Violeta mara mara maravilla

13 Dic

FELICITAS REBAQUE

EDITORIAL LXL UP BOOK

Ha querido la casualidad —¿o esta no existe?— que estuviera leyendo “Mortal y rosa” de Francisco Umbral cuando llegó a mis manos la novela juvenil “Violeta mara mara maravilla” de mi amiga Felicitas Rebaque. En ambas obras se relata como un hijo les transforma la vida, como ven el mundo a través de esos ojos nuevos que les han cambiado los suyos. En el caso de Jacobo, protagonista de la novela que nos ocupa, desencadena una necesidad de saldar cuentas con el pasado, sobre todo con Violeta — “Me obligo a recordar. Me lo debo a mí, se lo debo a ella”—, cuya inocencia y ternura, que ahora ve reflejada en su hijo, le ayudó durante un episodio negro de su vida. Mediante el recurso narrativo de escribir en cursiva el presente de adulto con hijo, y en no cursiva el pasado, se nos va desvelando lo recuerdos de su adolescencia que dejó enterrados.

La autora ha escrito una novela— merecedora del segundo premio en el concurso juvenil Editorial LXL — de desarrollo, el de un adolescente que para curar su depresión e intento de suicidio, se traslada a vivir con unos amigos de sus padres a un pueblo costero del norte, lo que evidentemente se convierte en un viaje interior. Los problemas de Jacobo y de Violeta, una adolescente con Síndrome de Down que conoce allí, son similares: comprensión y aceptación del mundo de los adultos, definición de la personalidad, pérdida (de una u otra forma) de la figura materna; sin embargo Violeta en su simplicidad no se engaña, es consciente de su situación, pero la vive sin ansiedad y, sobre todo, sin culpar a sus padres o al resto del mundo, como hace él. Sus juicios sencillos y entrañables sobre la vida son capaces de romper la coraza mental y emocional de Jacobo que cada vez necesita más su amistad.

El ambiente del pueblo pesquero se refleja muy bien, con magníficas descripciones del mar —cuyo estado sirve de analogía con el de Jacobo: “El rugido del agua que subía desde el fondo del precipicio se confundía con el que emitía el dragón dentro de mi pecho”—, el faro, las artes de pesca, las casas con miradores y los personajes. “El aire huele a mar y a brea, a monte y a eucalipto: los olores de Caxaelecha”. Como en todos los libros de esta autora, la naturaleza está presente como un personaje más.

En este proceso de desarrollo actúan varios mentores, siendo la principal Violeta, frágil y desvalida pero a la vez fuerte, síndrome de Down pero a la vez sabia; es interesante resaltar que hay espacios benéficos, como el colmado, símbolo de lo antiguo, de los valores que permanecen: “Olía a especias, a jabón, a café. A bacalao, a sebo y a cabo de velas. Olía a rancio. (…) Olía a auténtico, a verdad”; y también se nos muestra el poder sanador de los olores: “De aromas se fueron impregnando mis días (…) olores cálidos que iban mitigando el frío que sentía por dentro”. 

La sencillez de la vida cotidiana en el pueblo, la reparación de una barca de pesca, las historias de sus habitantes — algunas muy duras relacionadas con la guerra y posguerra civil— le hacen al Jacobo adolescente relativizar su propia historia, distanciarse de sus padres y de su vida anterior, lo necesario para conseguir que ese dragón de ira que lo habita se apacigüe. Mientras tanto el Jacobo adulto se va enfrentando al chico de quince años que era, hasta llegar a hacer las paces con el pasado.

Todo provocado por el nacimiento de su hijo que le recuperó la imagen de aquella Violeta perdida en la memoria. Porque como dice Umbral: “Por mi hijo he visto más allá, más adentro y más lejos”.

