pues tiene el poder de enamorarte sin ni siquiera tocarte.”

Reyes García-Doncel