Felicitas Rebaque de Lázaro nació en Tudela de Duero, Valladolid. Estudió Magisterio y Enfermería. Ha compaginado su trabajo de enfermería con la escritura. Inició su trayectoria literaria escribiendo para adultos, como “La libélula”, pero desde el 2011 que publica “El latido del agua” sus obras van dirigidas al público infantil y juvenil. Sus últimos títulos han sido dos libros de relatos pertenecientes a la serie “Nuevos Cuentos Castellanos Viejos”. Siempre ligada al mundo de la literatura, ha organizado diversos certámenes literarios con patrocinio de entidades públicas y privadas. “Violeta mara mara maravilla” ha conseguido el segunda ganadora del concurso juvenil de la editorial LXL

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¡Ah, los españoles!

6 Dic

¡Ah, los españoles! Esa gente sin definición posible. Claro que nuestra emigración no fue perfecta. El español no sabe qué hacer con la perfección, como no sea torear un toro. Le molesta ceñirse a normas. Cuando es insensato alcanza cimas prodigiosas, y cuando se arrepiente de su insensatez, está dispuesto a todas las penitencias. Estamos fabricados a fuerza de fracasos históricos, qué no sé si hicieron del español un ser heroico o testarudo. Pues bien, esa gente difícil aceptó su destino. Fueron pocos los que pasaron la frontera francesa. Fueron miles de millares los que se quedaron con su testaruda lealtad al pueblo donde habían nacido.”

María Teresa León

Escritas desde el exilio hace casi 80 años sus palabras siguen siendo -lamentablemente tras las elecciones en Andalucía- más vigentes más que nunca. “Estamos fabricados a fuerza de fracasos históricos”. Duelen, estas palabras duelen porque parecen constatar que no tenemos remedio. No gusta sentirnos geniales, no cumplir normas propias de gente aburrida y sin imaginación —aunque cualquiera que haya viajado por centroeuropa agradece el civismo de sus habitantes—, nosotros somos españoles, tierra del arte y el duende, capaces de escribir el poema más sublime o pintar el cuadro más luminoso… Y es cierto, pero también de contribuir a la mayor barbarie que destruya esas maravillas creadas. ¿Cuánto de Lorca hemos perdido por la brutal intolerancia?

Maria Teresa León dice: “somos capaces de hazañas heroicas”. Miedo me da hacia donde puede llevarnos esa heroicidad. Echo de menos un poco más de generosidad y renuncia, y un poco menos de cerrazón; más opiniones reflexionadas y menos consignas como dardos; más amplitud de miras y menos heroísmo, a menudo testicular u ovárico. Puede que seamos capaces de alcanzar cimas prodigiosas y enormes penitencias, pero a ambas las carga el diablo, y no sabemos en qué infierno pueden encerrarnos. Puede que sigamos aferrados con “testaruda lealtad al pueblo donde hemos nacido”, hay muchas patrias, cada partido político te vende la suya, patrias chicas y grandes, pero no creo que merezca la pena morir, o entregar la libertad, por ninguna de ellas.

Reyes García-Doncel

Últimas reflexiones sobre Maruja Mallo

2 Dic

Hoy no hablamos de lo que dijo Maruja Mallo, sino de lo que dijeron de ella.

Durante los años de la guerra y el exilio, Mallo se convertiría en un miembro de la generación del 27, la misma en cuyo recuerdo se obvia a las mujeres. Muy cercana a Dalí y a Lorca, Buñuel no la soportaba, entre otras cosas por su opción por el amor libre, lo que le llevó a decir sobre ella con desprecio: “¡Queda abierto el concurso de la menstruación!”

Maria D. Almeyda

 

Einstein, quizás la mente más inteligente del siglo XX, era un declarado
machista y maltratador como ha quedado recogido en las cartas a su esposa, también científica y colaboradora en su teoría de la relatividad, no sabemos a qué nivel. Parece que la genialidad no te libra de los prejuicios, ni de la estupidez.

Esa frase dicha por Buñuel es de sobra conocida, incluso cuando Maruja fue a visitarlo a su casa de México, el aragonés le reprendió con que: “las mujeres no deben decir palabrotas”. Es muy probable que a ella su opinión le importara poco habiendo ganado en 1926 una competición de blasfemias en el café San Millán de Madrid, en reñida lucha con Rafael Alberti, su entonces amante; y habiendo escandalizado a los feligreses de una iglesia de Arévalo, cuando siendo profesora de dibujo del instituto se coló en la misa montada en bicicleta, avanzó por el pasillo central, giró por el altar mayor, y soltando una de las manos saludó a todos como despedida de curso.

Maruja Mallo junto a las otras mujeres artistas de la generación del 27, las llamadas Sin Sombrero, tuvieron que luchar contra el machismo de la sociedad y también el de sus colegas surrealistas, que empuñaron la bandera de la liberación pero no para la mujer, a la que seguían viendo como a una musa, o un objeto sexual, un complemento sin capacidad de ser sujeto. Fueron una vanguardia que excluía a las mujeres.

Hasta hace pocos años Maruja Mallo no ha encontrado un sitio en la colección permanente del Reina Sofía de Madrid.

Reyes García-Doncel

La relación Mallo-Alberti

23 Nov

Fue tan próspera a nivel creativo, que durante el tiempo que duró nuestra relación sentimental, las trayectorias de ambos aparecen definitivamente imbricadas. Nos vimos por primera vez en el parque del Retiro a finales de mayo de 1925, el día que Federico García Lorca ofreció allí un recital poético con motivo de la inauguración de la I exposición de artistas ibéricos. Estábamos en El Retiro Dalí, Federico y yo, unos muchachos pasaron cerca y saludaron con el brazo y yo pregunté quiénes eran. Lorca contestó: “uno es un poeta muy bueno y otro es un poeta muy malo”. Eran Alberti e Hinojosa. De hecho, Alberti acababa de ganar el premio nacional de literatura por Marinero en tierra. Poco después de este encuentro tuvimos nuestras primeras citas en el Museo del Prado.

Maruja Mallo.

Me los imagino disfrutando del sol y de la deslumbrante poesía de Federico, todos jóvenes y artistas. El poeta gaditano que, con su mar a cuestas, llevaría aún pegada la sal a las plantas de los pies, dejaría al caminar estelas en el aire, triunfaba en la capital de una España ilusionada por cambiar la enseñanza, la justicia, la sociedad, la vida.

Me los imagino despreocupados, ajenos a lo que el futuro les depararía.

A Maruja y Rafael les unió su amor por el arte, tuvieron una relación enriquecedora y creativa, como sucede cuando a la plenitud de los cuerpos se le une la imaginación y la entrega. Pero fue “la artista” quien le abrió los ojos a nuevas realidades, como el surrealismo, a “el artista” que se alejó de su Marinero en Tierra para escribir auténticas transcripciones poéticas de los cuadros de Maruja, mientras ella le correspondía con figurines y decorados para sus obras teatrales.

Me los imagino en los bares, en los cafés de barrio, siempre con pocas pesetas en los bolsillos, en los cines con el piano acompañando a los geniales mudos Charles Chaplin o Buster Keaton.

Pero llegó el desamor y el abandono. Después la guerra, el exilio y el franquismo que arrasaron con todo. En cualquier caso, habitó el olvido.

Reyes García-Doncel

NOWHERE MAN

18 Nov

Isaac Páez

Ediciones En Huida

Nada hay más simbólico que un viaje para mostrar la transformación de un personaje, que puede deberse a muchos motivos, uno de ellos es la huida: “una única idea martilleándome el pensamiento: la huida” se dice el protagonista en su discurso mental a modo del Ulises de James Joyce, pero no con la misma finalidad que el Odiseo de Homero, ya que Fernando Bautista jamás pretende volver, sólo huir. Sin embargo el propio nombre de esta novela, finalista del Premio Nadal 2014, ya nos indica el resultado.

Isaac Paéz construye un personaje decididamente despreciable —no comparto la valoración que de él se hace en la pestaña del libro, no me parece entrañable aunque puede ser discutible que sea digno— que mira y utiliza a los otros desde sus necesidades materiales, sean estas de la condición que sean. Escritor fracasado antes de empezar a escribir, es leído y culto pero, contra lo que podríamos esperar los que confiamos en el poder de la educación, eso no es óbice para que también sea, y me reafirmo, un ser despreciable. Ejerce de chulo putas, de voyeur, de ladrón, es racista —con una jerarquía social de racismo añadida— y, por supuesto, machista aunque sea el sexo lo único que lo salve de su vacío existencial. Porque, se justifica: “nada hay tan prójimo al hombre como la maldad, aunque intente enmascararse a la maldad llamándola locura”, maldad que incluso se destila por los poros del cuerpo en forma de olor nauseabundo. Aunque esta alergia a la humanidad: “Valiente especie de mierda estamos hecha”, pueda entenderse, y de ahí la posible justificación que decía al principio, como una postura de dignidad frente a las exigencias del sistema capitalista, frente a las ciudades invivibles por el ruido y el hacinamiento, frente a la gente acomodada, aburguesada y gris: “Vanidosos y henchidos de decencia proletaria” que aspiran a vivir con una paga y llenos de deudas, como era él en su vida anterior. Añora el mundo salvaje donde el hombre —y en este caso el sustantivo no es genérico— pueda vivir según sus instintos, donde sobre todo pueda dormir: “Hubiera mandado al carajo la literatura de haber podido dormir bien”, y rechaza la civilización del viejo continente de cuyos placeres sin embargo disfruta. En su particular escala de valores adora a los perros, a los que muestra y elogia en varios momentos, incluso uno de ellos tiene un papel importante en la trama como espejo / observador de sí mismo.

La novela se estructura en diez capítulos. En el primero se nos describe la residencia que acoge al padre enfermo; en el segundo su matrimonio, su casa, su vida anterior; y a partir del tercero comienza el viaje por Europa de este anti Ulises: Austria, Alemania, Francia, en concreto París —lugar que si hubiera sido capaz de gestionar sus emociones e instintos, se podría haber convertido en el puerto definitivo donde arribar—; siendo los últimos capítulos los de su vuelta a España en un final circular. Narrado en primera persona, con un estilo aparentemente fácil —que no lo es ya que se adivina el gran trabajo de escritura que hay detrás—, no exento de humor, con expresiones zafias y latiguillos despreciativos muy en consonancia con la psicología del personaje: “Una muy pero que muy, tal vez la más muy que yo haya conocido en esta vida”, consigue introducirnos magistralmente en la mente discursiva y errática del protagonista.

Cualquier viaje significa volver a nosotros mismos, parece decirnos el autor: “huir es regresar”. Nuestro interior es el único lugar que existe, pero si eres un Nowhere man… No hay nada más dramático que no tener donde volver, ese lugar en el que las distancias son más cortas, las alturas más pequeñas, y el tiempo corre un poco más despacio, solo uno poco, lo justo para coger impulso y seguir viviendo. 

Reyes García-Doncel

 

Isaac Páez (Sevilla 1984) es licenciado en Historia y profesor de enseñanza secundaria. Ha publicado ocho poemarios entre los que destacan: “Contrato a tiempo perdido” (XV Premio de Poesía Universidad de Sevilla, 20018), “Harmon avenue” (Cartonera & Digital), “Hijos del euríbor” (Ediciones En Huida) y 1992 (VIII Premio de Poesía Antonio Gala). En 2014 “Las voces del frío” obtuvo el XXV Premio de Poesía de la Diputación de Álava Ernestina de Champourcín, poemario que fue finalista del Premio Euskadi de Literatura en castellano en 2015, y recientemente ha obtenido el XXXVI Premio Leonor de Poesía por el poemario “Fibra óptica”.  En el Ámbito de la narrativa resultó ganador del Certamen Andalucía Joven de Narrativa 2012 por la novela “Disparos al aire” (Berenice Editorial) mientras que “Nowhere man” fue finalista del la LXX edición del Premio Nadal de novela.

 

 

Describiendo el cuadro que imagina.

15 Nov

Nada extraño es ver en la verbena a los ángeles cabalgar sobre un cerdo o guiar los automóviles de los carruseles. Con frecuencia, cruzan precipitadamente las plaza del brazo de los soldados o corren perseguidos por los carabineros […] Al mismo tiempo que el demonio pasa espantado en un coche de punto, los sacerdotes torean en las barracas y giran en las norias […] Aparecen agigantados burlescamente reyes, nobles, burgueses, toreros, boxeadores y manolas. Todos estos personajes tienen presencia grotesca, realidad de fantoches… aun así, en contra de lo que dicen, yo no soy surrealista, solo describo la realidad”

Maruja Mallo

 

Los ángeles de Bartolomé Esteban Murillo no tienen el mismo aspecto que los de Maruja Mallo, los primeros son tiernos y aniñados, los otros van del brazo de soldados borrachos en una verbena. Porque para la pintora hay otra realidad por debajo de sus rizos rubios; como por debajo de sus capas de armiño los reyes son bufones, o de sus sotanas los curas son matarifes… La realidad tiene dos caras, o tres, o un caleidoscopio si uno es artista y enfoca la mirada desde el otro lado.

El hombre primitivo pintaba bisontes para conjurar la caza, hoy día a muchos pueblos indígenas no les gusta que les hagan fotos porque, según ellos, se les roba el alma. Nos parece una idea pueril y atrasada, ¿pero qué hay detrás de lo que vemos? ¿Es nuestro ojo, el humano, la única medida? Maruja Mallo pintora, mujer culta de la generación del 27, se defendía arguyendo que el surrealismo es la otra realidad, la que también existe aunque no lo capte un fogonazo de luz sobre la retina.

Quizás es que no sepamos aceptar esa visión de fantoches, puede ser tan insoportable que hasta Satanás se asuste y se quite de en medio en un coche de punto.

Reyes García-Doncel

 

Paseando con Concha Méndez

7 Nov

 

Casi siempre me reunía con Concha Méndez para ir al Museo del Prado. Nos paseábamos mientras mirábamos a todos aquellos personajes tan pintorescos que pasaban a nuestro lado. Salíamos del centro y nos íbamos a inspeccionar otros barrios. En todo Madrid estaba prohibido que las mujeres entraran en las tabernas; y nosotras, para protestar, nos pegábamos a los ventanales a mirar lo que pasaba dentro… Era una forma infantil de protestar, más bien no sabíamos lo que hacíamos. Solo cuando salí de Madrid supe lo provinciana que era esta ciudad que creíamos el centro del mundo.”

Maruja Mallo

 

Centro y periferia. Dos amigas, jóvenes y guapas, me las imagino cogidas del brazo, sonrientes, y por supuesto sin sombrero, saliendo a enfrentarse con la ciudad. En el centro, como es de esperar, se sitúa el canon establecido: museos, bancos y clases acomodadas; el espíritu de aventura les impulsa a investigar los barrios periféricos. Pero resulta que allí, ellas siguen siendo las afueras, las afueras de un mundo masculino que dictamina, según un código antiguo y ridículo, qué y quién es centro o periferia, y que ellas sólo pueden atisbar a través de los cristales, pegando sus narices con voluntad de permanencia, de gritar que existen. Pero el tiempo pasa, el mundo se hace más grande, y el Madrid que les fascinaba e irritaba a partes iguales, se convierte en una ciudad satélite de otras más avanzadas.

¿Cuándo se produce este cambio? Cuando la mente se expande hay un trasvase de prioridades y valores entre centro y periferia, hasta que uno se transforme en otra. Por lo tanto no es una cuestión espacial, es un cambio de nuestra brújula interna que cada cierto tiempo se reorienta hacia destinos desconocidos.

Reyes García-Doncel